RTVE abre una nueva edición de ‘Un Juguete, Una Ilusión’ con su concurso escolar de cuentos solidarios

La campaña Un Juguete, Una Ilusión, promovida por RTVE, ha puesto en marcha la XXIII edición de su Concurso de Cuentos Solidarios, una convocatoria ya asentada en el calendario escolar que busca llevar a las aulas una conversación poco habitual en plena cultura del regalo: la de los gestos que no se compran. El certamen […]

RTVE y Fundación Crecer Jugando lanzan la XXIII edición del Concurso de Cuentos Solidarios, abierto a colegios de toda España hasta el 5 de noviembre. RTVE

La campaña Un Juguete, Una Ilusión, promovida por RTVE, ha puesto en marcha la XXIII edición de su Concurso de Cuentos Solidarios, una convocatoria ya asentada en el calendario escolar que busca llevar a las aulas una conversación poco habitual en plena cultura del regalo: la de los gestos que no se compran. El certamen vuelve a dirigirse a centros educativos de toda España con una invitación clara: convertir la creatividad infantil en una herramienta para pensar la solidaridad, la empatía y la convivencia desde edades tempranas.

La propuesta está abierta a alumnado de Educación Infantil, Educación Primaria y Educación Especial, y plantea un trabajo colectivo en torno al relato como vehículo de valores. Más allá de la escritura tradicional, el concurso se adapta a los lenguajes con los que hoy conviven los colegios y permite presentar proyectos en formatos como audiocuento, videorrelato, microteatro grabado, canción u otras piezas audiovisuales similares. Ese enfoque amplía las posibilidades expresivas del aula y favorece la participación de perfiles y edades muy distintas.

Una convocatoria con vocación educativa

El plazo de inscripción y entrega de trabajos permanecerá abierto hasta el 5 de noviembre, una fecha que marca el arranque práctico de una edición que vuelve a poner el foco en la educación en valores. No se trata solo de premiar la imaginación, sino de impulsar dinámicas de grupo dentro del aula, con historias capaces de hablar de amistad, cooperación, inclusión o ayuda mutua. En un momento en que los centros buscan proyectos transversales, este tipo de convocatorias encaja con naturalidad en áreas como lengua, artes o tutoría.

El eje temático de este año gira en torno a una pregunta sencilla y poderosa: cuáles son esos regalos que no se envuelven y, aun así, pueden cambiar la vida de alguien. La idea desplaza la mirada del objeto al vínculo y propone a niños y niñas pensar en el valor de una sonrisa, del tiempo compartido o de una palabra de ánimo. En términos educativos, esa reflexión resulta especialmente oportuna porque conecta con una preocupación creciente de familias y docentes: cómo enseñar el valor de lo intangible en una infancia muy expuesta al consumo.

Ese planteamiento enlaza además con el espíritu histórico de Un Juguete, Una Ilusión, una campaña solidaria asociada en el imaginario colectivo al bolígrafo solidario y a acciones vinculadas con la infancia. Aunque el concurso tiene identidad propia, su encaje dentro de esa iniciativa refuerza el mensaje de fondo: el juego, la narración y la educación pueden ser también herramientas de compromiso. En un ecosistema mediático donde abundan los mensajes rápidos, que una gran corporación pública reserve espacio a un proyecto escolar con recorrido tiene también una dimensión simbólica.

Qué pueden presentar los colegios

La convocatoria admite propuestas elaboradas por aulas completas o grupos de alumnos, lo que convierte el proyecto en una oportunidad para trabajar de manera colaborativa. El formato abierto permite que cada centro adapte la idea a sus recursos y a la edad del alumnado. Un curso de Infantil puede apoyarse en la oralidad y en la imagen; en Primaria, el peso puede recaer en la narración; y en Educación Especial, la flexibilidad de soportes facilita que la participación se plantee desde las capacidades y ritmos propios de cada grupo, sin forzar moldes cerrados.

Entre los criterios de valoración figuran la creatividad, la transmisión de valores solidarios, la inclusión, la empatía, el trabajo en equipo y la adecuación a la edad del alumnado. Son variables que van más allá del acabado técnico y que apuntan a una visión amplia del aprendizaje. En otras palabras, el jurado no busca solo una historia bien contada, sino un proyecto coherente con la experiencia del aula. Esa mirada evita que el concurso se convierta en una competición puramente formal y prioriza el sentido pedagógico de cada propuesta presentada.

La selección de finalistas correrá a cargo de un jurado formado por representantes de RTVE y de Fundación Crecer Jugando, que elegirá cinco finalistas por categoría. Después, el público tendrá un papel relevante en la fase decisiva, ya que los cuentos ganadores se escogerán mediante votación en línea. Esa combinación entre evaluación profesional y participación abierta introduce una doble lectura: por un lado, garantiza un primer filtro basado en criterios educativos; por otro, da visibilidad a los trabajos y acerca la iniciativa a familias, comunidades escolares y espectadores.

Premios pensados para el aula

Los reconocimientos de esta edición están planteados con una lógica muy pegada al día a día escolar. Las aulas ganadoras recibirán juguetes para todo el alumnado, un gesto que sitúa el premio en lo colectivo y no en el lucimiento individual. Esa decisión tiene sentido en un concurso que insiste en el trabajo en equipo como uno de sus ejes. Frente a otros certámenes que premian a una sola persona, aquí la recompensa vuelve al grupo y refuerza la idea de que la creación compartida también merece un retorno compartido.

Junto a ese lote para el aula, la persona docente responsable del proyecto ganador recibirá un ordenador portátil. El detalle no es menor en un contexto en el que buena parte de la innovación educativa recae en profesores que, además de enseñar, buscan recursos, coordinan actividades y sostienen proyectos complementarios. Reconocer su papel con una herramienta útil introduce una dimensión práctica que escapa de lo simbólico. También habrá una visita al centro por parte de representantes de RTVE y de Fundación Crecer Jugando, un elemento que añade visibilidad y celebración al logro.

Más allá de los premios, el interés periodístico de la convocatoria está en cómo conecta con debates muy presentes en la escuela española: el lugar de la educación emocional, la necesidad de fomentar habilidades sociales y el reto de construir experiencias significativas fuera del currículo más rígido. En ese terreno, los concursos escolares han evolucionado mucho. Ya no se perciben solo como actividades complementarias, sino como laboratorios para trabajar competencias múltiples a la vez: expresión oral, creatividad, escucha, cooperación y pensamiento ético. Este certamen se sitúa precisamente en esa línea.

El papel de RTVE en una iniciativa con recorrido

RTVE, la corporación pública de radio y televisión en España, mantiene desde hace años una presencia activa en campañas de servicio público que desbordan la programación convencional. En este caso, su implicación aporta visibilidad institucional a una iniciativa con foco educativo y social. Para una entidad con vocación de servicio, respaldar proyectos que interpelan directamente a la infancia y a la escuela encaja con esa misión. Quien quiera situar mejor a la corporación puede consultar la página de RTVE, donde se recoge su papel dentro del sistema audiovisual español.

El certamen llega además en un momento en que la conversación pública sobre la infancia suele moverse entre dos extremos: la sobreexposición digital y la presión por rendir cada vez antes. Frente a eso, propuestas como esta recuperan algo más pausado: el tiempo de pensar una historia en grupo, discutir qué valores se quieren contar y decidir cómo convertirlos en una pieza compartida. Ese proceso, aunque no siempre se vea desde fuera, tiene un valor formativo evidente. Obliga a escuchar, negociar, imaginar y ponerse en el lugar del otro, que es precisamente el núcleo del mensaje.

También influye el hecho de que el concurso no se limite a la palabra escrita. La apertura a formatos audiovisuales responde a una realidad escolar en la que la alfabetización ya no es solo textual. Muchos centros llevan tiempo incorporando grabaciones, pequeñas dramatizaciones o narraciones sonoras como parte del aprendizaje. Que la convocatoria reconozca esa diversidad de lenguajes permite que el resultado sea más inclusivo y más cercano a la forma en que hoy se comunican los niños. No es una cesión a la moda, sino una actualización natural del modo de contar en la escuela.

Una cita que vuelve a las aulas de toda España

Cada año, según los datos facilitados por la organización, se suman al concurso cientos de aulas comprometidas con la educación en valores. Esa continuidad revela que la fórmula ha encontrado un lugar reconocible entre docentes y centros. En un panorama saturado de actividades puntuales, sostener durante más de dos décadas una iniciativa escolar de estas características habla de fidelidad y de utilidad. También de una necesidad persistente: la de crear espacios donde la solidaridad no se explique solo como concepto abstracto, sino como algo que puede narrarse, representarse y discutirse en comunidad.

Con la inscripción ya abierta, los colegios tienen por delante varias semanas para diseñar sus propuestas y llevarlas al lenguaje que mejor funcione en cada clase. La convocatoria no exige grandes despliegues técnicos, pero sí una idea clara y una mirada honesta sobre lo que significa cuidar de los demás. Ahí reside buena parte de su atractivo. En tiempos de mensajes inmediatos, un cuento hecho en el aula puede seguir siendo una forma muy eficaz de ordenar emociones, poner nombre a los afectos y recordar que algunos regalos no pasan por una caja ni por un lazo.