La publicación de Si decido arriesgarme, la primera novela de Alejandra Rubio, ha coincidido con uno de los momentos más delicados para el entorno familiar de Mar Flores. La modelo, que atraviesa semanas de exposición mediática por los conflictos que afectan a su hijo Carlo Costanzia y a sus sobrinos Laura y Diego Matamoros, ha optado por una estrategia inequívoca: no pronunciarse públicamente sobre nada que afecte a su familia, incluida la nueva faceta profesional de su nuera.

La gala de la Fundación Aladina, escenario de una respuesta tajante
La escena se produjo a la salida de la gala por el 20º aniversario de la Fundación Aladina, a la que Mar acudió en solitario y donde los reporteros la esperaban para preguntarle por el lanzamiento del libro de Alejandra Rubio. La modelo, elegante y seria, dejó claro desde el primer instante que no iba a alimentar titulares sobre su familia.
Cuando se le preguntó si pensaba leer la novela, si había felicitado a Alejandra o si le había dado algún consejo como autora —recordemos que Mar publicó sus memorias Mar en calma hace apenas ocho meses—, su respuesta fue firme y repetida casi palabra por palabra: “He dicho que no voy a hablar nada de la familia. Lo que tenga que decir, lo diré en privado.”
La insistencia de los periodistas no modificó su postura. Ni una valoración, ni un gesto de complicidad, ni un comentario amable. Solo un mensaje: la esfera familiar queda fuera de su discurso público.
Un silencio que habla: tensiones y exposición mediática
La reacción de Mar no puede entenderse sin el contexto. Su hijo Carlo Costanzia está inmerso en un conflicto judicial y mediático con sus primos Laura y Diego Matamoros, un enfrentamiento que ha reavivado tensiones familiares y ha situado a la modelo en un foco que no desea. En paralelo, Carlo prepara una nueva entrevista televisiva que previsiblemente volverá a remover el asunto.

En este clima, Mar ha decidido blindarse. Su silencio no es desinterés por el proyecto de Alejandra, sino una estrategia de protección: evitar que cualquier palabra suya pueda interpretarse como un posicionamiento en medio de un conflicto que no deja de crecer.
La respuesta de Alejandra Rubio: cordialidad y un mensaje abierto
Mientras Mar opta por la discreción absoluta, Alejandra Rubio ha respondido con naturalidad y sin dramatismos. Preguntada por si esperaba que su suegra leyera el libro, la joven escritora lanzó un mensaje que, sin ser directo, sí parecía contener una lectura en clave familiar: “Mi libro que lo lea quien quiera leerlo. Yo no obligo a nadie. Lo recomiendo porque les va a gustar.”
La hija de Terelu Campos evitó alimentar la tensión y aclaró que su comentario no iba dirigido específicamente a Mar, sino a seguidores y detractores. También confesó entre risas que no piensa regalar ejemplares ni siquiera a su familia: “Que lo compren, que me ha costado mucho”.
Dos mujeres, dos estrategias y un mismo foco mediático
La situación deja una imagen clara: Mar Flores se mantiene en un silencio férreo, consciente de que cualquier palabra puede convertirse en munición mediática. Mientras que Alejandra Rubio vive uno de los momentos más ilusionantes de su carrera, ajena —al menos públicamente— a la frialdad de su suegra y centrada en la promoción de su novela.
Ambas comparten exposición pública, pero sus estrategias son opuestas: una se protege, la otra avanza.
Un gesto que define una etapa
La negativa de Mar Flores a pronunciarse sobre la novela de Alejandra Rubio no es un desaire literario: es un síntoma del momento que atraviesa la familia. Su mensaje —“lo que tenga que decir, lo diré en privado”— marca un límite que, por ahora, no piensa cruzar.
En un entorno donde cada palabra se amplifica, Mar ha elegido el silencio como refugio. Y ese silencio, paradójicamente, se ha convertido en el titular.