Pesquera de Duero, uno de los municipios ligados a la identidad vitivinícola de la Ribera del Duero, abre este verano una agenda cultural con vocación patrimonial. Bajo el nombre de Pesquera Viva, la iniciativa reúne tres citas entre junio, julio y septiembre con un objetivo que va más allá del ocio: financiar la recuperación del antiguo reloj mecánico de la torre de la iglesia del pueblo.

El proyecto está impulsado por Familia Fernández Rivera en torno a Tinto Pesquera, una de las bodegas más reconocibles de la denominación. La propuesta sitúa la cultura como herramienta de dinamización local y convierte varios espacios del municipio vallisoletano en escenario de teatro, música y encuentros en torno al vino.
Un verano cultural con calendario cerrado
La primera cita llegará el 20 de junio en el lagar de Tinto Pesquera, donde se representará La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, a cargo de la asociación teatral local Pesquedrama. La elección de este clásico en un espacio vinculado a la historia de la bodega refuerza el diálogo entre memoria rural, patrimonio y escena contemporánea.

El segundo encuentro se celebrará el 18 de julio en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, con la actuación de Artemandoline. El conjunto, especializado en repertorios históricos e instrumentos de época, llevará a Pesquera de Duero un programa que mira al pasado desde una sensibilidad musical muy precisa, en un enclave de especial valor patrimonial.
La programación se cerrará el 18 de septiembre con una jornada en formato tardeo y concierto en la propia bodega. El cartel incluirá a Sidecars, banda madrileña de rock, en una cita pensada para reunir a vecinos y visitantes alrededor de la música en vivo, la gastronomía y el vino.
Patrimonio, más allá del escenario
El componente solidario es el eje de Pesquera Viva. Según la organización, el importe íntegro de las entradas se destinará a la limpieza y recuperación del reloj mecánico de la torre de la iglesia de Pesquera de Duero, una pieza fechada entre 1906 y 1907 que forma parte de la memoria material del municipio.

Ese enfoque conecta con una tendencia cada vez más visible en el medio rural: utilizar la programación cultural como palanca para proteger bienes locales que, sin grandes presupuestos públicos, dependen a menudo de iniciativas mixtas entre comunidad, empresas y tejido asociativo. En este caso, el vino actúa como contexto y como motor económico, pero el centro del relato está en la conservación de un símbolo del pueblo.
La Ribera del Duero como telón de fondo
El ciclo se desarrolla en un municipio de la provincia de Valladolid, en Pesquera de Duero, donde el paisaje de viñedo forma parte de la vida cotidiana y de la imagen exterior de la comarca. Llevar propuestas culturales a espacios como el lagar de una bodega o la iglesia parroquial no solo amplía la oferta estival: también reinterpreta lugares conocidos por los vecinos desde un uso distinto y más abierto.

Para Familia Fernández Rivera, fundada en 1972 alrededor de Tinto Pesquera por Alejandro Fernández y Esperanza Rivera, la iniciativa refuerza además su vinculación con el territorio. El grupo mantiene hoy varias bodegas en distintas zonas vinícolas españolas, pero su origen en la Ribera del Duero sigue siendo la base simbólica de su relato y de buena parte de su actividad enoturística.
Las entradas se han fijado en 20 euros para la representación teatral, 20 euros para el concierto de julio y 50 euros para la cita de septiembre. Los aforos previstos van desde las 60 plazas del primer evento hasta entre 400 y 500 asistentes en la jornada de cierre, un formato que mide también la ambición creciente del proyecto.
