
El Festival de San Sebastián activa una nueva edición de las Becas José Ángel Herrero-Velarde con tres investigaciones que miran al pasado para explicar debates muy presentes en la cultura audiovisual: cómo se construyen las redes entre festivales, qué lugar ocupa la infancia en la historia de la programación cinematográfica y de qué manera un gran certamen influye en las políticas públicas del cine.
Impulsadas junto a Elías Querejeta Zine Eskola y vinculadas al archivo histórico Artxiboa, las ayudas distinguen este año los proyectos de Rubén Corral, Elsa Estrella Echevarría y Beatriz Navas. Los tres trabajos se centran en áreas distintas, pero comparten una misma idea: leer el festival no solo como escaparate de películas, sino también como espacio de poder cultural, memoria e intervención pública.
Un archivo que se lee como historia del cine
El objetivo de la convocatoria es impulsar artículos de investigación inéditos a partir de los fondos de Artxiboa, el archivo del certamen donostiarra. En un momento en el que los festivales se analizan cada vez más como agentes culturales y políticos, el valor de estos materiales va más allá de la conservación: permite reconstruir cómo cambian los discursos, las alianzas y los modelos de legitimación dentro del cine español e internacional.
La propuesta de Rubén Corral, investigador nacido en Sabiñánigo y residente en Bilbao, estudia las relaciones institucionales del Festival de San Sebastián con otros certámenes del Estado a lo largo del siglo XX. Su trabajo se detiene en vínculos con citas como Valladolid, Gijón o Sitges, no solo desde una perspectiva organizativa, sino como forma de observar negociaciones simbólicas, jerarquías culturales e identidades en disputa dentro del ecosistema festivalero.

El rastro pionero de Sonika-Bo en la programación infantil
La investigación de Elsa Estrella Echevarría se adentra en un terreno menos transitado: el cine experimental incluido en la programación infantil del festival entre 1958 y 1963. El foco recae sobre Sonika-Bo, figura clave en aquellas jornadas, cuya labor conecta el cine para niños con corrientes pedagógicas y estéticas mucho más audaces de lo que suele recordarse cuando se revisa ese periodo.
El estudio resulta especialmente relevante porque rescata la circulación de películas procedentes del bloque del Este y de autores que trabajaban con una narrativa apoyada en la fuerza visual más que en la palabra. En el contexto de la España franquista, ese tipo de programación abre una grieta singular: bajo el paraguas de lo infantil y lo educativo, se cuelan lenguajes menos sometidos al control ideológico estricto. Ahí, la aportación de Sonika-Bo adquiere un valor histórico que hoy dialoga con debates contemporáneos sobre mediación cultural y formación de públicos.

Del festival al diseño de las políticas públicas
El tercer proyecto, firmado por Beatriz Navas, analiza la aportación del certamen a las conversaciones sobre políticas cinematográficas del Estado. La investigación busca identificar debates, anuncios y movimientos institucionales surgidos en torno al festival y estudiar hasta qué punto esas dinámicas terminan influyendo en decisiones posteriores. La hipótesis de partida sitúa al festival como algo más que un evento de alfombra roja: un lugar de visibilización, negociación y legitimación cultural.
Ese enfoque encaja con una lectura cada vez más extendida de los grandes festivales internacionales, entendidos como puntos de encuentro donde coinciden industria, administraciones, creadores y discurso público. En el caso de San Sebastián, esa capacidad de mediación forma parte de su peso histórico dentro del cine español. La propia trayectoria del certamen, cuya información institucional puede consultarse en la web oficial del Festival de San Sebastián, muestra esa doble dimensión entre prestigio artístico e influencia sectorial.

Tabakalera como centro de trabajo y consulta
Las personas seleccionadas desarrollan su residencia de investigación entre el 13 y el 24 de julio en las dependencias de Artxiboa, ubicadas en Tabakalera. Allí cuentan con acceso a materiales del archivo histórico del festival, espacio de trabajo y consulta en la Filmoteca Vasca, además de participación en sesiones de cine, talleres y clases magistrales. La ayuda económica asciende a 3.000 euros, con viaje, alojamiento y dietas incluidos.
La sede de Tabakalera, que actúa desde hace años como uno de los grandes polos culturales de Donostia-San Sebastián, refuerza además el sentido de esta iniciativa: investigar el cine desde un entorno donde conviven archivo, exhibición, pensamiento y formación. La actividad del centro puede seguirse en Tabakalera, mientras que Filmoteca Vasca custodia y difunde una parte esencial del patrimonio audiovisual vasco.
Una línea de investigación ya consolidada
La cuarta edición de estas becas confirma una línea de trabajo que en los últimos años ha abordado cuestiones como la diplomacia cinematográfica del festival, la presencia del cine soviético, el Nuevo Cine Español, la animación o el papel de las jornadas educativas y científicas en la configuración del ecosistema de festivales. Esa continuidad convierte las becas en algo más que una convocatoria académica: consolidan un relato crítico sobre cómo se escribe la historia del cine desde los archivos.
En plena conversación sobre memoria cultural, conservación audiovisual y revisión de los relatos oficiales, el movimiento de San Sebastián resulta especialmente significativo. Frente a una industria que a menudo vive atrapada en la urgencia del estreno y la novedad, el festival apuesta por estudiar su propio pasado para entender mejor su lugar en el presente.