Jota Linares termina el rodaje de ‘Hestia’, un viaje por la España del sida con Eneko Sagardoy y Hugo Welzel

El nuevo largometraje de Jota Linares ya ha terminado su rodaje. ‘Hestia’, protagonizada por Eneko Sagardoy y Hugo Welzel, se adentra en la España de 1991 para contar una historia atravesada por la crisis del sida, los cuidados y la búsqueda de refugio en los márgenes. La película, que llegará distribuida por Filmax, suma además […]

Jota Linares concluye el rodaje de ‘Hestia’, drama ambientado en la España de 1991 durante la crisis del sida, con distribución a cargo de Filmax. Julio Vergne

El nuevo largometraje de Jota Linares ya ha terminado su rodaje. ‘Hestia’, protagonizada por Eneko Sagardoy y Hugo Welzel, se adentra en la España de 1991 para contar una historia atravesada por la crisis del sida, los cuidados y la búsqueda de refugio en los márgenes. La película, que llegará distribuida por Filmax, suma además en su reparto a Milena Smit y Alberto San Juan, dos nombres especialmente reconocibles dentro del cine español reciente.

Mientras el país se preparaba para exhibir una imagen de modernidad con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, la película mira hacia otra cara de aquella década: la de quienes vivieron la epidemia desde el miedo, la pérdida y también la resistencia. En ese contraste entre la euforia pública y el dolor privado se sitúa Hestia, que convierte el trayecto de sus personajes en una revisión emocional de una etapa todavía poco explorada en el gran relato audiovisual español.

Un viaje entre la memoria y la supervivencia

La historia sigue a Miguel, un joven que está empezando a morir, y a Hugo, otro chico que apenas comienza a vivir. El encuentro entre ambos, en mitad de la carretera, activa un recorrido por una geografía emocional que la película presenta como una road movie íntima, marcada por hogares improvisados, vínculos inesperados y vidas suspendidas. No se trata solo de volver a los años noventa, sino de revisar qué quedó fuera de foco cuando aquella España oficial celebraba su entrada en la modernidad.

Ese planteamiento conecta con una sensibilidad cada vez más visible en el cine y las series europeas: la de rescatar memorias LGTBIQ+ sin reducirlas únicamente a la tragedia. En el caso de Jota Linares, la intención pasa por devolver complejidad a una generación golpeada por la enfermedad, pero también atravesada por el deseo, el humor y la comunidad. La película sitúa así la familia elegida en el centro de un relato donde el afecto funciona como red de supervivencia frente al abandono y el estigma.

Según ha explicado el propio cineasta, el proceso de escritura junto a Fer Pérez les llevó a replantear el enfoque inicial. La idea no era levantar otra historia funeraria, sino recuperar la pulsión de vida de quienes atravesaron aquellos años. Esa declaración marca el tono de Hestia, que busca apartarse del subrayado más solemne para construir un relato luminoso sin negar el dolor. En un momento en el que la memoria cultural se discute también desde la ficción, esa decisión narrativa resulta especialmente significativa.

El momento de Jota Linares

La nueva película llega en una etapa de consolidación para Jota Linares, director andaluz que debutó en el largometraje con Animales sin collar y que más tarde firmó títulos como ¿A quién te llevarías a una isla desierta? y Las niñas de cristal. Su carrera se ha movido con naturalidad entre el cine de autor accesible y la ficción para plataformas, un terreno donde también ha dirigido series y episodios para algunos de los catálogos más visibles del mercado español.

En paralelo a su trabajo en cine, Linares ha desarrollado una trayectoria estrechamente vinculada al ecosistema del streaming. Ha estado detrás de proyectos como Élite y otras ficciones seriadas, lo que ha reforzado un perfil creativo capaz de dialogar tanto con el circuito de festivales como con una audiencia más amplia. Hestia parece reunir ambas líneas: una propuesta con ambición temática, pero también con elementos narrativos que pueden encontrar recorrido más allá del circuito estrictamente cinéfilo.

La implicación de socios como TVE, Canal Sur y HBO Max refleja además el tipo de producción híbrida que domina hoy buena parte del audiovisual español. En esa combinación de televisiones públicas, plataformas y productoras independientes se está definiendo una nueva vía para sacar adelante historias con vocación autoral y alcance popular. En el caso de Hestia, ese respaldo sugiere confianza en un proyecto que aspira a conectar con la conversación cultural contemporánea sin renunciar a una identidad muy marcada.

Dos protagonistas en plena proyección

Al frente del reparto está Eneko Sagardoy, uno de los intérpretes más sólidos de su generación. Su nombre quedó especialmente ligado a Handia, papel por el que recibió el Goya al mejor actor revelación, pero desde entonces ha construido una carrera versátil entre cine, televisión y teatro. En los últimos años ha encadenado proyectos de perfiles muy distintos, algo que encaja con la exigencia emocional de un personaje como Miguel, atravesado por la fragilidad y la conciencia del final.

A su lado aparece Hugo Welzel, que se ha ido consolidando como uno de los rostros jóvenes con más recorrido del audiovisual español. Tras darse a conocer en series como La chica invisible y continuar creciendo con nuevos trabajos para plataformas, su presencia en Hestia confirma ese momento de transición entre promesa y realidad. El contraste entre la experiencia de Sagardoy y la frescura de Welzel parece pensado para sostener una relación central donde el relevo generacional forma parte de la propia historia.

La película suma además a Milena Smit y Alberto San Juan, dos intérpretes con universos muy distintos y, precisamente por eso, complementarios. Ella se ha convertido en una figura muy reconocible del cine español de la última década, con una imagen pública ligada a personajes de intensidad emocional y fuerte presencia visual. Él mantiene una trayectoria larguísima donde conviven cine, teatro y una mirada siempre incisiva sobre lo social. Su incorporación amplía el atractivo del proyecto sin desviar el foco del relato principal.

Junto a ellos figuran también Nicolás Illoro y Yune Nogueiras, dentro de un reparto que apunta a una coralidad medida. Aunque la historia se articula en torno a dos personajes, todo indica que Hestia quiere levantar un mapa humano más amplio, donde los encuentros durante el viaje ayuden a completar la imagen de una comunidad fragmentada. Esa estructura, muy propia del cine de trayecto, puede darle a la película una respiración particular: menos centrada en el golpe dramático puntual y más en la suma de presencias, recuerdos y cuidados.

La memoria queer entra en el centro del relato

En España, la representación audiovisual de los años del sida ha sido históricamente escasa si se compara con otras cinematografías occidentales. Aunque la literatura, el teatro y el documental han abordado esa herida en distintas ocasiones, la ficción de vocación más amplia no siempre la ha colocado en primer plano. De ahí que Hestia llegue con un interés que va más allá de su estreno futuro: forma parte de una revisión cultural de la memoria queer que también está creciendo en festivales, series y nuevas voces autorales.

La elección del año 1991 tampoco es casual desde el punto de vista dramático. Era una España que quería presentarse al mundo como sinónimo de apertura, diseño, cultura y modernidad, pero en la que seguían conviviendo silencios profundos. Esa tensión entre escaparate y sombra puede convertir a Hestia en una película especialmente fértil para la conversación pública, sobre todo en un momento en que las industrias culturales revisan qué relatos quedaron fuera de la versión más celebratoria de la Transición tardía y la entrada en los noventa.

También hay una lectura generacional evidente. Buena parte del público joven conoce aquella crisis a través de referencias fragmentarias, a menudo llegadas desde el cine anglosajón o la educación sentimental de las redes. Un proyecto como este puede tender un puente entre memoria histórica y sensibilidad presente, sin necesidad de recurrir a un tono didáctico. La clave estará en si la película consigue traducir ese pasado a una emoción contemporánea, algo que el mejor cine sobre la memoria suele lograr cuando antepone los cuerpos y los vínculos al discurso.

Una producción con vocación de recorrido

Hestia está escrita por el propio Jota Linares junto a Fer Pérez y producida por La Filmahora, Towanda Pictures y Las películas del Apache. En la parte técnica figuran nombres como Carolina Maltese en dirección de fotografía, Vanesa de la Haza en dirección de arte, Antuán Mejías en sonido y Xavi González en montaje. Ese equipo apunta a una apuesta cuidada en lo visual y lo atmosférico, algo fundamental en una película que quiere moverse entre el realismo histórico y una dimensión casi mágica del viaje.

La previsión de estreno se sitúa en 2027, por lo que ahora se abre la fase de posproducción y el primer pulso de expectación en la industria. Falta por ver cuál será su recorrido en festivales y qué lugar ocupará finalmente dentro del calendario español del próximo año, pero el proyecto ya se coloca entre los títulos a seguir por temática, reparto y firma. En una temporada en la que la ficción española continúa explorando nuevas formas de mirar su pasado reciente, Hestia aparece como una de las películas con mayor carga emocional y cultural del horizonte inmediato.