La Feria del Libro de Madrid convierte este miércoles 10 de junio en una jornada de alta densidad cultural, con una programación que cruza humor, literatura, traducción, pensamiento crítico y actualidad periodística. El cartel del día reúne nombres populares como Joaquín Reyes junto a autores, periodistas y traductores que abordan cómo se narra el presente y por qué la risa sigue siendo una herramienta de lectura del mundo.

El programa se reparte entre varios espacios del recinto, pero encuentra uno de sus ejes en la Biblioteca Municipal Eugenio Trías, donde desde primera hora se puede visitar la exposición El libro como reflejo entre culturas. La muestra, impulsada por la Universidad de Alcalá y el Instituto Quevedo de las Artes del Humor, plantea el libro como territorio compartido y utiliza el humor gráfico para observar la lectura como lugar de encuentro entre tradiciones y sensibilidades distintas.
Un miércoles con el humor en el centro
A media tarde, Joaquín Reyes protagoniza una nueva sesión de La cabina del libro, dentro de la iniciativa Talento a bordo. Su presencia refuerza una de las constantes de esta edición de FLMadrid: la voluntad de acercar al gran público conversaciones literarias sin solemnidad y con voces que se mueven con naturalidad entre la cultura popular, el audiovisual y la escritura.
El humor también se analiza desde su lado más técnico en la charla sobre cómo se traduce en Europa. Mercedes Cebrián, Ana Flecha y Rafael Martín Calvo debaten sobre un asunto tan literario como político: qué ocurre cuando un chiste cruza una frontera, cambia de idioma o aterriza en un contexto cultural distinto. La sesión, organizada por la Comisión Europea, pone sobre la mesa una idea de fondo muy actual: no todo lo que hace gracia viaja igual, y esa fricción dice mucho de cada sociedad.
Poco después, el humor cambia de registro en la mesa sobre estereotipos y clichés, con Eva Soriano, Pantomima Full y Joaquín Reyes, moderados por La Prados. El encuentro parte de un material reconocible para cualquier espectador contemporáneo —la repetición de gestos, frases y personajes— y lo lee como síntoma de época. Que además esté disponible en streaming amplía su alcance y confirma la vocación de la feria de no limitarse al visitante presencial.
De los memes al antihéroe
La programación de la tarde también mira a internet como fábrica de nuevos códigos narrativos. En Del meme al libro: humor digital y literatura, Bernard Castany, Daniel Guillén y Margarita del Mazo examinan cómo la cultura de la red modifica la comedia, la relación con el público y la velocidad con la que hoy circulan las referencias compartidas. El debate conecta con una discusión muy presente en la industria cultural: qué parte del lenguaje digital acaba sedimentando en libros, columnas, guiones o fenómenos editoriales.
A la misma hora, el Pabellón Iberoamericano reúne a Andrés Barba, Miqui Otero y Elisa Victoria para hablar del auge del antihéroe. La conversación se fija en esos personajes llenos de fisuras que hace tiempo desplazan al héroe clásico en buena parte de la narrativa contemporánea. Más que una moda, el interés por estas figuras imperfectas apunta a una sensibilidad literaria que prefiere la contradicción, el tropiezo y la ambigüedad moral frente a los modelos cerrados.
Un clásico de culto y una conversación sobre poder
La noche reserva uno de los encuentros más reconocibles del día con el homenaje a La conjura de los necios. Enrique Murillo, Laura Fernández y Rodrigo Fresán revisitan la novela de John Kennedy Toole y la vigencia de Ignatius Reilly, un personaje que sigue funcionando como espejo grotesco de muchas obsesiones contemporáneas. Que la feria vuelva sobre este título confirma hasta qué punto ciertos clásicos dialogan mejor con el presente de lo que a veces se supone.
En paralelo, otra de las citas más ligadas a la actualidad llega con Contar el poder, una conversación entre Leila Guerriero, Carlos E. Cué y César Fagoaga, moderada por Máriam Martínez-Bascuñán. El debate entra de lleno en cuestiones como la polarización, la desinformación y la presión que hoy soportan periodistas y escritores cuando intentan fijar un relato de lo real. En un momento de disputa permanente por el sentido de los hechos, la mesa sitúa el periodismo y la literatura no como discursos ornamentales, sino como herramientas de interpretación pública.
Una agenda que mezcla conversación cultural y dimensión social
La jornada incorpora además un evento solidario centrado en la escritura creativa para personas con discapacidad intelectual, con participación de alumnado adulto de Envera y la intervención de Mónica Casas. En medio de una agenda dominada por mesas y conversaciones, esta actividad introduce una dimensión social concreta: la literatura no solo como objeto de análisis, sino también como práctica que fortalece identidad, autonomía y participación cultural.
Más allá de los actos principales, el día suma firmas de autores como Ignatius Farray, Karina Sainz Borgo, Javier Olivares, Alejandra G. Remón o la propia Elisa Victoria. Ese movimiento continuo entre escenarios, casetas y encuentros refuerza la imagen de una Feria del Libro de Madrid que este miércoles se lee especialmente bien en clave de presente: menos escaparate estático y más espacio de conversación sobre cómo nos reímos, cómo leemos y cómo contamos lo que pasa.
La combinación de nombres populares, autores de prestigio y temas en conversación con el momento cultural dibuja una agenda particularmente afinada para el lector de hoy. Madrid concentra así, en una sola tarde, debates sobre traducción, cultura digital, sátira, canon literario y relato político, con el humor como hilo conductor y con la sensación de que la feria quiere intervenir en la conversación pública tanto como celebrar los libros.