Barcelona aplaza y recupera el encuentro entre Maleducat y Hermanos Vinagre con una edición especial de Doble Ración

La cita gastronómica entre Maleducat y Hermanos Vinagre, prevista inicialmente para el mes pasado, ya tiene nueva fecha. El encuentro se celebrará finalmente el domingo 8 de noviembre en el restaurante barcelonés, después de que el episodio de mal tiempo que afectó a Barcelona obligara a aplazar una edición que había despertado expectación entre quienes […]

Plato colaborativo: Pollo de payés con salsa pepitoria y gambita cristal. MALEDUCAT

La cita gastronómica entre Maleducat y Hermanos Vinagre, prevista inicialmente para el mes pasado, ya tiene nueva fecha. El encuentro se celebrará finalmente el domingo 8 de noviembre en el restaurante barcelonés, después de que el episodio de mal tiempo que afectó a Barcelona obligara a aplazar una edición que había despertado expectación entre quienes siguen de cerca la escena culinaria más inquieta de la ciudad. La convocatoria recupera así uno de esos formatos breves que funcionan como termómetro del momento y como punto de encuentro entre cocinas con personalidad.

Detrás está Doble Ración, el ciclo impulsado por Casa Fiero a partir de una idea sencilla y muy fértil: poner a dialogar proyectos afines en torno al producto, el recetario y la memoria gastronómica. Lejos del menú colaborativo entendido como mero reclamo, la propuesta busca confrontar maneras de cocinar, referencias sentimentales y técnicas que nacen en territorios distintos. En esta ocasión, ese cruce adquiere además una lectura muy actual, porque conecta dos ciudades con discursos culinarios cada vez más atentos a la barra, al aperitivo y a la cocina popular revisada.

La edición de noviembre tendrá además un cambio de escenario. En lugar de celebrarse en su emplazamiento habitual, la cita se traslada a Maleducat, en el barrio de Sant Antoni, uno de los enclaves de Barcelona donde mejor se percibe la transformación reciente del comer informal con ambición. Esa mudanza no es menor en términos prácticos: sitúa el encuentro en un local que ha hecho de la cocina de raíz y del tono desenfadado una parte esencial de su identidad, y que encaja bien con el espíritu cambiante y casi efímero del formato.

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Ensaladilla “La Rusa”. Hermanos Vinagre
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La gilda más cara del mundo. Hermanos Vinagre

Hermanos Vinagre, por su parte, llegará desde Madrid con un universo muy reconocible, construido alrededor del bar castizo, las conservas y el aperitivo entendido como género propio. Su desembarco en Barcelona no se plantea como una exhibición aislada, sino como un intercambio entre dos casas que comparten una idea muy española del placer de mesa: comer bien sin rigidez, con recetas reconocibles, técnica afinada y un gusto evidente por aquello que la tradición ya había resuelto antes de convertirse en tendencia.

Dos ciudades, dos barras y un mismo lenguaje

Si algo hace interesante esta colaboración es precisamente el contraste. Maleducat mira al recetario catalán, a la temporalidad y a una cocina de producto que no renuncia a cierta irreverencia. Hermanos Vinagre trabaja desde otra iconografía: la caña bien tirada, el encurtido, el escabeche, la gilda, la ensaladilla y el bocadillo de calamares como emblemas cotidianos. Juntas, ambas miradas trazan una fotografía bastante precisa de por dónde respira hoy buena parte de la restauración urbana: menos solemnidad, más memoria y una puesta al día que no necesita disfrazarse de modernidad forzada.

En el caso de Maleducat, el proyecto nació en 2020 de la mano de los hermanos Marc e Ignasi García junto al cocinero Víctor Ródenas. Su cocina se ha ido consolidando en Sant Antoni con una fórmula que combina platos de temporada, guiños al recetario local y una presentación contemporánea sin perder el pulso de barrio. El precio medio, en torno a los 55 euros, lo sitúa en esa franja cada vez más disputada en la que el comensal busca cocina seria, ambiente relajado y una experiencia que pueda repetirse sin reservarla solo para ocasiones excepcionales.

Macarrones de rostit de tres carnes gratinados. MALEDUCAT

La historia de Hermanos Vinagre responde a otra lógica, aunque el punto de llegada se parezca. Sus locales se han convertido en referentes del aperitivo en Madrid, con presencia en barrios como Chueca, Chamberí o Lavapiés, y una expansión reciente que ya ha salido de la capital. Su fortaleza está en haber entendido que el bar de siempre no necesitaba ser sustituido, sino afinarse: mejor producto, una ejecución consistente y una identidad visual clara para reivindicar clásicos como los boquerones en vinagre, las bravas o la anchoa sobre tosta de mantequilla.

Una carta creada para un solo servicio

La jornada del 8 de noviembre, programada entre las 12.30 y las 17.00 horas, girará en torno a una carta diseñada específicamente para ese servicio. Por la parte madrileña llegarán platos que forman parte del imaginario de Hermanos Vinagre, como los mejillones en escabeche ahumado, los callos a la madrileña, los boquerones en vinagre al estilo de la casa, su conocida ensaladilla La Rusa, una gilda bautizada como “la más cara del mundo”, el bocadillo de calamares y una banderilla de cecina y queso.

La aportación de Maleducat se moverá en otro registro, más ligado al recetario catalán y al gusto por los platos de cuchara o de horno con memoria doméstica. En la propuesta figuran unos macarrones de rostit de tres carnes gratinados, un mar y montaña de albóndigas de jabalí con sepia, un recuit de Fonteta con almendra garrapiñada y miel y un cremoso de chocolate Valrhona 70% con aceite y sal. El conjunto dibuja una comida pensada para compartir códigos, pero también para evidenciar diferencias de origen, acento y textura.

Mar y montaña de albóndigas de jabalí con sepia. MALEDUCAT

Más allá del desfile de platos, la colaboración tiene un interés particular en la forma en que se mezclan dos tradiciones muy marcadas. El aperitivo madrileño y la cocina catalana de raíz no se funden aquí en una receta abstracta, sino en una convivencia tangible de barra y mesa, de bocado rápido y guiso largo, de conserva y gratinado. Esa lectura resulta especialmente sugerente en un momento en que muchas aperturas buscan legitimarse con conceptos novedosos, mientras el público parece volver a valorar una cocina capaz de emocionar desde referencias cercanas y técnicamente bien resueltas.

El plato que seguirá después del pop-up

Entre todas las elaboraciones, hay una que tendrá continuidad más allá de ese domingo. Se trata del pollo de payés con salsa pepitoria y gambita cristal, una creación concebida conjuntamente por ambos equipos que permanecerá en la carta de Maleducat hasta el 28 de noviembre. Ese gesto convierte la colaboración en algo más que un evento puntual: deja una huella en el menú y permite que el cruce entre ambas cocinas no se agote en un único servicio, algo poco habitual en este tipo de encuentros fugaces.

La elección de ese plato también dice bastante sobre el tono del proyecto. La pepitoria remite a una cocina española de fondo clásico, mientras que la gambita cristal introduce ligereza, textura y un punto más contemporáneo. El resultado, al menos sobre el papel, parece responder mejor al espíritu de Doble Ración que cualquier artificio de laboratorio: una receta reconocible, casi afectiva, trabajada desde dos sensibilidades distintas. En tiempos de cartas cada vez más breves y platos pensados para circular en redes, recuperar la lógica del guiso compartido tiene algo de declaración editorial.

El ciclo gastronómico nacido de la morriña del chef Víctor Ródenas reúne a cocinas y proyectos afines alrededor del producto, el recetario y la memoria gastronómica. MALEDUCAT

La jornada contará además con la presencia de Estrella Damm, cuya participación se integra en el servicio como acompañamiento natural de la propuesta. En un formato tan vinculado al aperitivo, la cerveza funciona casi como parte del paisaje culinario y social que se quiere activar durante el encuentro. Más allá del patrocinio, la referencia a la marca subraya también una conexión muy barcelonesa: la de una mesa en la que conviven recetarios de raíz popular, conversación larga y una cierta idea mediterránea del tiempo de ocio.

Barcelona y Madrid se miran desde la mesa

Esta edición de Doble Ración se lee también como un pequeño síntoma del momento que vive la gastronomía española. Frente a la obsesión por la novedad pura, ganan espacio las propuestas que revisan la tradición urbana con códigos actuales. Ahí encajan tanto Maleducat como Hermanos Vinagre, cada uno desde su ciudad: uno apoyado en la cocina de producto y el recetario catalán; el otro, en la liturgia madrileña del vermú, la conserva y la barra. La colaboración no borra esas diferencias, sino que las convierte en su principal atractivo.

Para Barcelona, además, la visita de un proyecto tan asociado a Madrid introduce un guiño interesante en una escena donde las colaboraciones interurbanas siguen funcionando como motor de curiosidad. No se trata solo de atraer al público habitual de ambos restaurantes, sino de activar esa clientela que sigue la restauración como quien sigue una agenda cultural. El pop-up, en ese sentido, opera casi como una función única: breve, situada en el calendario y marcada por la posibilidad de no repetirse exactamente igual, incluso aunque alguno de sus platos sobreviva unas semanas más.

Hermanos Vinagre se desplaza a Barcelona para compartir mesa y recetario con el equipo de Maleducat. Doble ración

La organización ha previsto acceso tanto para quienes reserven mesa como para quienes prefieran acercarse sin reserva, siempre sujeto a disponibilidad. Ese detalle refuerza el carácter abierto del encuentro y su afinidad con la cultura del bar, menos rígida que la del menú cerrado o la experiencia gastronómica cerrada de antemano. La dirección elegida, en Manso, 54, vuelve a situar el foco en un tramo de Sant Antoni donde conviven vecinos, curiosos y comensales que buscan restaurantes con identidad propia sin salir del tejido cotidiano del barrio.

También habrá una derivada fuera del plato: Maleducat y Hermanos Vinagre han diseñado una pequeña edición limitada de merchandising con camiseta y gorra, disponible durante el mes de noviembre en el restaurante. La iniciativa prolonga el encuentro en un terreno cada vez más presente en la hostelería contemporánea, donde la identidad visual y el sentido de comunidad se convierten en una extensión natural de la experiencia. En este caso, funciona sobre todo como un detalle de época: la colaboración entre cocinas ya no se limita al pase, también construye relato, estética y pertenencia.