El vigente campeón del mundo de Fórmula E ya ha rodado con el nuevo monoplaza que debutará a finales de 2026. El británico asegura que el GEN4 supone un avance radical respecto a la generación actual y cree que reforzará la credibilidad de la categoría entre pilotos y aficionados.

La Fórmula E se prepara para vivir una de las mayores revoluciones técnicas de su historia. Cuando todavía restan varias carreras para el final de la era GEN3, los equipos ya trabajan en el desarrollo de los nuevos monoplazas GEN4 que debutarán oficialmente la próxima temporada. Uno de los primeros pilotos en ponerse al volante del nuevo coche ha sido Oliver Rowland, vigente campeón del mundo y principal referencia deportiva de Nissan en el campeonato eléctrico.
Tras completar sus primeras jornadas de pruebas, el piloto británico no ocultó su entusiasmo ante un vehículo que, según sus propias palabras, representa un salto muy significativo respecto a todo lo visto hasta ahora en la categoría.
Las sensaciones iniciales apuntan a una Fórmula E más rápida, más tecnológica y con un comportamiento mucho más cercano al de los grandes monoplazas internacionales, aunque manteniendo parte de la identidad estratégica que ha convertido a la competición eléctrica en una de las más imprevisibles del panorama mundial.
Un coche mucho más rápido que el actual
La principal diferencia entre el actual GEN3 y el futuro GEN4 está en las prestaciones. La potencia de carrera aumenta desde los 300 kW actuales hasta los 450 kW, mientras que el popular Modo Ataque permitirá alcanzar picos de 600 kW. Traducido a cifras más familiares para el aficionado, la nueva generación superará ampliamente los 800 caballos de potencia en determinados momentos de carrera.
A ello se suma una de las novedades más esperadas: la llegada de la tracción total activa, una solución que incrementará notablemente la capacidad de aceleración y el agarre en curva.
Para Rowland, la diferencia es evidente desde los primeros metros. Según explicó el piloto británico, gran parte de la potencia adicional procede ahora del eje delantero, algo poco habitual en monoplazas de competición y que obliga a modificar la forma de pilotar respecto al coche actual. La consecuencia inmediata es una aceleración mucho más contundente y velocidades de paso por curva considerablemente superiores.
Más carga aerodinámica y un comportamiento más refinado
Otra de las áreas donde el GEN4 supone un avance importante es la aerodinámica. La Fórmula E nació con monoplazas relativamente sencillos desde el punto de vista aerodinámico, priorizando la eficiencia energética y la competición urbana. Sin embargo, el nuevo reglamento permite un incremento notable de la carga aerodinámica, lo que se traduce en más apoyo en curva y una conducción más precisa.
Rowland destacó especialmente este aspecto durante las pruebas. El británico aseguró que el nuevo coche transmite mucha más confianza al piloto gracias al aumento del agarre y a una plataforma más estable. También valoró positivamente las mejoras introducidas en el chasis, un apartado que históricamente había generado algunas críticas por parte de los pilotos debido a la dureza de los monoplazas actuales en circuitos urbanos.
La incorporación de nuevos elementos técnicos, como un diferencial más sofisticado o una gestión más avanzada de la tracción, amplía además las posibilidades de puesta a punto para los ingenieros.
Adaptarse a una nueva forma de conducir
Aunque los pilotos profesionales están acostumbrados a cambiar de coche y reglamento a lo largo de sus carreras, el salto entre el GEN3 y el GEN4 exigirá un importante proceso de adaptación. Uno de los elementos que más llamó la atención de Rowland fue la introducción de la dirección asistida, una tecnología poco habitual en su trayectoria deportiva reciente y que modifica la forma de percibir los límites del vehículo.

El piloto explicó que tuvo que aprender rápidamente a interpretar la información que le transmitía el volante y a adaptar su estilo para aprovechar al máximo las nuevas capacidades del coche. La combinación de mayor velocidad punta, más potencia y una aerodinámica mucho más eficiente obligará también a replantear algunas referencias habituales de frenada y trazada.
Sin embargo, Rowland aseguró que el proceso de adaptación fue más natural de lo esperado y que rápidamente comenzó a sentirse cómodo con el nuevo monoplaza.
¿Cambiarán las carreras tal y como las conocemos?
Más allá del rendimiento puro, una de las grandes incógnitas que rodean al GEN4 es cómo afectará al espectáculo. La Fórmula E ha construido buena parte de su éxito reciente sobre carreras extremadamente estratégicas, marcadas por la gestión energética, los adelantamientos constantes y los conocidos «pelotones» de coches rodando a escasa distancia unos de otros.
El aumento de prestaciones podría modificar parte de esa dinámica. Monoplazas más rápidos y con mayor carga aerodinámica suelen favorecer carreras más tradicionales, donde adelantar resulta más complicado y las diferencias entre pilotos aumentan.
Rowland considera que todavía es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas. El británico recuerda que muchos aspectos dependerán de la reglamentación deportiva y energética que acompañe al nuevo coche.
Si la categoría mantiene elementos como el ahorro energético y el Modo Ataque, cree que seguirá existiendo un elevado componente estratégico capaz de generar carreras impredecibles y atractivas para el público.
Nissan y la apuesta por la Fórmula E
La evolución hacia el GEN4 tiene una importancia especial para Nissan. La marca japonesa fue el primer fabricante de su país en entrar en la Fórmula E y también el primero en comprometerse oficialmente con la nueva era técnica que se extenderá hasta 2030.
Ese compromiso forma parte de la estrategia global de electrificación de la compañía, que utiliza la competición como laboratorio para desarrollar tecnologías aplicables posteriormente a los vehículos de calle.
No es casualidad que Nissan haya vinculado buena parte de su comunicación reciente al lanzamiento de la nueva generación del LEAF y a la expansión de su gama eléctrica. La transferencia tecnológica entre circuito y carretera se ha convertido en uno de los pilares de su estrategia de producto.
El futuro ya está en marcha
Aunque el debut oficial del GEN4 no llegará hasta las pruebas de pretemporada previstas para noviembre, las primeras valoraciones de los pilotos apuntan a que la Fórmula E está a punto de entrar en una nueva dimensión. Más potencia, más velocidad, más tecnología y un comportamiento más sofisticado son algunos de los ingredientes que marcarán la próxima etapa del campeonato.
Para Oliver Rowland, uno de los hombres que mejor conoce actualmente la categoría, el nuevo monoplaza representa exactamente lo que la Fórmula E necesita para seguir creciendo.
Si las expectativas se cumplen, la competición eléctrica no solo ofrecerá coches más espectaculares, sino que podría consolidarse definitivamente como una de las grandes referencias del automovilismo internacional en la próxima década.