Mad Cool Festival cerró en Madrid su décimo aniversario con una cifra que confirma su dimensión: más de 200.000 asistentes a lo largo de cuatro jornadas. La última noche, que reunió a 48.000 personas, concentró algunos de los nombres más esperados del cartel y dejó una imagen muy definida de esta edición: un festival volcado en los grandes directos y en la capacidad de la capital para sostener citas musicales de escala internacional.

La clausura estuvo marcada por un claro protagonismo del rock y de los sonidos más clásicos, con actuaciones de Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, David Byrne y The Black Crowes. No fue solo una sucesión de conciertos multitudinarios; también funcionó como retrato de un festival que, diez años después de su nacimiento, sigue apoyándose en artistas con peso escénico y repertorios capaces de conectar con varias generaciones.
Una despedida con grandes nombres
Nick Cave & The Bad Seeds firmaron uno de los momentos más comentados del cierre. El músico australiano sostuvo un concierto de fuerte intensidad emocional, con una puesta en escena sobria y una interpretación que llevó temas como O Children, Red Right Hand e Into My Arms hacia un terreno casi litúrgico. Su actuación confirmó por qué seguía siendo uno de los mayores reclamos de la noche.

También destacó el reencuentro entre Madrid y Pulp, tres décadas después de su primera gran conexión con el público español. Jarvis Cocker llevó al escenario una mezcla de ironía, elegancia y oficio que convirtió el concierto en algo más que un ejercicio de nostalgia. La banda británica avanzó entre pasajes bailables y momentos de mayor contención, con esa teatralidad que sigue haciendo reconocible su directo.
Si hubo una propuesta construida al detalle, esa fue la de David Byrne. El exlíder de Talking Heads articuló un espectáculo en el que música e imagen funcionaron como una misma narración. Cuando sonó Psycho Killer, la respuesta del público elevó uno de los picos de la jornada y recordó hasta qué punto su cancionero conserva intacta su capacidad de convocatoria.

En otro registro, The Black Crowes apostaron por un directo musculoso y sin desvíos, apoyado en riffs reconocibles y en la química entre Chris Robinson y Rich Robinson. Kasabian, por su parte, regresaron al festival tras su paso de años anteriores con una batería de himnos como Club Foot, Fire o Underdog, convertidos en combustible perfecto para una recta final de alta energía.
Del soul al techno en una jornada de contrastes
La programación de la última jornada también dejó espacio para otros acentos. Jalen Ngonda abrió el día con una mirada al soul de los sesenta y setenta, mientras Matt Berninger combinó material de su carrera en solitario con canciones asociadas a The National. En la parte electrónica, Nina Kraviz y Richie Hawtin llevaron el pulso del club a The Loop by Iberdrola, acompañados por nombres nacionales como AEREA y la madrileña Luxi Villar.

Los escenarios de formato medio también ayudaron a dibujar el carácter coral de esta edición. Bad Tomato y Break The Senses, bandas vinculadas a Mad Cool Talent by Vibra Mahou, activaron al público desde primeras horas, mientras por el resto del día pasaron artistas como Persia Holder, TTSSFU, The Reytons, Overpass y Supermodel*. El cierre en esas plataformas quedó en manos de Yulie y KSAL.
Madrid refuerza su papel en el circuito festivalero
La edición de 2026 reforzó el peso de Mad Cool dentro del calendario europeo de festivales y volvió a situar a Madrid en la conversación musical del verano. El evento, celebrado en el recinto Iberdrola Music de Villaverde, mantuvo su combinación de cartel internacional, afluencia masiva y vocación urbana, una fórmula que lo ha consolidado desde su arranque en 2016. Parte de ese recorrido puede consultarse en la entrada dedicada a Mad Cool.

Más allá de los escenarios, la organización destacó la continuidad del Punto de Apoyo, impulsado con la participación de Aspacia y de Fundación Eddy-G, un espacio pensado para atender e informar ante situaciones relacionadas con cualquier tipo de violencia. En paralelo, el festival mantuvo su línea solidaria con aportaciones destinadas al Hospital Universitario La Paz, en apoyo a la investigación en oncología infantil y al desarrollo de terapias avanzadas contra el cáncer pediátrico.
Con este cierre, Mad Cool Festival dejó atrás una edición especialmente simbólica por su aniversario y por la respuesta del público. La cita volvió a medir la temperatura cultural de Madrid en pleno verano y confirmó que el festival sigue funcionando como un gran escaparate de música en directo, pero también como un termómetro del papel que la ciudad quiere ocupar en el mapa europeo de los grandes eventos.


