
Osteria Condal ha decidido ampliar su propuesta en Barcelona con una fórmula que responde a dos pulsos muy claros de la restauración actual: el gusto por compartir en la mesa y la búsqueda de experiencias más flexibles. El restaurante situado en Avinguda del Paral·lel incorpora el menú Paral·lel, una secuencia cerrada de platos para dos o más comensales, y refuerza además su perfil más informal con una carta de bocados de barra pensada para alargar el aperitivo o resolver una cena menos ritual.
La operación llega en octubre de 2026 y se lee también como un gesto hacia el momento que vive la escena gastronómica barcelonesa, cada vez más atenta a formatos híbridos. Frente al menú degustación clásico, largo y solemne, crecen las propuestas donde el producto cuidado convive con una atmósfera más abierta. En ese terreno quiere situarse Osteria Condal, proyecto de Grupo Orobianco con dirección gastronómica de Paolo Casagrande y cocina liderada por Andrea Fiori.
Un menú que concentra la identidad de la casa
El nuevo menú Paral·lel, con un precio de 90 euros por persona, se presenta como la síntesis más clara del estilo de la casa. La idea no pasa tanto por acumular pases como por ordenar una narración reconocible: bocados iniciales, platos de mayor profundidad marina y un final dulce servido en mesa. En una ciudad donde la cocina italiana suele moverse entre la fidelidad regional y la adaptación turística, Osteria Condal busca una tercera vía, más mediterránea que literal, más de gesto compartido que de reproducción ortodoxa.

Entre los platos que articulan el recorrido aparecen la tartaleta de gamba y mató, el supplì de arroz y bogavante, la presa ibérica con algas y dashi, los calamares rellenos en su caldo y la fregola marinera. Como principal, el comensal puede elegir entre salmonete a la plancha con rebozuelos y kale o ciervo al carbón con endivia belga y castaña. El cierre recae en un babà al ron con chantilly ligera, presentado para compartir, un detalle que subraya el tono convivial del conjunto.
La lectura del menú dibuja una cocina que mezcla acentos italianos y despensa local sin forzar el mestizaje. El mató, las setas de otoño o la endivia conviven con códigos de osteria contemporánea y con técnicas más propias de la alta cocina actual. Esa combinación encaja con la trayectoria de Paolo Casagrande, chef vinculado al universo de Lasarte, y con una escena barcelonesa donde las fronteras entre cocina de autor y restaurante de barrio distinguido son cada vez menos rígidas.
La barra recupera protagonismo
Junto al menú principal, la novedad más estratégica es Bar & Bites, una selección de pequeños bocados para acompañar un cóctel o una copa de vino. No es un añadido menor dentro del relato del local, sino una forma de activar otra velocidad de consumo. La barra vuelve a ocupar un lugar central en muchos restaurantes urbanos porque permite entrar y salir con más libertad, sin renunciar por ello a una cocina afinada. En el caso de Osteria Condal, esa capa más ligera amplía el rango de público y momentos de visita.

La carta de barra reúne desde queso pecorino rústico o focaccia casera con jamón de Parma DOP hasta brioche con tartar de solomillo, pizza, taco vegetal, tartaleta de gamba y mató, supplì de arroz y bogavante o los calamares rellenos. El interés está en cómo algunos platos del menú largo migran a un formato más ágil. Esa decisión conecta con una tendencia visible en Barcelona: locales que quieren seducir tanto al comensal que reserva con antelación como a quien improvisa un plan a última hora.
El movimiento tiene sentido en un enclave como el Paral·lel, una avenida que históricamente ha mezclado ocio, tránsito urbano y vida nocturna. Aunque su identidad ha cambiado con las décadas, sigue siendo un territorio donde funcionan especialmente bien las direcciones capaces de dialogar con el ritmo de la calle. Apostar por una barra cuidada, de platos breves y copa en mano, parece una respuesta lógica a ese ecosistema. También es una manera de acercar una cocina ambiciosa a un gesto cotidiano y menos ceremonioso.
Otoño en la carta: setas, caza y fondos más profundos
La renovación llega también a la carta general con tres incorporaciones firmadas por Andrea Fiori: tortellini de cap i pota con caldo de garbanzo, canelón de rabo con trompetas de la muerte y anguila, y ciervo al carbón con endivia belga y castaña. Son platos que miran de frente al otoño y que se apoyan en un lenguaje más profundo, de guisos, fondos y matices terrosos. Sin necesidad de hacer grandes aspavientos, la estacionalidad sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mantener viva una propuesta gastronómica.

En esas nuevas recetas hay, además, una lectura muy barcelonesa del recetario mediterráneo contemporáneo. El cap i pota introduce una referencia popular y reconocible en Cataluña, mientras que el tortellini o el tratamiento del canelón desplazan el discurso hacia Italia sin romper la coherencia del conjunto. Más que una suma de banderas culinarias, lo que aparece es una conversación entre memorias gastronómicas cercanas. Ahí reside buena parte del atractivo del proyecto: en evitar el folclore y apostar por una identidad mestiza pero legible.
Una agenda de vino para fidelizar al público gastronómico
La otra novedad de calendario es Vi i Tavola, un ciclo de encuentros mensuales con menús especiales y maridaje que arrancará el 19 de noviembre a las 20.00 horas. La primera edición propone nueve pases para compartir con vinos de AT Roca y Companyia Vitícola Sileo, por 110 euros por persona. Más allá del evento puntual, la iniciativa refuerza una idea cada vez más importante en restauración: crear comunidad en torno a la mesa y no solo rotación de reservas.
Este tipo de cenas maridadas funcionan hoy como herramienta de fidelización, pero también como formato cultural. El vino aporta relato, territorio y conversación, tres valores muy cotizados en una clientela que busca salir del consumo rápido. En una ciudad con oferta gastronómica saturada, diferenciarse no depende únicamente del plato, sino de la capacidad para construir una agenda con personalidad. Que Osteria Condal active un ciclo regular apunta justamente a esa ambición de convertirse en lugar de encuentro y no solo en dirección de moda pasajera.

La presencia de AT Roca en esa primera cita también sitúa el foco en el diálogo entre la cocina urbana barcelonesa y los proyectos vitivinícolas del entorno catalán. El interés de estas alianzas no está solo en el maridaje técnico, sino en la forma en que conectan ciudad y paisaje. Para muchos comensales, el lujo contemporáneo pasa menos por la exhibición y más por el conocimiento del origen: saber de dónde viene un vino, quién lo trabaja y por qué acompaña mejor a un determinado plato.
El Paral·lel busca nuevas razones para sentarse a la mesa
Que esta renovación ocurra en Paral·lel no es un detalle secundario. La avenida vive desde hace años un proceso de redefinición, entre la memoria de sus teatros y una nueva red de restaurantes que intenta devolverle centralidad en el mapa del ocio barcelonés. Proyectos como Osteria Condal participan de ese cambio al ofrecer una experiencia adaptable: menú cerrado para una ocasión más especial, barra para un encuentro espontáneo y eventos de vino para un público que quiere algo más que cenar bien.
La dirección de Avinguda del Paral·lel, 164 queda así asociada a una idea de restauración contemporánea que no renuncia ni al producto ni al confort. El local se define como una interpretación actual de la osteria, con influencias italianas y catalanas, una bodega amplia y una puesta en escena pensada para la hospitalidad. En un mercado donde abundan los conceptos grandilocuentes, esa combinación de cocina reconocible, formato compartido y vocación urbana puede resultar una de las vías más sólidas para consolidarse en Barcelona.