
La relación de los jóvenes españoles con el dinero está cambiando. Coincidiendo con el Día Mundial del Ahorro, la Encuesta Funcas 2026 retrata a una generación que ya no entiende el ahorro solo como una hucha de emergencia, sino también como una puerta de entrada a la inversión. El dato que resume esa transición es revelador: apenas uno de cada diez jóvenes considera altos sus conocimientos financieros, pese a que cada vez más se acercan a fondos, bolsa o criptomonedas con naturalidad.
El estudio, elaborado por Funcas a partir de una muestra representativa de 700 internautas españoles de entre 16 y 35 años, apunta a una realidad ambivalente. Por un lado, crece el interés por hacer rentable el dinero. Por otro, esa inquietud no siempre va acompañada de una base sólida de educación financiera. La fotografía resulta especialmente oportuna en un momento en el que la inflación, el precio de la vivienda y la incertidumbre laboral condicionan las decisiones económicas de toda una generación.
Del ahorro clásico al deseo de rentabilizar el dinero
La principal novedad del informe está en ese cambio de mentalidad. Para una parte de los jóvenes, ahorrar ya no significa únicamente reservar una cantidad al final de mes, sino buscar fórmulas para que ese dinero produzca rendimiento. Esa evolución se aprecia en los hábitos recientes: entre quienes lograron ahorrar durante la primera mitad de 2026, una parte relevante destinó ya una porción de ese colchón a productos financieros, desde cuentas remuneradas hasta fondos de inversión.
La vivienda sigue siendo, aun así, el gran objetivo económico. Entre los jóvenes de 26 a 35 años, cerca de cuatro de cada diez sitúan la compra de una casa como su prioridad de ahorro. Ese dato ayuda a entender por qué la inversión gana atractivo: ante la dificultad de reunir una entrada inmobiliaria solo con ahorro tradicional, muchos exploran alternativas que permitan acelerar el crecimiento de su capital, aunque sea con cantidades pequeñas y con un perfil de riesgo desigual.
Según explica la investigadora Elisa Chuliá, de Funcas, el acceso a productos financieros se ha simplificado gracias a la tecnología y a plataformas que permiten empezar con importes reducidos. Ese contexto ha rebajado barreras de entrada y ha acercado la inversión a perfiles que hace unos años quedaban fuera de ese mercado. El problema, apunta el informe, es que esa democratización convive con una preparación irregular y con decisiones a veces guiadas más por el impulso que por una estrategia bien comprendida.
Una confianza muy baja en los conocimientos financieros
El contraste más llamativo de la encuesta es que el auge inversor no se traduce en seguridad intelectual. Entre los hombres jóvenes, solo el 13% califica sus conocimientos financieros como altos o muy altos, mientras que el 46% los considera bajos o muy bajos. Entre las mujeres, la distancia es aún mayor: apenas el 6% cree tener una formación elevada, frente a un 56% que admite un nivel bajo o muy bajo.
La advertencia de Funcas es clara. Si el interés por invertir crece más rápido que la comprensión de los riesgos, aumenta la posibilidad de asumir posiciones poco adecuadas, especialmente en productos con potencial de rentabilidad alta, pero también con fuerte volatilidad. Esa tensión entre curiosidad y conocimiento se ha convertido en una de las grandes cuestiones del debate económico juvenil: no basta con querer invertir; también hace falta entender qué se contrata, cómo funciona y qué pérdidas se pueden asumir.
El estudio sugiere, además, que la educación financiera sigue lejos de estar integrada de forma homogénea en la vida cotidiana. Algo menos de la mitad de los jóvenes afirma seguir sus productos financieros todos o casi todos los días o varias veces por semana, mientras alrededor de una quinta parte consume con esa frecuencia contenidos económicos o sigue a finfluencers. La exposición a mensajes sobre inversión aumenta, pero eso no equivale necesariamente a una formación estructurada ni a una comprensión profunda del mercado.
La brecha de género también se abre en el dinero
Uno de los ejes más nítidos de la encuesta es la diferencia entre hombres y mujeres en ahorro, inversión y percepción de competencia financiera. En los primeros seis meses de 2026, el 86% de los hombres jóvenes aseguró haber ahorrado, aunque fuera poco, frente al 73% de las mujeres. También en la cantidad media acumulada aparece una distancia notable: ellos ahorraron, de media, 1.540 euros, frente a los 990 euros de ellas.
La brecha se amplía cuando se observa qué ocurre con ese dinero una vez ahorrado. Entre quienes habían conseguido reservar algo en ese periodo, el 27% de los hombres dijo haber destinado ya todo o parte de ese importe a invertir, mientras que entre las mujeres la cifra bajó al 16%. El fenómeno se hace especialmente visible entre los más jóvenes, de 16 a 25 años, donde uno de cada cuatro hombres da ese paso, frente a apenas una de cada diez mujeres.
La tenencia de productos de inversión confirma esa disparidad. La mitad de los hombres encuestados, un 50%, tiene o ha tenido algún producto financiero de inversión, mientras que entre las mujeres esa proporción se queda en el 28%. En el tramo de 26 a 35 años, la diferencia alcanza su máximo: el 55% de ellos ha invertido alguna vez, 22 puntos más que ellas. Más que una anécdota estadística, el dato apunta a una desigualdad persistente en acceso, confianza y hábito financiero.
Fondos, bolsa y criptomonedas: qué eligen los jóvenes
Los productos más habituales entre quienes invierten son las cuentas remuneradas y los fondos de inversión, fórmulas que combinan una cierta accesibilidad con una imagen de menor complejidad. En el caso de los fondos, el 24% de los hombres afirma tener o haber tenido uno, frente al 12% de las mujeres. También los planes de pensiones, más tradicionales, muestran una diferencia apreciable: 12% de ellos frente a 6% de ellas.
La mayor distancia aparece en activos más expuestos al riesgo. Las criptomonedas han atraído al 23% de los hombres jóvenes, frente al 8% de las mujeres, y la bolsa también tiene más tirón entre ellos. El informe subraya que, entre los hombres de 16 a 25 años que han comprado criptoactivos, siete de cada diez invirtieron cantidades no superiores a 1.000 euros. Son importes modestos, pero reflejan una familiaridad creciente con productos de comportamiento muy volátil.
Esa convivencia entre pequeñas cantidades y productos arriesgados ayuda a dibujar el perfil de una inversión más cotidiana, menos asociada al patrimonio elevado y más vinculada al consumo digital. La percepción de que se puede entrar al mercado con poco dinero ha modificado hábitos y expectativas. También ha cambiado la conversación: hablar de fondos indexados, inflación o rentabilidad ya no pertenece solo al lenguaje de asesores y banqueros, sino al vocabulario compartido en redes, vídeos y pódcast.
El papel de los nuevos divulgadores financieros
Una parte de esa nueva conversación pasa por creadores de contenido especializados en economía y finanzas. Plataformas como YouTube, TikTok o Instagram se han convertido en uno de los primeros puntos de contacto con conceptos que antes llegaban a través de la banca tradicional o de la prensa económica. En ese ecosistema ha ganado visibilidad Artur Margalef, fundador y consejero delegado de Influentia, agencia centrada en el ámbito financiero y de inversión en España y Latinoamérica.
La compañía representa a más de 100 creadores vinculados a este universo, entre ellos perfiles conocidos como Pablo Gil, VisualEconomik, Spicy4Tuna, José Elías o Pedro Buerbaum. Según los datos facilitados por la propia empresa, cerró 2025 con una facturación de 5,6 millones de euros y prevé alcanzar los 7,5 millones en 2026. Sumando las audiencias de sus representados, el alcance mensual superaría los 500 millones de usuarios.
La relevancia de estos divulgadores no reside sólo en su tamaño, sino en su capacidad de fijar marcos mentales. Son quienes, para muchos jóvenes, ponen nombre por primera vez a ideas como fondos indexados, inflación, libertad financiera o interés compuesto. Ese papel puede resultar útil cuando ordena conceptos y despierta curiosidad, pero también obliga a distinguir entre divulgación y prescripción. La encuesta de Funcas deja entrever que el entusiasmo por invertir necesita hoy más criterio que estímulo.
Más seguimiento financiero, pero también apuestas online
El informe incorpora otro matiz relevante para entender el momento. Junto al aumento del interés inversor aparece una cierta normalización de conductas vinculadas al riesgo. Entre los jóvenes de 26 a 35 años, cerca de uno de cada cinco hombres, un 18%, y una de cada siete mujeres, un 15%, reconoce participar en apuestas online varias veces al mes. No es un dato menor cuando se analiza cómo se construye la relación con el dinero en edades tempranas.
También resulta significativo que menos de un tercio de quienes han invertido en bolsa haya priorizado empresas con criterios de sostenibilidad. El interés por la rentabilidad inmediata parece pesar más que la inversión con sesgo ambiental, social o de gobernanza. Y entre los hombres de 16 a 25 años, un 63% cree que invertir en productos financieros es, en general, una buena estrategia para personas jóvenes como ellos. La inversión ha dejado de percibirse como una práctica excepcional para convertirse en una aspiración generacional.