
El estreno de El triplete en San Sebastián deja una de esas noticias que interesan más allá de la alfombra roja: la llegada de un nuevo nombre al mapa del audiovisual español. El cortometraje, presentado durante la 74ª edición del certamen donostiarra, ha servido para cerrar la sexta edición de Audi Future Stories y para colocar en el escaparate a Rodrigo Olmedo, un joven autor que ha pasado de la formación al estreno en uno de los festivales más relevantes del calendario nacional.
El triplete está protagonizado por Karra Elejalde y Kandido Uranga, con la participación de Biel Duran. La historia parte de una premisa sencilla y muy reconocible: dos ancianos que viven en una residencia pierden al tercer integrante de su equipo de petanca justo antes de un torneo decisivo. A partir de ahí, el corto se mueve entre la amistad, el duelo y un humor de trazo popular que conecta con un tipo de relato muy presente en el mejor cine español reciente.
La presentación tuvo lugar en los Cines Príncipe, uno de los espacios ligados al pulso del Festival de San Sebastián, un certamen de categoría A que cada año combina gran industria, cine de autor y conversación cultural. En ese contexto, la aparición de una obra breve como El triplete no funciona solo como anécdota de agenda. También retrata una tendencia cada vez más visible: la de los festivales como plataforma de validación para nuevos perfiles que llegan desde escuelas, laboratorios y programas de impulso al talento.
El nombre de Rodrigo Olmedo queda en el centro de esa operación. Formado en el Centro de Formación Davante de Madrid, el cineasta ha codirigido la pieza junto a Kike Maíllo, cineasta con recorrido en la industria y ganador del Goya a la mejor dirección novel por EVA. Ese acompañamiento aporta algo más que un sello de prestigio: permite entender cómo ciertas iniciativas buscan acortar la distancia entre el aprendizaje académico y la práctica profesional real, un debate recurrente en el sector audiovisual español.
Un relato pequeño con ambición emocional
La trama sigue a Antonio y Mariano, dos amigos que, tras la muerte de Ezequiel, deciden emprender una última aventura. La petanca, lejos de ser un simple decorado costumbrista, funciona como símbolo de pertenencia, rutina compartida y resistencia frente al paso del tiempo. En un momento en el que buena parte del audiovisual busca relatos intergeneracionales y personajes maduros alejados del estereotipo, El triplete entra en una conversación más amplia sobre cómo se representa la vejez en pantalla.
Ahí reside buena parte del interés del corto. Según las palabras difundidas durante su presentación, Kandido Uranga subraya precisamente que la historia evita quedarse anclada en la nostalgia. Es una mirada relevante porque conecta con una sensibilidad cada vez más presente en cine y series: la de contar a los mayores como personajes con deseo, humor, conflicto y ganas de seguir haciendo cosas. No como figuras secundarias definidas únicamente por la pérdida, sino como protagonistas con agencia propia y una vida emocional todavía en movimiento.
También Karra Elejalde ha incidido en esa mezcla de ternura, humor y espíritu gamberro que atraviesa la película. En su caso, además, el proyecto suma otro elemento atractivo para el público cinéfilo: su reencuentro profesional con Kandido Uranga después de años sin trabajar juntos. Ese tipo de cruces, muy valorados por la audiencia adulta y por el espectador atento al reparto, suelen dar una capa extra de interés a piezas de formato corto que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas frente al ruido de los grandes estrenos.
El rodaje se llevó a cabo en Barcelona durante el mes de julio, un dato que ayuda a medir la velocidad con la que se ha articulado el proyecto hasta su presentación pública. En una industria donde los tiempos de desarrollo suelen ser largos y a menudo inciertos, la capacidad de transformar una idea en una obra terminada y estrenada en festival sigue siendo un activo importante. Más aún cuando el resultado ya tiene circulación digital y puede escapar del recorrido limitado que muchas veces acompaña al cortometraje en España.
Del festival a las plataformas

Tras su paso por San Sebastián, El triplete ya puede verse en Movistar+, Filmin y en el canal de Audi Spain en YouTube. Ese dato no es menor para entender cómo circula hoy el formato corto. Hace una década, muchas piezas nacían y morían en festivales o en pases muy concretos. Ahora, la presencia en plataformas permite ampliar el alcance, activar la conversación en redes y dar una segunda vida a obras que encuentran espectadores fuera del circuito especializado.
En ese terreno, Filmin y Movistar+ cumplen un papel específico dentro del ecosistema español. La primera se ha consolidado como escaparate para cine independiente, de autor y de festival; la segunda mantiene una apuesta sostenida por la producción y la distribución de contenido nacional. Que un corto como El triplete entre en esas ventanas refuerza la idea de que el formato breve ya no ocupa un lugar puramente periférico, sino que forma parte de una oferta cultural más integrada y accesible para el espectador habitual.
La estrategia también encaja con un momento en el que el consumo audiovisual se ha fragmentado. El espectador ya no espera solo el gran estreno en sala o la serie-evento del fin de semana. Hay espacio para piezas de duración contenida que se consumen en móvil, tableta o televisión conectada y que, si encuentran el tono adecuado, pueden tener recorrido orgánico. En ese sentido, un corto con actores reconocibles como Karra Elejalde y Kandido Uranga parte con ventaja a la hora de despertar curiosidad más allá del ámbito estrictamente cinéfilo.
Un certamen que busca cantera
La sexta edición de Audi Future Stories ha reunido cerca de 300 inscripciones, una cifra que, según los datos facilitados por la organización, supone un crecimiento notable respecto al año anterior. Más allá del dato cuantitativo, el aumento refleja algo que la industria española lleva tiempo constatando: hay una generación amplia de creadores intentando entrar en el sector por vías diversas, desde escuelas y posgrados hasta laboratorios de guion, piezas autoproducidas y contenidos pensados para circular en internet antes de dar el salto al circuito tradicional.
El programa está dirigido a estudiantes de escuelas de cine y comunicación audiovisual, una cantera que en los últimos años ha ganado visibilidad en festivales, plataformas y productoras. El caso de Rodrigo Olmedo responde a ese patrón. Graduado en Publicidad y Relaciones Públicas y con experiencia previa como creativo y redactor, ha reorientado su trayectoria hacia el cine, un tránsito cada vez más habitual en una industria donde la escritura, la dirección y el desarrollo de ideas beben de perfiles híbridos y menos encorsetados que hace unos años.
La presencia de Kike Maíllo como codirector y mentor añade contexto a esa dinámica. El director catalán, conocido por títulos como EVA o Toro, lleva varias ediciones vinculado al proyecto y actúa como puente entre la experiencia industrial y la mirada de nuevos autores. En un momento en que el sector reclama estructuras de acompañamiento más sólidas para los talentos emergentes, su participación resume bien una fórmula cada vez más extendida: tutorías creativas, producción profesional y estreno con visibilidad real.
San Sebastián como escenario y termómetro
Que el estreno se produzca en el Festival de San Sebastián no es un detalle decorativo. El certamen funciona desde hace décadas como uno de los grandes termómetros del audiovisual en España, un lugar donde conviven los nombres consagrados, las apuestas internacionales y una observación atenta de lo que viene. Presentar allí un cortometraje ligado al talento emergente permite leer la operación en clave de industria: no solo se muestra una obra, también se posiciona a un creador ante productores, prensa especializada y agentes del sector.
La premiere reunió, además, a intérpretes y rostros conocidos del cine español como Miguel Ángel Muñoz, Fernando Tejero o Amaia Aberasturi, junto a figuras como María Ripoll. Esa concentración de nombres forma parte del ecosistema habitual del festival, pero también evidencia cómo estos espacios se han convertido en lugares de cruce entre generaciones y sensibilidades distintas. El corto no se presenta aislado, sino inserto en una conversación cultural más amplia sobre qué historias llegan ahora, quién las firma y cómo se construye la próxima hornada del cine español.
En paralelo al estreno, durante el festival se celebró una nueva edición del Audi Think Tank, un espacio de debate sobre el futuro del sector. Ese tipo de foros se han multiplicado en los últimos años y responden a una inquietud compartida por la industria: cómo sostener la creación en un momento atravesado por cambios tecnológicos, nuevas formas de financiación y hábitos de consumo en transformación. La presentación de El triplete se inserta así en una fotografía mayor, la de un cine español que busca renovar voces sin perder vínculo con su tradición más popular y humana.