
La segunda temporada de El Túnel: avanza y gana llega este miércoles 4 de noviembre a su gran final en La 1, con ocho concursantes aún en competición y un premio de 150.000 euros como objetivo. El concurso presentado por Jesús Vázquez cerrará su actual tanda después de La Revuelta, también con disponibilidad en RTVE Play, en una entrega planteada como el desenlace de una competición basada en preguntas, duelos y decisiones tácticas.
El programa alcanza su último tramo después de tres emisiones en las que los aspirantes han ido acumulando dinero, eliminando rivales y midiendo cuándo convenía arriesgar. La final mantiene el planteamiento central del formato: no basta con conocer las respuestas, porque cada movimiento puede convertir a un concursante en perseguidor o en objetivo. En esta última entrega, RTVE concentra el interés en una mecánica que reducirá el grupo de ocho finalistas hasta dejar solo a dos candidatos frente al duelo decisivo.
Ocho aspirantes para una última ronda
La lista de finalistas reúne perfiles muy distintos. Íñigo llega como uno de los rivales más vigilados por la cantidad de dinero acumulada y por la solvencia que ha mostrado durante el recorrido. Lola, por su parte, es la única mujer que ha conseguido alcanzar esta fase final, un dato que la sitúa en una posición especialmente visible dentro del grupo. Ambos parten con trayectorias diferentes, pero con el mismo reto: sobrevivir a una fase en la que la presión pesará tanto como los aciertos.
Entre los clasificados también figuran Alfonso, malagueño que ha aportado una veta más humorística al concurso, y Perales, que se presenta como un jugador estratégico. Sus perfiles resumen dos de las líneas que han definido esta temporada de El Túnel: avanza y gana: la capacidad para leer el tablero y la habilidad para mantener la calma ante rivales que conocen sus puntos fuertes. En la final, esa mezcla de personalidad, cálculo y cultura general será clave para no quedar fuera antes del último cara a cara.
La nómina se completa con Shin, coreano afincado en Aragón que ha asumido con humor el apodo de coremaño, y Daniel, procedente de Canarias. También competirán Martín, uno de los participantes jóvenes que más dinero ha logrado reunir, y José, que afronta el desenlace con una actitud marcada por el entusiasmo. El programa ha construido parte de su tensión precisamente sobre esa variedad de perfiles, donde el valor económico de cada concursante puede convertirlo en un objetivo apetecible para los demás.
La estrategia gana peso en el desenlace
La final pondrá a prueba una de las ideas que diferencian a El Túnel: avanza y gana de otros concursos de preguntas: el conocimiento ayuda, pero no garantiza la victoria. Los participantes han tenido que decidir cuándo atacar, a quién enfrentarse y hasta qué punto les convenía exponerse. En el último programa, esa lectura estratégica cobra más relevancia porque un error puede cerrar el recorrido de forma inmediata. Según el planteamiento del formato, solo dos concursantes llegarán al duelo final por los 150.000 euros.
La entrega también incorporará momentos personales de algunos finalistas, una línea habitual en la televisión de concursos contemporánea cuando la competición ya ha generado personajes reconocibles para la audiencia. Alfonso hablará de sus problemas de confianza, mientras que Martín compartirá una historia vinculada a las dificultades para encajar. Esos fragmentos buscan ampliar la lectura de la final más allá del marcador y explicar cómo han vivido los aspirantes una dinámica en la que cada respuesta y cada elección modifican su posición frente al resto.
Un formato de duelos creado para cuatro programas
El Túnel: avanza y gana es un formato producido por RTVE en colaboración con Fremantle España, creado por Eureka Studios y distribuido por Fremantle. La temporada se estructura como una competición de cuatro entregas en la que parten 32 concursantes y solo uno puede completar el recorrido. Su mecánica combina preguntas de cultura general con una disposición escénica de enfrentamientos directos, rivales observando desde la grada y categorías que funcionan como carreras hacia la permanencia.
El formato trabaja con una idea sencilla de entender para el espectador: cada concursante tiene un valor económico y ese valor condiciona las decisiones de sus rivales. Cuanto más dinero acumula alguien, más atractivo puede resultar enfrentarse a él, pero también mayor es el riesgo de fallar en el intento. Esa lógica convierte cada duelo en una negociación entre ambición y prudencia. En la final, con 150.000 euros como premio máximo, el equilibrio entre responder bien y escoger el momento adecuado será todavía más delicado.
Jesús Vázquez y el regreso del gran concurso a La 1
La presencia de Jesús Vázquez es otro de los elementos destacados del formato. El presentador, uno de los rostros más reconocibles de la televisión española por su larga trayectoria en programas de entretenimiento, ejerce aquí como maestro de ceremonias de un concurso que combina ritmo, tensión y explicación de reglas. Su llegada a La 1 con este proyecto reforzó la apuesta de RTVE por formatos de entretenimiento en horario de máxima audiencia, un terreno cada vez más competido entre cadenas generalistas y plataformas.
La emisión de la final después de La Revuelta sitúa a El Túnel: avanza y gana dentro de una franja de alto consumo televisivo para RTVE. La cadena pública ha articulado parte de su estrategia reciente alrededor de programas capaces de generar conversación diaria o semanal, y los concursos siguen siendo una pieza estable de esa programación por su capacidad para combinar seguimiento episódico y resolución inmediata. En este caso, la temporada llega a su desenlace con el premio todavía abierto y con ocho nombres reconocibles para quienes han seguido las rondas previas.
El programa podrá verse en directo en La 1 y posteriormente en RTVE Play, donde ya figura el espacio dentro del catálogo de entretenimiento de la corporación. Esa doble ventana permite que la final mantenga su condición de evento televisivo en abierto, pero también quede disponible para el consumo bajo demanda. Para una competición construida en solo cuatro entregas, esa accesibilidad resulta relevante: facilita recuperar el recorrido de los finalistas antes de conocer quién cruza definitivamente el túnel.
La última prueba dejará únicamente a dos finalistas frente a frente, obligados a combinar conocimientos, temple y cálculo para aspirar al premio. La temporada ha mostrado remontadas, eliminaciones por errores puntuales y cambios de posición entre perseguidores y perseguidos, de modo que la final no se reduce a un simple recuento de aciertos. El desenlace de El Túnel: avanza y gana dependerá de cómo cada concursante gestione su valor, sus rivales y una presión que aumenta a medida que el premio de 150.000 euros queda más cerca.