
Movistar Plus sumará el próximo 29 de octubre a su catálogo Vecinos de hormigón, un documental que pone el foco en Badia del Vallès y en la historia de sus vecinos, capaces de convertir un proyecto urbanístico lleno de carencias en una comunidad articulada a base de reivindicación y organización. La película, dirigida por Fèlix Colomer Vallès, llega en un momento en el que el debate sobre la vivienda, los servicios públicos y la presión urbana vuelve a ocupar espacio en la conversación pública española.
Badia del Vallès acogerá además una presentación especial el 23 de octubre, unos días antes del estreno en plataforma. La elección del municipio no responde solo a una cuestión simbólica: el relato se construye desde el propio territorio y devuelve el protagonismo a quienes protagonizaron décadas de protestas para reclamar colegios, centros sanitarios, transporte público y equipamientos básicos. La cita refuerza la idea central del documental: la memoria colectiva no pertenece a los archivos, sino a las calles donde se conquistaron los cambios.
Una ciudad nacida con prisas y corregida por sus vecinos
La historia que aborda Vecinos de hormigón arranca hace cinco décadas, cuando el franquismo impulsó la construcción acelerada de 200 edificios en lo que entonces debía funcionar como respuesta habitacional inmediata. Aquella planificación exprés dejó una ciudad marcada por la precariedad de origen: faltaban servicios esenciales, sobraban deficiencias urbanísticas y el uso de materiales como el amianto terminó convirtiéndose en un problema de salud y de largo recorrido. Ese punto de partida es el que el documental utiliza para explicar cómo nació una conciencia vecinal especialmente combativa.
Lejos de quedarse en la nostalgia, la película sitúa esa experiencia en una línea de continuidad con conflictos muy presentes hoy. El acceso a una vivienda digna, la calidad de la educación pública, la atención sanitaria o la renovación de barrios envejecidos no aparecen como asuntos del pasado, sino como frentes abiertos que siguen marcando la agenda social. Ahí reside buena parte del interés periodístico de Vecinos de hormigón: mostrar que muchas de las demandas que agitaron a una ciudad obrera en los años setenta siguen latiendo, con otros matices, en la España actual.
La memoria de un municipio singular
Según recoge Badia del Vallès, este municipio barcelonés se ha distinguido durante años por su reducido tamaño y su alta densidad de población, una singularidad urbana que ayuda a entender la intensidad de su vida comunitaria. El documental aprovecha ese contexto para retratar una ciudad donde la proximidad física también generó una fuerte red de apoyo mutuo y una cultura de barrio muy definida. En ese paisaje, cada mejora conseguida tuvo una dimensión inmediata y tangible en la vida cotidiana de miles de familias.
Otro de los elementos que refuerzan la personalidad del municipio es su trazado urbano, conocido por dibujar desde el aire una silueta reconocible de la península ibérica. Ese detalle, casi pop, convive con una historia mucho menos ligera, marcada por la falta de recursos y por una batalla vecinal sostenida en el tiempo. Vecinos de hormigón se apoya en esa identidad visual y social para contar cómo una ciudad levantada con vocación funcional acabó desarrollando una conciencia propia, resistente y muy ligada a la defensa de derechos concretos.
Un relato coral contado desde dentro
La película de Fèlix Colomer Vallès se construye a partir de testimonios directos de quienes participaron en las movilizaciones. Esa decisión narrativa evita el tono académico distante y acerca el relato a la experiencia vivida: no se trata solo de enumerar reivindicaciones, sino de escuchar cómo se organizaron los vecinos, qué obstáculos encontraron y de qué manera cada conquista modificó su relación con la ciudad. El resultado, sobre el papel, apunta a un retrato coral donde la política urbana se entiende mejor cuando se mira desde las cocinas, los portales y las asociaciones de barrio.
Entre las voces que aparecen figura también el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, incorporado al documental para recordar algunos episodios relevantes de aquellas reclamaciones durante su etapa al frente del Govern. Su presencia introduce una dimensión institucional en una historia narrada sobre todo desde abajo, y permite medir hasta qué punto la presión social acabó obligando a las administraciones a responder. Esa tensión entre vecinos e instituciones, entre la urgencia cotidiana y la lentitud política, atraviesa buena parte de la historia urbana reciente de España y aquí encuentra un caso especialmente visible.
Archivo, prensa y vida cotidiana

Para reconstruir medio siglo de transformaciones, Vecinos de hormigón combina material de archivo con imágenes actuales y noticias de distintas épocas. Ese cruce entre pasado y presente resulta especialmente útil en un relato de carácter urbano, porque permite observar no solo cómo cambiaron las fachadas o los equipamientos, sino también el lenguaje con el que una comunidad se pensó a sí misma. La recuperación de imágenes históricas, bien utilizada, puede ofrecer algo más que un efecto de memoria: sirve para comprobar cómo las carencias estructurales acabaron generando una cultura política vecinal muy definida.
El documental también pone el acento en logros muy concretos. Las protestas y movilizaciones no se presentan como una abstracción épica, sino como el camino para conseguir colegios, centros sanitarios, mejores conexiones de transporte público, instalaciones deportivas, espacios culturales y avances en la retirada del amianto. Ese aterrizaje práctico le da fuerza al relato y lo separa de cualquier idealización vacía: la acción colectiva aparece aquí ligada a mejoras materiales, mensurables y profundamente ligadas a la dignidad cotidiana de un municipio que durante años vivió en clara desventaja.
Un estreno que dialoga con el presente
Que Movistar Plus estrene ahora un título como Vecinos de hormigón dice también algo sobre el momento audiovisual. En los últimos años, el documental social español ha ganado espacio en plataformas y festivales al explorar asuntos como la memoria, la desigualdad territorial o el precio de la vivienda desde una mirada cercana y autoral. En ese contexto, el trabajo de Fèlix Colomer Vallès encaja en una corriente que busca historias locales con capacidad para explicar debates mucho más amplios, desde la erosión del tejido comunitario hasta la necesidad de repensar los márgenes metropolitanos.
La trayectoria previa del director aporta además una cierta continuidad temática. Fèlix Colomer Vallès, responsable de otros trabajos documentales centrados en historias con carga social, aborda aquí un caso que mezcla urbanismo, memoria política y experiencia popular. Más que revisar una efeméride, su propuesta parece orientada a interrogar qué queda hoy de aquellas formas de organización colectiva. En una época marcada por el individualismo residencial y la fragmentación del espacio urbano, volver sobre una comunidad que se pensó como sujeto político tiene un evidente interés narrativo y también cívico.
Badia del Vallès más allá del símbolo
La película subraya que Badia del Vallès sigue afrontando desafíos importantes. La retirada del amianto, el envejecimiento demográfico, la evolución de su parque residencial y la presión que ejerce el mercado sobre la vivienda forman parte de un escenario abierto, no de una página cerrada. Esa continuidad de los problemas convierte al municipio en algo más que un símbolo de resistencia pasada. Lo sitúa, en cambio, como un laboratorio pequeño pero elocuente de muchas tensiones que atraviesan hoy los entornos urbanos de la periferia española.
Ese vínculo con el presente puede ser uno de los elementos que más conecten con el espectador. Las luchas narradas en Vecinos de hormigón pertenecen a un tiempo muy reconocible en la historia social de Cataluña y de España, pero sus ecos son perfectamente contemporáneos. Basta mirar las movilizaciones por el acceso a la vivienda o la defensa de los servicios públicos para encontrar un hilo común. El documental no plantea respuestas simples; plantea, más bien, una pregunta incómoda y vigente sobre quién sostiene hoy la ciudad y cómo se defienden los derechos cuando llegan mal repartidos.
Dónde y cuándo se podrá ver
El estreno de Vecinos de hormigón está previsto para el 29 de octubre en Movistar Plus, mientras que la proyección previa en Badia del Vallès tendrá lugar el 23 de octubre. El formato anunciado es de 79 minutos, una duración que invita a pensar en un relato concentrado, apoyado en testimonios y archivo, sin dispersarse en exceso. Para la plataforma, el lanzamiento refuerza su línea de documentales originales vinculados a historias españolas con fuerte componente social y capacidad de conversación pública.
En un mercado saturado de estrenos, la llegada de una obra así destaca por su capacidad para convertir un episodio local en un espejo de debates nacionales. Vecinos de hormigón no se presenta solo como una crónica sobre el pasado de un municipio, sino como una pieza que revisa cómo se construyen los barrios, quién paga los errores de planificación y qué papel tiene la ciudadanía cuando las instituciones llegan tarde. Ese cruce entre memoria, política urbana y vida cotidiana es, precisamente, lo que puede darle recorrido más allá de la fecha de estreno.