Hugh Jackman se pone al frente de La muerte de Robin Hood, una de las próximas apuestas de A24 que en España distribuye DeAPlaneta y que tiene fijado su estreno exclusivo en salas para el 3 de julio. La película recupera una figura mítica del imaginario popular, pero se aleja del héroe aventurero de otras versiones para explorar su desgaste moral y físico en la recta final de su vida.

La nueva lectura del personaje llega en un momento en el que Hollywood insiste en revisar sus leyendas desde ángulos más oscuros y contemporáneos. En este caso, La muerte de Robin Hood apuesta por una historia de violencia, culpa y posible redención, con un tono más cercano al drama sombrío que a la clásica aventura medieval.
Un Robin Hood crepuscular
Según la sinopsis difundida por la distribuidora, Robin Hood intenta convivir con los demonios acumulados tras una larga vida de crímenes y asesinatos. Herido de gravedad después de una batalla sangrienta, acaba en un castillo misterioso, donde una mujer le ofrece una última oportunidad para replantear su destino. La premisa sitúa al personaje en un terreno más íntimo, atravesado por el arrepentimiento y las consecuencias de la violencia.

Ese enfoque conecta con las declaraciones de Jackman, que presenta la película como un retrato profundamente humano del forajido. El actor subraya que el filme pone el foco en la huella que deja la violencia sobre todos los implicados y en la posibilidad —o no— de redención. Es una idea que encaja con la tendencia reciente del cine de prestigio a desmontar mitos populares para convertirlos en personajes vulnerables y contradictorios.
Michael Sarnoski afianza su perfil de autor
Detrás de la cámara está Michael Sarnoski, cineasta que se ha consolidado como una de las voces más observadas del cine estadounidense reciente. Tras firmar Pig y dar el salto a una producción de mayor escala con Un lugar tranquilo: Día 1, el director vuelve ahora a un terreno más seco y emocional, muy ligado al estudio de personajes heridos.
La vinculación con A24 también define el lugar que ocupa la película dentro del mapa actual del cine internacional. El estudio, convertido en una marca cultural por su capacidad para combinar prestigio crítico, identidad visual y conversación pública, suma así otro título a su catálogo de producciones de autor con ambición comercial.

Un reparto que refuerza el tono del proyecto
Junto a Hugh Jackman, el reparto reúne a Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe y Faith Delaney. La presencia de Comer, una de las intérpretes británicas más sólidas de su generación tras el impacto de Killing Eve y su consolidación en cine y teatro, refuerza el perfil dramático de una producción que busca más densidad que espectáculo.
En el caso de Jackman, el proyecto amplía una etapa de su carrera marcada por personajes de mayor desgaste emocional. Después de haber convertido a Logan en una referencia dentro del cine de superhéroes por su tono elegíaco, el actor vuelve a un registro crepuscular que encaja con su madurez interpretativa y con una imagen pública cada vez más asociada a papeles complejos.
Del mito popular al cine de prestigio
La película se inspira en la balada sobre la muerte de Robin Hood, un texto de raíz tradicional que sirve aquí como punto de partida para una revisión menos romántica del personaje. Frente a las adaptaciones más ligeras o familiares que han marcado su presencia en pantalla durante décadas, esta versión parece mirar más al final del mito que a su construcción heroica.
Esa elección no es menor. En plena era del reboot y la reutilización de iconos reconocibles, La muerte de Robin Hood intenta distinguirse con una aproximación de autor y con un reparto de alto perfil. El resultado apunta a una película que busca tanto al espectador atraído por el gran nombre de Jackman como al público que sigue de cerca cada nuevo movimiento de A24 y del cine de género con ambición artística.
