Siete de cada diez jóvenes no se cepillan los dientes de forma correcta. Ese es el dato que puso sobre la mesa la Dra. Nadia Sarmini, directora de Clínica Dental Bernabéu, al alertar sobre una rutina de higiene bucodental deficiente que ya está teniendo consecuencias tempranas en consulta: caries, inflamación de encías y desgaste del esmalte antes de los treinta.

La especialista situó el origen del problema menos en la dejadez que en la falta de aprendizaje. Muchos jóvenes, explicó, no habían interiorizado ni la técnica adecuada ni el tiempo necesario para una limpieza eficaz. En un contexto en el que la salud oral sigue muy vinculada a la estética, la prevención continúa siendo la gran asignatura pendiente.
El cepillado exprés sigue siendo el fallo más habitual
Uno de los errores más extendidos es la duración del cepillado. Según trasladó la Dra. Nadia Sarmini, buena parte de los pacientes jóvenes dedica entre 30 y 45 segundos a lavarse los dientes, muy por debajo de los dos minutos recomendados. La pauta básica pasa por cepillarse después de las comidas principales y no descuidar nunca la limpieza nocturna, cuando la boca permanece más horas sin ese arrastre natural de la saliva y la masticación.
La profesional también advirtió sobre una idea muy arraigada: pensar que apretar más equivale a limpiar mejor. Ocurre justo lo contrario. Un cepillado agresivo, especialmente si se hace con movimientos horizontales, puede favorecer la retracción de la encía, aumentar la sensibilidad y acelerar el desgaste dental. La técnica más segura, recordó, se basa en movimientos suaves y controlados, con una inclinación de 45 grados hacia la encía.
El cepillo eléctrico gana terreno en la consulta
Entre las recomendaciones que más se repiten en las clínicas dentales está el uso del cepillo eléctrico, sobre todo entre quienes no dominan bien la técnica manual. Sarmini defendió los modelos oscilantes porque ayudan a retirar más placa y porque incorporan funciones prácticas, como temporizadores por cuadrantes o sensores que avisan cuando se ejerce demasiada presión. Aun así, matizó que un cepillo manual también resulta válido si tiene cabezal pequeño y cerdas suaves.



La higiene interdental sigue siendo otro de los grandes olvidados. El cepillo, sea manual o eléctrico, no alcanza por sí solo toda la superficie del diente. Los espacios entre pieza y pieza requieren hilo dental o cepillos interdentales, una rutina que muchos jóvenes omiten pese a que es precisamente ahí donde suelen empezar algunas caries y los primeros signos de enfermedad periodontal.
La lengua y los productos que se eligen también importan
La lengua es otro punto ciego habitual en la rutina diaria. Su superficie acumula bacterias que pueden influir en el mal aliento y volver a depositarse sobre los dientes después del cepillado. Incluir su limpieza apenas lleva unos segundos, pero forma parte de una higiene completa. En paralelo, la odontóloga pidió mirar con más atención los ingredientes de pastas y colutorios: el flúor sigue siendo clave para proteger el esmalte, mientras que algunos productos blanqueadores muy abrasivos o enjuagues con alcohol pueden no ser adecuados para un uso continuado.
Ese gesto de leer etiquetas conecta con una tendencia más amplia en salud y belleza: el consumidor presta cada vez más atención a lo que usa a diario, pero no siempre cuenta con criterio clínico para interpretar lo que compra. En salud bucodental, esa diferencia importa. No todas las pastas sirven para las mismas necesidades, y problemas como la sensibilidad o el sangrado de encías requieren valoración profesional antes de convertir un producto de supermercado en solución permanente.
Ir al dentista solo cuando duele sigue siendo un error
Otro patrón frecuente entre los jóvenes es retrasar la visita al dentista hasta que aparece el dolor. El problema, recordó la directora de Clínica Dental Bernabéu, es que muchas patologías orales avanzan en silencio durante meses. Detectarlas pronto permite tratamientos menos invasivos y, en muchos casos, más sencillos. Cuando el dolor ya ha aparecido, el margen de maniobra suele ser menor.
En España, donde la conversación sobre bienestar ha incorporado desde hace años la nutrición, el descanso o la salud mental, la boca todavía no ocupa siempre el lugar que merece. Sin embargo, instituciones como el Ministerio de Sanidad recuerdan que una buena salud oral influye en la calidad de vida, en la alimentación y también en la detección precoz de otros problemas. La advertencia de la Dra. Nadia Sarmini encaja así en un debate de fondo: cuidar la sonrisa no es solo una cuestión estética, sino una rutina de salud que conviene aprender antes de que empiecen las consecuencias.