La cabina del libro se consolida este año como uno de los formatos con más personalidad dentro de la Feria del Libro de Madrid. En su tercera edición, este espacio de entrevistas breves y cercanas vuelve a poner el foco en algo que a menudo queda fuera del circuito de firmas y presentaciones: la conversación pausada sobre cómo nace un libro y qué universo personal lo sostiene.

La iniciativa, impulsada por Iberia, se ha instalado de nuevo en el entorno de la feria con una vocación clara: tender puentes entre la literatura española e iberoamericana. En una cita que reúne cada primavera a miles de lectores en Madrid, el formato gana relevancia por su capacidad para convertir la actualidad editorial en diálogo y no solo en escaparate.
Una feria que abre espacio a otros ritmos
La 85.ª edición de la feria, que se celebra en el Parque de El Retiro, dedica este año una atención especial al humor, un eje que también atraviesa parte de las conversaciones programadas en la cabina. Esa mirada encaja con el espíritu de un encuentro que, más allá del calendario comercial, busca explorar formas distintas de acercarse a la lectura y a sus protagonistas.
La directora de la feria, Eva Orúe, ha subrayado precisamente ese valor experimental del evento: la posibilidad de probar formatos, ajustar tiempos y ofrecer al visitante una experiencia menos convencional. En ese marco, La cabina del libro funciona como una escala intermedia entre el acto multitudinario y la charla de largo aliento: un primer acercamiento a la voz del autor antes de entrar en sus páginas.
Autores de ambos lados del Atlántico
Hasta el próximo sábado, el espacio reúne a nombres procedentes de la narrativa, el ensayo, la ilustración y el humor gráfico. Por la cabina están pasando Salomé Esper, Daniel Saldaña París, Monstruo Espagueti, Irene Pujadas, Joaquín Reyes, Manu García del Moral, Miqui Otero, Raquel Peláez, Elaine Vilar y Laura Fernández.
La selección refuerza una de las señas de identidad del proyecto: mezclar acentos, registros y generaciones para que la conversación no dependa sólo de la novedad editorial. El interés está también en las lecturas de origen, en las influencias compartidas y en los mecanismos creativos que conectan tradiciones literarias separadas por el océano, pero cada vez más próximas en circulación y conversación pública.
Más allá de la promoción editorial
Uno de los rasgos que distinguen este formato es su voluntad de ir más allá de la promoción inmediata. Las entrevistas, abiertas al público, se plantean como un espacio ágil pero con margen para detenerse en el oficio, en las dudas y en los procesos que suelen quedar fuera de la conversación promocional más estándar.
Fran Valenzuela, que participa este año por primera vez como entrevistadora, ha puesto el acento en esa dimensión íntima del formato. Su planteamiento pasa por indagar en aquello que impulsa la escritura y, en esta edición marcada por el humor, también en los resortes de la risa: qué trabajo hay detrás, cuánto pesa la observación y de qué manera se construye una voz capaz de hacer reír sin perder profundidad.
Junto a ella interviene también Daniela Mercado, responsable de programación cultural de la feria, que regresa a un espacio en el que ya participó en su primera etapa. Su idea resume bien el trasfondo de esta propuesta: la literatura también migra. No sólo porque viajan los autores, sino porque circulan sus temas, sus referencias y sus formas de mirar, enriqueciendo el mapa de la literatura contemporánea en español.
Un formato que encaja con el presente de la feria
En un momento en que las grandes citas culturales buscan fórmulas más vivas y menos ceremoniales, La cabina del libro encuentra su hueco como dispositivo de actualidad dentro de la feria. No compite con las firmas ni con las presentaciones tradicionales: ofrece otra capa, más conversacional, para un público que quiere escuchar a los autores hablar no solo de lo que publican, sino de cómo piensan, leen y crean.
El espacio se integra además en Talento a bordo, el programa cultural asociado a Iberia, y convive con otras actividades del recinto. Esa suma amplía las posibilidades de encuentro entre profesionales del libro, escritores y visitantes en una edición en la que la Feria del Libro de Madrid vuelve a reivindicar su papel como gran termómetro cultural de la temporada en España.