El magacín Aquí la Tierra iniciará el 1 de julio una nueva etapa en La 1 después de cerrar la mejor temporada de su historia. El cambio no será solo organizativo: el formato pasará a realizarse por completo con medios propios de RTVE, un movimiento con peso dentro de la estrategia industrial de la corporación pública.

La decisión llega meses después del acuerdo alcanzado en febrero entre la presidencia de RTVE y los sindicatos para reforzar la producción interna. En ese contexto, Aquí la Tierra se convertirá en el primer magacín de TVE que se internaliza por completo, una medida que trasciende el programa y apunta al modelo con el que la casa quiere ordenar parte de su oferta diaria.
Al frente seguirá Jacob Petrus, rostro inseparable del espacio y una de las figuras más reconocibles de la divulgación meteorológica en la televisión generalista. La continuidad de su presentador refuerza la idea de que el formato no busca una ruptura estética ni editorial, sino una transición que mantenga la identidad que lo ha sostenido durante más de una década.
Un relevo interno sin cambiar la esencia
Entre las novedades de esta nueva fase figura la incorporación del meteorólogo Marc Santandreu a la edición dominical. Vinculado a RTVE desde 2020, ha formado parte del equipo de El Tiempo y también presentó Curiosity, dos espacios asociados al perfil divulgativo que la corporación ha intentado consolidar en los últimos años.
El ajuste también afectará al equipo de calle. A partir de julio, los reporteros de Aquí la Tierra serán en su totalidad profesionales de plantilla de RTVE, un detalle relevante en un programa que ha hecho de sus piezas exteriores una de sus señas de identidad. Esa red de colaboradores y reportajes ha sido clave para conectar ciencia, territorio, gastronomía, campo y clima en un lenguaje accesible para el gran público.
Doce años de estabilidad en una franja cambiante
Desde su estreno el 27 de mayo de 2014, Aquí la Tierra ha ocupado un lugar singular en las tardes de La 1. En una franja especialmente volátil para la televisión en abierto, el espacio ha conseguido mantenerse como una oferta familiar apoyada en la divulgación, la defensa del medio ambiente, las tradiciones culturales y la visibilidad del sector primario, sin renunciar al tono ligero que exige la televisión diaria.
Ese equilibrio entre servicio público y entretenimiento explica buena parte de su longevidad. Mientras otros formatos de tarde han ido girando hacia el debate bronco o el espectáculo de plató, el programa de TVE ha preservado una marca reconocible, más próxima al relato de proximidad y a la curiosidad cotidiana que a la competición por el ruido televisivo.

La trayectoria del formato también ha tenido respaldo crítico. A lo largo de estos años ha recibido premios como el Ondas, el Zapping o la Antena de Oro, un reconocimiento que ha acompañado al trabajo del equipo dirigido por Jacob Petrus, Víctor Otamendi y Nacho Mostazo. En un ecosistema cada vez más fragmentado entre lineal, plataformas y consumo a la carta, ese tipo de consenso no resulta habitual.
La audiencia acompaña el cambio
El relevo llega, además, en un momento dulce para sus datos. El programa cerró mayo con un 12,1% de cuota y una media de 1.030.000 espectadores, además de rozar los 1,9 millones de contactos. Según los datos difundidos por la corporación, supone 2,9 puntos más que en el mismo mes del año anterior, una subida especialmente significativa en la actual batalla por la atención de la tarde.
La franja no registraba para La 1 una cuota tan alta en mayo desde 2011, otro indicador del peso que ha ganado el espacio dentro de la cadena. También la edición dominical, estrenada en 2017, mostró fortaleza con un 8,9% de share, 823.000 espectadores y más de 2 millones de contactos, situándose como líder en su banda.
La nueva etapa de Aquí la Tierra se leerá también como una prueba para RTVE: comprobar si un formato ya consolidado puede reforzar su rendimiento al pasar a un esquema plenamente interno sin perder frescura ni vínculo con la audiencia. En un momento en que las cadenas generalistas intentan redefinir su identidad frente al empuje del streaming y del consumo fragmentado, la estabilidad de marcas reconocibles sigue siendo un valor difícil de sustituir.