Rado presenta una nueva interpretación de su colección Captain Cook con una caja de 39 milímetros, una medida que afina el equilibrio entre presencia y comodidad en uno de los relojes deportivos más reconocibles de la firma suiza. La novedad sitúa el foco en una proporción más llevable para el día a día, sin renunciar al lenguaje estético que ha definido a este modelo desde su origen.

La actualización se apoya en una esfera de tono oro amarillo con efecto similar al polvo de diamante, un acabado que introduce brillo y textura sin alejar al reloj de su carácter funcional. En un momento en el que buena parte de la alta relojería busca piezas más versátiles y menos rígidas en su uso, Rado orienta esta versión hacia un público que combina códigos deportivos y guardarropa urbano.
Un icono de 1962 que se adapta al presente
El Captain Cook nace en 1962 y forma parte de esa generación de relojes herramienta que hoy regresan con una lectura más transversal. En esta nueva entrega, Rado mantiene elementos reconocibles de la colección, como el bisel giratorio, la ventana de fecha y unas agujas e índices de marcada legibilidad, pero los reordena en un formato que resulta más contenido que otras referencias de la familia.

Ese ajuste de tamaño no es menor. La caja de 39 mm responde a una corriente cada vez más visible en relojería: el regreso a diámetros moderados que funcionan bien en perfiles de muñeca muy distintos y que permiten un uso más amplio, de la oficina al fin de semana. La pieza conserva, aun así, una construcción pensada para un reloj de vocación deportiva, con cristal de zafiro en forma de caja y tratamiento antirreflectante en ambas caras.
Técnica relojera y materiales de alto rendimiento
En el interior, Rado incorpora el calibre automático R763, con espiral antimagnética Nivachron y una reserva de marcha de hasta 80 horas. Sobre el papel, es una combinación que refuerza dos argumentos especialmente valorados hoy por el comprador de relojería mecánica: autonomía suficiente para dejar el reloj en pausa durante varios días y estabilidad frente a interferencias magnéticas del entorno cotidiano.
La caja de acero inoxidable pulido se combina con un bisel giratorio también en acero, revestido en PVD color oro amarillo, e inserto de cerámica negra de alta tecnología. Ese diálogo entre superficies metálicas cálidas y detalles oscuros acentúa una estética más sofisticada que la de un reloj de buceo clásico, pero mantiene la robustez esperable en una pieza con hermeticidad de hasta 30 bar, equivalente a 300 metros.

Entre el reloj herramienta y la pieza de estilo
Uno de los puntos más interesantes de esta novedad está en su vocación híbrida. Rado acompaña el reloj con un brazalete de acero inoxidable de diseño grano de arroz y añade una correa de caucho negro intercambiable mediante el sistema EasyClip. Más que un simple recurso técnico, ese detalle subraya cómo la industria adapta sus lanzamientos a un consumidor que pide flexibilidad real y no solo una estética aspiracional.
La nueva referencia se mueve así en un terreno cada vez más demandado: el de los relojes capaces de funcionar como pieza de entrada al universo mecánico de gama alta o como alternativa refinada para coleccionistas que prefieren medidas contenidas. En ese contexto, Captain Cook sigue siendo una de las líneas con mayor capacidad de conexión entre herencia y actualidad dentro del catálogo de Rado.
La marca suiza, reconocida por su trabajo con la cerámica de alta tecnología y por una trayectoria muy ligada al diseño industrial aplicado a la relojería, refuerza con este lanzamiento una estrategia clara: reinterpretar sus iconos sin romper con su identidad. El resultado es un reloj que conserva la idea de aventura asociada al Captain Cook, pero la traduce a un lenguaje más contemporáneo, más pulido y más cercano a la vida cotidiana.