Florentine: la trattoria italiana que convierte Serrano en una noche de Milán

En Madrid no dejan de abrir restaurantes italianos, pero muy pocos consiguen algo más difícil que servir buena pasta o una pizza correcta: construir una atmósfera reconocible desde el primer minuto. Florentine, el nuevo proyecto de Urban Italian Group en la séptima planta de WOW Concept, entiende precisamente eso. Que un italiano no va solo […]

En Madrid no dejan de abrir restaurantes italianos, pero muy pocos consiguen algo más difícil que servir buena pasta o una pizza correcta: construir una atmósfera reconocible desde el primer minuto. Florentine, el nuevo proyecto de Urban Italian Group en la séptima planta de WOW Concept, entiende precisamente eso. Que un italiano no va solo de cocina, sino de ritmo, de luz, de conversación elevada y de esa sensación de que la noche todavía no ha terminado aunque ya hayas pedido el último plato.

Después de consolidarse como una de las aperturas más comentadas en Marbella, Florentine llega al barrio de Salamanca con una propuesta que mezcla trattoria contemporánea, rooftop urbano y una estética muy inspirada en la Italia sofisticada de los años 70. Lo hace además desde un espacio amplio, con capacidad para 220 personas y dos terrazas que aspiran a convertirse en uno de esos lugares que Madrid incorpora rápidamente a su rotación habitual de cenas largas.

Florentine

Al subir a la séptima planta de WOW, lo primero que se percibe no es la terraza, sino la energía del conjunto. Hay movimiento continuo alrededor de la barra central, fuego visible desde la cocina abierta y un flujo constante de platos que llegan y salen sin interrupción. El restaurante está pensado para tener vida propia, incluso antes de sentarse a la mesa.

El interiorismo juega con una mezcla bien medida entre elegancia y teatralidad contenida: tonos cálidos, madera oscura, mármol, latón y espejos que amplifican la sensación de espacio. No hay artificio excesivo, sino una voluntad clara de construir un entorno con carácter sin romper la naturalidad de la experiencia.

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La terraza refuerza esa idea. Funciona tanto de día como de noche y consigue algo difícil en Madrid: desconectar del ritmo de Serrano a pesar de estar encima de él. Toldos, vegetación ligera, música suave y vistas abiertas crean una sensación de aislamiento urbano muy calculada.

La cocina mantiene ese mismo equilibrio entre técnica y disfrute directo. No hay voluntad de complicar la lectura del plato, sino de reinterpretar recetas italianas con producto y ejecución contemporánea. Aquí todo está pensado para pedir, compartir y alargar la experiencia sin necesidad de decodificar nada.

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Entre los entrantes destaca el Carpaccio de Trufa, con lomo alto, trufa laminada y aliño de trufa, que funciona por intensidad aromática más que por complejidad. La Burrata Pugliese con caponata siciliana, piñones y carasau crujiente aporta contraste entre cremosidad y textura, mientras que el Tuna Tartare con atún de almadraba, mousse de aguacate y vinagreta de jengibre se mueve en un registro más fresco y preciso.

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En los principales, la Holy Carbonara sigue siendo uno de los platos más reconocibles de la casa: servida en rueda de pecorino, con guanciale crujiente y yema de huevo, mantiene ese punto teatral sin perder contundencia. El Big Boy Manzo, con spaghetti, ternera gallega y crema de porcini, resume bien la idea de cocina italiana reinterpretada sin ruptura. También destacan las pizzas de fermentación lenta, especialmente la Spicy ‘Nduja, donde el picante se equilibra con la suavidad láctica de la stracciatella.

Los postres siguen la línea de sencillez efectiva, con elaboraciones clásicas bien resueltas que refuerzan la idea de continuidad gastronómica sin sobresaltos. Nos encantó El Lavamisú, una reinvención del clásico muy conseguida.

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En la parte líquida, el Florentine Spritz y el Negroni terminado en mesa consolidan el carácter social del espacio. No son solo acompañamientos, sino parte activa de la puesta en escena del restaurante.

Quizá la clave de Florentine esté en su capacidad para combinar ambición estética y uso cotidiano. Madrid vive un momento de apertura constante de restaurantes conceptuales, pero no todos logran sostener la experiencia más allá del impacto inicial. Aquí, en cambio, hay una sensación clara de continuidad: un lugar pensado tanto para una primera visita como para volver sin necesidad de ocasión especial.

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Urban Italian Group parece haber entendido que el mercado madrileño no necesita otro italiano genérico, sino espacios con identidad propia y capacidad de permanencia. Florentine se sitúa justo en ese punto intermedio entre restaurante aspiracional y trattoria urbana funcional.

Y probablemente esa sea su mayor fortaleza: detrás de la puesta en escena, la altura y la estética cuidada, sigue habiendo algo esencial. Un restaurante italiano que funciona.