La Siberia extremeña busca recuperar tres turberas clave con un proyecto de restauración ecológica

La Reserva de la Biosfera de La Siberia, en la provincia de Badajoz, ha puesto en marcha un proyecto de restauración en tres turberas de alto valor ambiental: Umbría del Madroñal, Sotogordo y el Trampal de Las Navas. La iniciativa nace de un acuerdo entre Nestlé Waters, la Universidad de Extremadura y CEDER La Siberia, […]

La Reserva de la Biosfera de La Siberia, en la provincia de Badajoz, ha puesto en marcha un proyecto de restauración en tres turberas de alto valor ambiental: Umbría del Madroñal, Sotogordo y el Trampal de Las Navas. La iniciativa nace de un acuerdo entre Nestlé Waters, la Universidad de Extremadura y CEDER La Siberia, con el foco puesto en la conservación de unos humedales especialmente frágiles del suroeste peninsular.

Nestlé Waters, la Universidad de Extremadura y CEDER La Siberia impulsan la restauración ecológica de turberas clave en la Reserva de la Biosfera de la Siberia. ©Nestlé

Las turberas son ecosistemas poco frecuentes en el ámbito mediterráneo, pero esenciales para el equilibrio hídrico y climático. Retienen agua, regulan el ciclo hidrológico y almacenan carbono, de ahí que su degradación tenga un impacto que va más allá del paisaje. En Extremadura, además, se trata de enclaves escasos y vulnerables, sometidos a procesos de regresión que preocupan desde hace años a la comunidad científica.

El proyecto se desarrolla en el término municipal de Herrera del Duque, dentro de un entorno reconocido por la UNESCO como Reserva de la Biosfera. Allí, los tres enclaves comparten problemas similares: descenso del nivel freático, deterioro del suelo y retroceso de especies vegetales características. La actuación plantea una intervención integral para recuperar la funcionalidad ecológica de estos humedales y mejorar su capacidad de regeneración natural.

Entre las medidas previstas figuran trabajos de restauración ecológica, mejora hidrológica, gestión de la vegetación y control de la presión de herbívoros, uno de los factores que dificultan la recuperación de la cubierta vegetal. El objetivo es estabilizar el régimen de agua, favorecer el retorno de especies clave y reducir el deterioro de unos hábitats que cumplen una función ambiental estratégica en una región especialmente expuesta a la sequía.

La base científica del proyecto procede de la investigación desarrollada en los dos últimos años por el grupo BIOLRETACO de la Universidad de Extremadura, dentro del Plan Complementario para la Biodiversidad. Según explicó su coordinador, Tomás Rodríguez Riaño, este trabajo ha permitido realizar el estudio más completo hasta la fecha sobre las turberas extremeñas y confirmar su papel como hábitats decisivos para la biodiversidad mediterránea, aunque en clara regresión.

Junto a la restauración ambiental, el acuerdo incorpora una vertiente social y educativa. Está prevista la instalación de infraestructuras ligeras de interpretación para facilitar visitas y actividades con escolares, una línea de trabajo que busca acercar estos espacios a la población local sin alterar su equilibrio. La presidenta de CEDER La Siberia, Rosa María Araujo, ha subrayado que estas actuaciones permitirán convertir el entorno en una aula abierta para la educación ambiental.

El convenio firmado entre las tres entidades aspira a dar continuidad a esta colaboración con nuevas acciones de conservación, investigación aplicada y uso público ordenado. Entre los ámbitos previstos figuran la monitorización de ecosistemas, el asesoramiento técnico en restauración y la mejora de equipamientos como rutas señalizadas o paneles interpretativos, siempre vinculados a la protección del territorio.

En un momento en que la gestión del agua y la resiliencia de los ecosistemas ocupan un lugar central en el debate ambiental, la intervención en La Siberia pone el foco sobre un tipo de humedal poco conocido pero decisivo. Recuperar estas turberas no solo implica proteger biodiversidad; también significa reforzar la capacidad del paisaje para adaptarse a un clima cada vez más extremo en el interior peninsular.