
La promesa de un viaje fluido, en el que el móvil resuelve pagos, reservas y desplazamientos, todavía choca con una realidad fragmentada. Un informe presentado por Alipay+, la plataforma de Ant International, junto a S&P Global, sostiene que el comercio internacional entra en una nueva fase: la de la inteligencia artificial, sí, pero también la de la exigencia de confianza e interoperabilidad.
El estudio, realizado entre 6.000 consumidores de nueve mercados de Asia, Europa y Estados Unidos, dibuja una escena reconocible para muchos viajeros. Las herramientas digitales ganan peso en casi todo el recorrido, desde la inspiración hasta la compra, mientras persisten fricciones muy básicas, como no saber si un comercio aceptará un método de pago o si una transacción se completará sin incidencias.
Los pagos móviles avanzan más rápido que la infraestructura
Uno de los datos más reveladores es que más de la mitad de los consumidores asegura encontrarse con obstáculos cuando paga fuera de su país. El 54 % dice no tener siempre acceso a su método de pago preferido y el 53 % menciona dudas sobre la aceptación en los comercios. En ese contexto, el efectivo sigue funcionando como red de seguridad: una de cada cuatro personas continúa llevándolo encima por si falla la opción digital.
La investigación apunta a que el problema ya no es solo tecnológico, sino también de experiencia. El pago móvil se consolida para gastos cotidianos en destino, como restauración, compras o entradas, y el 63 % afirma usarlo en la mayoría de sus transacciones cuando viaja. Aun así, las preferencias cambian según el mercado: en China, Malasia y Tailandia dominan los códigos QR, mientras que en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania pesan más los monederos vinculados a tarjeta y basados en NFC.
Esa falta de uniformidad se nota especialmente antes de salir de casa. Las reservas previas al viaje siguen dependiendo en gran medida de la tarjeta tradicional, sobre todo entre viajeros de Alemania y Estados Unidos, lo que subraya una convivencia todavía imperfecta entre sistemas heredados y nuevos entornos móviles.
El monedero digital ya no quiere ser solo un sistema de pago
El informe detecta además un cambio de fondo en las expectativas del usuario. Las aplicaciones de pago dejan de verse como una simple herramienta para abonar compras y empiezan a percibirse como una puerta de entrada a servicios más amplios: reservas, recompensas, transporte local, seguimiento del gasto o acceso a experiencias en destino.
Entre las funciones más demandadas aparecen las reservas en restaurantes, citadas por el 61 % de los encuestados; las reservas todo en uno, con un 58 %; y el acceso a atracciones, con un 57 %. También gana peso la gestión práctica del viaje, desde mejores tipos de cambio hasta reembolsos o control del presupuesto, señales de que el consumidor quiere menos aplicaciones dispersas y más ecosistemas integrados.
En paralelo, el gasto del viajero se desplaza hacia una lógica más local y frecuente. La gastronomía y las atracciones de proximidad encabezan el crecimiento del consumo en destino, con un 67 % y un 66 % respectivamente. Más de la mitad, además, asegura gastar más en tiendas y restaurantes locales que en centros comerciales o cadenas, un comportamiento que obliga a pequeños negocios y operadores turísticos a adaptarse a métodos de pago cada vez más diversos.
La IA ya inspira el viaje, pero todavía no cierra la compra sola
Si hay un terreno en el que el cambio es especialmente visible, ese es el de la planificación. El 81,3 % de los consumidores ya usa herramientas de IA para descubrir destinos y experiencias, lo que confirma hasta qué punto los asistentes conversacionales y las recomendaciones automatizadas entran en la fase más aspiracional del viaje.
Sin embargo, esa aceptación se enfría cuando la inteligencia artificial pasa de sugerir a ejecutar. Aunque el 73,2 % se muestra dispuesto a utilizarla para reservar hoteles o vuelos en los próximos doce meses, solo el 26 % expresa interés cuando se trata de decisiones más autónomas ligadas al pago. La diferencia es clave: el usuario valora la ayuda, pero sigue reservándose el control final en el momento más sensible de la transacción.
El freno principal vuelve a ser la confianza. El 43 % manifiesta preocupación por la privacidad y otro 43 % admite que prefiere organizar el viaje por su cuenta. A eso se suma un 32 % que sigue inclinándose por el consejo humano. La conclusión es nítida: la IA interesa, pero no de cualquier manera, y menos aún cuando implica ceder autonomía sobre dinero, datos o cambios de última hora.
Un mercado desigual según el país y el tipo de usuario
La disposición a adoptar estos sistemas no es homogénea. El estudio observa una mayor receptividad hacia experiencias integradas y asistentes de viaje con IA en mercados como China, Malasia y Tailandia. En cambio, países como Japón y Alemania priorizan la seguridad, la transparencia y la previsibilidad del proceso de pago, incluso por encima de la innovación.
Esa divergencia importa porque anticipa un mapa del comercio digital menos uniforme de lo que a menudo se da por hecho. Mientras algunas regiones avanzan hacia modelos de super app que concentran servicios, pagos y asistencia inteligente, otras mantienen una relación más prudente con la automatización. Para las plataformas globales, el reto no es solo escalar tecnología, sino adaptarse a distintas culturas de consumo y distintos niveles de tolerancia al riesgo.
La interoperabilidad se convierte en palabra clave
El diagnóstico de Alipay+ y S&P Global llega en un momento en que el sector financiero y el turístico buscan simplificar la experiencia transfronteriza. La interoperabilidad —que un mismo usuario pueda pagar, reservar o identificarse con normalidad en distintos mercados— deja de ser una cuestión técnica para convertirse en un factor competitivo. En un ecosistema donde conviven tarjetas, monederos, QR, NFC y soluciones nacionales, la facilidad de uso pesa tanto como el precio o la oferta.
Según explica Douglas Feagin, presidente de Ant International, la siguiente fase del comercio global no depende simplemente de que los pagos sean digitales, sino de que los ecosistemas sean inteligentes y compatibles entre sí. La tesis coincide con una tendencia más amplia en la industria: la carrera ya no consiste solo en digitalizar el pago, sino en integrar toda la cadena del viaje sin que el usuario perciba fricción.
En ese tablero, la conversación sobre la IA deja de ser futurista y se vuelve práctica. La cuestión no es si llegará a las reservas, los reembolsos o la atención en ruta, sino bajo qué condiciones lo hará y qué marcas consiguen transmitir suficiente seguridad como para que el usuario dé ese paso. Hoy, el informe sugiere que la tecnología está lista para avanzar más rápido que la confianza del consumidor.