En pleno barrio de Salesas, uno de los rincones gastronómicos con más personalidad de Madrid, encontramos Casa Salesas, un restaurante que apuesta por algo tan clásico como difícil de ejecutar: rendir homenaje al producto a través de la brasa. Ubicado en el número 6 de la calle Fernando VI, este espacio se ha convertido en uno de esos sitios donde la carne es la protagonista, pero donde todo lo que ocurre alrededor también importa.
Bajo la dirección del chef ejecutivo de Mabel Hospitality, Juan Antonio Medina, y con Miguel Ángel Aleixandre al frente del equipo de cocina, Casa Salesas plantea una cocina reconocible, elegante y centrada en la materia prima. Aquí no hay artificios innecesarios: hay buen producto, técnica y una parrilla que se convierte en el verdadero corazón de la experiencia.

La propuesta gira alrededor de cortes nacionales e internacionales cocinados con un carbón muy especial, elaborado a partir de una mezcla de encina y maderas como quebracho, marabú y alcornoque. El resultado es una brasa potente y equilibrada, capaz de respetar la personalidad de cada pieza y aportar ese aroma inconfundible que solo consigue una buena parrilla.
La carta incluye auténticos protagonistas para los amantes de la carne. Entre ellos destaca la Chuleta Selección, procedente de vacas lecheras Holstein de Holanda y Alemania con una maduración de 40 días, o la Chuleta Vaca Extra de raza frisona gallega, con hasta 60 días de maduración. También encontramos cortes tan contundentes como el T-Bone, el Cowboy Steak o el impresionante Tomahawk de vaca Simmenthal alemana, una de esas piezas que llegan a la mesa y ya anuncian que la experiencia va en serio.

Además, Casa Salesas trabaja con carnes argentinas premium de razas como Aberdeen Angus, Hereford y Wagyu, seleccionadas por su calidad, terneza y regularidad. Cortes como la Entraña, el Solomillo, el Ojo de Bife Don Luis o el Lomo Bajo Don Luis completan una propuesta pensada para quienes entienden que una buena carne empieza mucho antes de llegar a la parrilla.
Nosotros empezamos la experiencia con unas anchoas de Santoña, un producto sencillo pero donde se nota rápidamente la calidad cuando está bien tratado. También probamos la cecina de Wagyu, uno de esos platos que sorprenden desde el primer bocado: una auténtica maravilla por textura, intensidad y equilibrio.

Uno de los platos que más nos llamó la atención fueron las chalotas con tuétano, una combinación espectacular. El punto meloso del tuétano junto al sabor dulce y profundo de la chalota consigue un plato de esos que se quedan en la memoria. Sin duda, uno de los grandes aciertos de la carta.
Como era de esperar en una casa donde la brasa manda, la carne fue el momento clave. Probamos el Ojo de Bife, una pieza con una gran personalidad, jugosa y perfectamente ejecutada, donde la técnica de la parrilla deja que el producto hable por sí solo. También las mollejas, que estaban deliciosas, con ese equilibrio entre textura y sabor que convierte un producto tradicional en algo realmente especial.

Y para cerrar, no podía faltar uno de los postres más conocidos de Madrid: la famosa tarta de queso de TATEL, reconocida como una de las mejores de la capital. Cremosa, con el punto justo de intensidad y perfecta para terminar una comida donde la carne ha sido la gran protagonista.
Casa Salesas consigue algo que parece sencillo, pero no lo es: hacer de la brasa una experiencia completa. Un restaurante donde el producto manda, donde la técnica está al servicio del sabor y donde cada plato tiene un objetivo claro: disfrutar.