‘Backrooms’ llega a Filmin el 25 de septiembre tras arrasar en taquilla

Backrooms ya tiene fecha para su estreno en Filmin: será el 25 de septiembre. La plataforma suma así a su catálogo uno de los títulos de terror más comentados del último curso, después de una trayectoria en salas que la sitúa como el mayor éxito comercial de A24. La llegada del filme al streaming no […]

«Backrooms», uno de los fenómenos cinematográficos del año, llegará a Filmin el 25 de septiembre. FILMIN

Backrooms ya tiene fecha para su estreno en Filmin: será el 25 de septiembre. La plataforma suma así a su catálogo uno de los títulos de terror más comentados del último curso, después de una trayectoria en salas que la sitúa como el mayor éxito comercial de A24.

La llegada del filme al streaming no pasa desapercibida. En España, la película supera el millón de espectadores, una cifra inusual para una propuesta nacida de un imaginario tan ligado a internet, y confirma hasta qué punto el terror sigue siendo uno de los géneros con mejor conexión entre la conversación digital y la taquilla.

De fenómeno de internet a película-evento

El universo de «Backrooms» ha acabado convirtiéndose en uno de los mayores fenómenos cinematográficos del año. FILMIN

Detrás del proyecto está Kane Parsons, que debuta en el largometraje con solo 21 años. Antes de llegar al cine comercial, el director construye el universo de Backrooms a partir de una serie de cortos en YouTube inspirados en el fenómeno creepypasta, un territorio donde la estética de lo inquietante y lo viral conviven con naturalidad.

Ese origen explica parte de su atractivo actual. En un momento en el que buena parte del cine de género busca nuevas mitologías, Backrooms convierte un relato nacido en la red en una experiencia de gran formato sin romper del todo con su identidad original. La operación también refuerza la posición de A24, productora que lleva años marcando el pulso del terror contemporáneo.

«Backrooms», el terror de los espacios liminales. FILMIN

Parsons ha defendido que la adaptación no pasa por rehacer el concepto desde cero, sino por ampliarlo. La película mantiene el tono de extrañeza que hizo popular la serie de vídeos y lo traslada a una historia ambientada en la California de 1990, donde un umbral oculto en el sótano de una tienda de muebles abre la puerta a un laberinto tan reconocible como imposible.

Un reparto que ancla la rareza

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El protagonista es Clark, personaje interpretado por Chiwetel Ejiofor, actor británico con una trayectoria sobradamente consolidada que aquí sirve de contrapeso a un universo deliberadamente desorientador. Junto a él aparece Renate Reinsve, otro nombre que conecta la película con un cine de autor cada vez más permeable al género.

La premisa es sencilla y eficaz: espacios cotidianos, luces fluorescentes, pasillos que parecen no terminar nunca y una amenaza que no siempre necesita mostrarse. Esa economía del miedo encaja con una sensibilidad muy presente en la cultura visual actual, donde lo perturbador surge menos del monstruo explícito que de la alteración de lugares familiares.

El miedo a los espacios liminales

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Uno de los conceptos clave alrededor de Backrooms es el de los espacios liminales, escenarios de tránsito que resultan reconocibles pero empiezan a fallar en algún punto: una oficina vacía, un pasillo interminable, una habitación demasiado silenciosa. Ese tipo de imágenes lleva años circulando por foros, redes y vídeos de internet, y la película las convierte en el centro de su propuesta narrativa.

Lejos de apoyarse por completo en el espectáculo digital, la producción levanta un decorado físico de más de 2.500 metros cuadrados. Esa decisión refuerza la sensación de presencia y desorientación, y conecta con una tradición del terror que sigue confiando en la materialidad del espacio para provocar inquietud.

«Backrooms» supone el debut en el largometraje del director Kane Parsons, de sólo 21 años. FILMIN

La llegada de Backrooms a Filmin también encaja con la identidad de una plataforma que ha hecho del cine de autor y del fantástico de prestigio una parte esencial de su catálogo. No es un movimiento menor: el título aterriza con el impulso de la taquilla, el eco de su fenómeno viral y el atractivo añadido de representar un tipo de terror muy pegado a la sensibilidad de esta década.

En ese cruce entre cultura de internet, cine de estudio independiente y consumo en plataformas está buena parte de la relevancia del estreno. Kane Parsons pasa de creador adolescente en la red a director de un éxito global, mientras Backrooms confirma que algunas de las historias más influyentes del presente ya no nacen necesariamente en Hollywood, sino en los márgenes digitales que después termina absorbiendo la industria.