Castilla y León y Galicia se sientan a la mesa en Abadía Retuerta con una cena única de Marc Segarra y Manuel Costiña

Refectorio, el espacio gastronómico de Abadía Retuerta LeDomaine, ha puesto fecha a una de esas citas que concentran atención entre los aficionados a la mesa de autor: el próximo 26 de octubre, Marc Segarra compartirá cocina con Manuel Costiña en una cena a cuatro manos que reunirá dos territorios y dos maneras de interpretar el […]

Abadía Retuerta LeDomaine acoge el 26 de octubre una cena a cuatro manos entre Marc Segarra y Manuel Costiña. JavierPeñas

Refectorio, el espacio gastronómico de Abadía Retuerta LeDomaine, ha puesto fecha a una de esas citas que concentran atención entre los aficionados a la mesa de autor: el próximo 26 de octubre, Marc Segarra compartirá cocina con Manuel Costiña en una cena a cuatro manos que reunirá dos territorios y dos maneras de interpretar el producto. La convocatoria llega en un momento de especial significado para la casa, que celebra el 30 aniversario de la bodega y una década del chef catalán al frente del restaurante.

La propuesta no se presenta como una simple colaboración puntual, sino como un diálogo culinario entre Castilla y León y Galicia, dos despensas con personalidad propia dentro de la gastronomía española contemporánea. Sobre la mesa, un menú degustación ideado en exclusiva para esa noche buscará traducir paisajes, memoria y técnica en una secuencia de platos pensada para una única fecha. El precio anunciado para la experiencia es de 200 euros por persona, sin maridaje incluido.

Una fecha señalada para la casa

La cita sirve también para subrayar el momento que atraviesa Abadía Retuerta LeDomaine, uno de los nombres más reconocibles del lujo enoturístico en el Valle del Duero. Instalado en una abadía del siglo XII, el complejo ha construido su identidad combinando vino, hospitalidad y cocina de alta gama, una ecuación cada vez más relevante en el turismo gastronómico nacional. El aniversario de la bodega aporta a esta cena un valor simbólico añadido: no solo se celebra una efeméride, también una manera de entender el destino como experiencia completa.

En paralelo, la velada coincide con los 10 años de Marc Segarra al frente de Refectorio, etapa en la que el cocinero ha consolidado un discurso muy ligado al entorno castellano y a la temporalidad del producto. Esa mirada le ha permitido afianzar la personalidad del restaurante dentro del hotel y situarlo entre las mesas a seguir en la conversación gastronómica del interior peninsular. La cocina de Segarra se ha ido definiendo por la depuración técnica y por una lectura serena del paisaje, sin necesidad de gestos grandilocuentes.

Según la información facilitada por la propiedad, Refectorio cuenta con una Estrella Michelin y dos Soles Repsol, un posicionamiento que explica la dimensión de una cita de este tipo. En el universo de las cenas a cuatro manos, cada encuentro funciona además como una especie de manifiesto: el chef anfitrión abre su casa, pero también confronta y enriquece su lenguaje con el de otro cocinero. Para el comensal, ese cruce suele traducirse en menús menos previsibles y con una tensión creativa distinta a la de la carta habitual.

Dos cocineros, dos territorios

Marc Segarra, 10 años al frente de la cocina de Refectorio. Abadía Retuerta LeDomaine

La presencia de Manuel Costiña introduce en esa ecuación el peso específico de Galicia y de una casa con larga historia familiar. Al frente de Retiro da Costiña, en Santa Comba, el chef ha convertido su restaurante en uno de los nombres más sólidos del noroeste español, con una cocina que combina raíz y precisión contemporánea. Su incorporación a la cena no responde solo al brillo de los reconocimientos; también aporta un relato de territorio que dialoga de forma natural con la sensibilidad de Segarra.

La trayectoria de Retiro da Costiña ayuda a entender la relevancia del encuentro. El restaurante hunde sus raíces en una historia de hospitalidad iniciada en 1939, cuando comenzó como casa de comidas, y hoy representa la tercera generación de una familia volcada en la cocina. Esa continuidad, poco frecuente en la alta restauración actual, ha sido una de las claves de su identidad. En el caso de Manuel Costiña, el peso de la tradición no actúa como ancla, sino como punto de partida para una cocina muy consciente de su origen.

La organización subraya que Retiro da Costiña es el único restaurante con dos Estrellas Michelin y dos Soles Repsol en su zona de A Coruña, un dato que ilustra el lugar que ocupa en el mapa gastronómico gallego. Más allá de la estadística, la casa ha destacado por un uso muy afinado del producto cercano y por una construcción del sabor que evita la nostalgia complaciente. Esa combinación entre memoria, despensa y técnica puede aportar a la velada una dimensión especialmente interesante.

Qué puede esperar el comensal

Aunque no se ha desvelado el menú completo, la idea de un recorrido degustación creado específicamente para la ocasión sugiere una cocina de estación y una conversación entre acentos muy diferentes. Por un lado, la sobriedad expresiva y el paisaje continental de Castilla y León; por otro, la profundidad marina y vegetal de Galicia. En este tipo de encuentros, el atractivo suele estar precisamente en cómo cada chef cede espacio sin perder identidad, construyendo un ritmo compartido plato a plato.

En la práctica, una cena a cuatro manos funciona casi como una edición limitada dentro de la agenda de un restaurante. No se trata de reproducir éxitos de carta, sino de construir una experiencia irrepetible donde ambos cocineros ensayan afinidades y contrastes. El resultado puede interesar tanto al viajero gastronómico que planifica escapadas en torno a una mesa como al público local dispuesto a descubrir un registro distinto del restaurante que ya conoce. Esa capacidad de convocatoria explica que este formato mantenga su atractivo en la alta cocina española.

El escenario añade un factor decisivo. Abadía Retuerta LeDomaine se ha consolidado como uno de los enclaves más singulares del Valle del Duero, una zona donde el enoturismo ha ido ampliando su propuesta más allá de la visita a bodega. En este caso, la cena se inserta en un contexto donde vino, patrimonio y hospitalidad forman parte del mismo relato. El lugar no actúa solo como telón de fondo: condiciona el ritmo de la experiencia y la convierte en algo más amplio que una reserva para cenar.

Manuel Costiña: tres generaciones de hospitalidad gallega. Abadía Retuerta LeDomaine

El auge de la escapada gastronómica

Este tipo de convocatorias refleja además una tendencia muy clara en el turismo premium: el viajero busca planes breves, bien cerrados y con una propuesta diferencial nítida. Una cena especial vinculada a un hotel de alta gama y a un entorno vinícola responde perfectamente a esa demanda. El viaje ya no se articula solo alrededor del alojamiento o del paisaje, sino en torno a una agenda concreta capaz de justificar el desplazamiento. La gastronomía, en ese sentido, se ha convertido en el gran motor de muchas escapadas de otoño.

Para quienes quieran extender la velada, la propiedad plantea la posibilidad de alojarse en su hotel de cinco estrellas, integrado entre viñedos y diseñado para una estancia pausada. No es un detalle menor dentro del tipo de experiencia que hoy demandan muchos viajeros: cenar bien forma parte del plan, pero también dormir en el mismo enclave y alargar al día siguiente la inmersión en el territorio. En destinos como el Valle del Duero, esa continuidad entre mesa, copa y paisaje marca buena parte del atractivo.

La bodega, además, llega a este aniversario con una posición consolidada dentro del circuito internacional del vino y la hospitalidad. La finca cuenta con una larga tradición vitivinícola y ha reforzado su visibilidad en el segmento del lujo experiencial, donde la combinación de arquitectura histórica, bienestar y gastronomía se ha vuelto determinante. En España, cada vez más hoteles de perfil alto aspiran a ser también destinos culinarios por derecho propio, y Abadía Retuerta lleva tiempo moviéndose con comodidad en ese territorio híbrido.

Para la escena gastronómica española, la lectura de esta cita va más allá del calendario de un hotel o de una celebración concreta. Reúne a dos cocineros con discursos reconocibles y los sitúa en un formato breve, intenso y pensado para un público que valora tanto el relato como el sabor. Esa suma de contexto, territorio y autoría convierte la cena del 26 de octubre en una de las convocatorias a seguir dentro de la agenda otoñal de la alta cocina en España.

Las reservas para la experiencia ya forman parte del atractivo de una fecha que nace con vocación de exclusividad y con un número de plazas necesariamente limitado por el propio formato. En un calendario cada vez más competitivo, donde abundan las colaboraciones y los menús especiales, la diferencia suele estar en la coherencia del encuentro. Aquí la afinidad entre paisaje, producto y trayectoria de ambos chefs dibuja una cita que encaja de manera natural en la evolución actual de la gastronomía española.