
La película de animación La violinista añade un nuevo capítulo a su año histórico. La cinta dirigida por Ervin Han y Raúl García ha sido seleccionada para competir en la Sección Oficial de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, la Seminci, uno de los festivales más veteranos y prestigiosos del panorama cinematográfico español. La cita llega justo antes de su estreno comercial, previsto para el próximo 13 de noviembre en salas de toda España.
El desembarco en Valladolid confirma el recorrido meteórico de una producción que en los últimos meses se ha convertido en referencia obligada del cine de animación europeo. La 71ª edición de la Seminci ya ha anunciado quince títulos para su Sección Oficial y su sección Punto de Encuentro, y la incorporación de esta coproducción hispano-asiática refuerza el peso de la animación de autor dentro de un certamen tradicionalmente volcado en el cine de ficción y documental.
La primera Espiga que persigue tras triunfar en Annecy
El motivo de tanta expectación tiene nombre propio: ‘La violinista’ se convirtió este año en la primera película española en obtener el Premio Cristal al Mejor Largometraje en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, considerado el certamen más prestigioso del mundo dedicado a este género. Ningún filme español había logrado antes el máximo galardón de un festival que desde 1960 marca las tendencias de la animación mundial.
El palmarés de Annecy no se quedó en un único reconocimiento. La película también recibió el Premio SACEM a la Mejor Música Original, compuesta por Ricky Ho e Isabel Latorre, un galardón que subraya el peso narrativo de la partitura en una historia atravesada por la música desde su propio título. El doble triunfo en Francia catapultó a la cinta a la conversación internacional meses antes de que el público español pudiera verla en pantalla grande.

Una historia de amor, guerra y música entre Madrid y Singapur
La trama parte de un periodista español que investiga el origen de un viejo violín y termina destapando una historia de amor truncada por la guerra. La pesquisa le conduce hasta el Singapur de 1941, donde dos jóvenes violinistas, Kai y Fei, ven interrumpido su sueño artístico por la invasión japonesa de Malasia durante la Segunda Guerra Mundial, un telón de fondo histórico poco explorado en la animación de autor europea.
Kai se une a la resistencia y promete a Fei que volverá, pero desaparece sin dejar rastro. Durante las dos décadas siguientes, ella recorre los grandes escenarios del mundo convertida en una violinista reconocida, sin renunciar nunca a la esperanza de reencontrarse con él. Ese cruce entre memoria histórica, música y amor imposible es, precisamente, lo que el jurado de Annecy destacó al entregarle su máximo premio.
Ervin Han y Raúl García, dos miradas que se complementan
Detrás de la película hay una dirección compartida entre dos trayectorias muy distintas. El realizador singapurense Ervin Han aporta el conocimiento del contexto histórico y cultural asiático que sostiene buena parte del relato, mientras que el español Raúl García firma la dirección junto a él con la experiencia de más de tres décadas en la industria de la animación internacional.

García es, de hecho, una de las figuras más influyentes de la animación española contemporánea. Tras trabajar en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, se convirtió en el primer animador español en formar parte de Walt Disney Animation Studios, donde participó en títulos tan icónicos como La bella y la bestia, Aladdín, El rey león, El jorobado de Notre Dame, Hércules y Pocahontas, además de colaborar posteriormente con series como Los Simpson.
Una coproducción con vocación internacional
La violinista no es un proyecto exclusivamente español, sino una coproducción que suma esfuerzos de tres países. La compañía Robot Playground Media, con sede en Singapur, se une a la española TV ON Producciones y a la italiana Altri Occhi para dar forma a una película pensada desde el origen para circular por festivales y mercados internacionales, algo poco frecuente en la animación de autor a esta escala.
Esa vocación transnacional explica en parte el interés que ha generado en circuitos como Annecy, donde el jurado suele premiar propuestas capaces de trascender fronteras narrativas y culturales. La combinación de una historia bélica situada en el sudeste asiático, una dirección hispano-singapurense y una banda sonora con firma española e internacional convierte a la cinta en un caso singular dentro del panorama actual de la animación para adultos.
Wanda Visión pilota el estreno en España
La distribución en salas españolas corre a cargo de Wanda Visión, compañía fundada en 1992 por José María Morales que a lo largo de más de tres décadas ha acumulado nominaciones a los Óscar y premios en festivales como Cannes, además de una larga trayectoria como distribuidora de cine de autor en España. Su apuesta por La violinista confirma el interés de la industria por un título que llega respaldado por un palmarés poco habitual para una producción de animación europea.

El estreno del 13 de noviembre llega, además, en un momento en que la animación para público adulto gana cada vez más espacio en las carteleras españolas, tradicionalmente dominadas por el cine familiar de gran estudio. Historias como la de Kai y Fei, con un componente histórico y emocional marcado, abren una vía distinta dentro de un género que en los últimos años ha ido ampliando su público más allá de la infancia.
Cita en Valladolid antes de llegar a la cartelera
Antes de su desembarco comercial, el público podrá ver la película en la Seminci, donde competirá junto a otros títulos de la Sección Oficial en un festival que este año celebra su 71ª edición y que ha incluido entre sus novedades trabajos reconocidos en certámenes como la Berlinale. La presencia de una producción de animación premiada en Annecy añade diversidad a una selección históricamente centrada en el cine de imagen real.
Con la Seminci como antesala y el estreno en salas fijado para mediados de noviembre, La violinista se perfila como uno de los estrenos de animación más comentados del calendario español de cierre de año, con el aval de un premio que ninguna otra película con participación española había conseguido antes en la historia del Festival de Annecy.