La clasificación de España para las semifinales del Mundial 2026, tras imponerse a Bélgica, dejó una imagen reconocible en muchas ciudades del país: plazas llenas, pantallas gigantes y una afición entregada a una selección que vuelve a activar la conversación colectiva en torno al fútbol.

En Madrid, la plaza de Colón concentró una de las celebraciones más numerosas de la noche. Miles de personas siguieron allí el partido y convirtieron el centro de la capital en un punto de encuentro marcado por el ruido de las camisetas, las banderas y ese pulso emocional que acompaña a las grandes citas deportivas.
El ambiente arrancó antes del pitido inicial. Sobre el escenario pasaron varios artistas vinculados al universo del Benidorm Fest 2026, una fórmula que añadió música en directo a la previa y reforzó el carácter popular del evento en plena cuenta atrás para el encuentro.
Entre los nombres del cartel estuvieron Tony Grox & LUCYCALYS, ganadores de la última edición del certamen, junto a ASHA, KITAI y Kenneth. Su actuación sirvió como telón de fondo para una tarde que mezcló repertorio musical, expectación futbolística y una energía muy alineada con el tono festivo que acompaña a la selección en esta fase del torneo.

Una celebración que desborda el estadio
Lo ocurrido en Colón confirma hasta qué punto el fútbol en abierto y los espacios urbanos compartidos siguen teniendo capacidad de convocatoria. El partido no solo se vio: se vivió en comunidad. Ese formato de pantalla gigante, cada vez más presente en las grandes competiciones, transforma la ciudad en una grada emocional donde desconocidos celebran como si llevaran años sentados juntos.
La cita madrileña se enmarcó además en un despliegue más amplio de espacios para seguir a la selección. La capital habilitó nuevos puntos de visionado y reforzó una tendencia que ya se había visto en anteriores partidos: sacar el campeonato a la calle y convertir la experiencia deportiva en un plan colectivo, casi de verano urbano, en el que conviven fútbol, música y ocio al aire libre.

España vuelve a ilusionarse con una segunda estrella
Más allá de la celebración inmediata, el triunfo ante Bélgica reavivó una expectativa que en España tiene una carga simbólica evidente: la posibilidad de conquistar una segunda estrella mundial. A estas alturas del campeonato, cada victoria agranda la sensación de que el equipo ha entrado en esa zona del torneo donde la ilusión deja de ser un impulso emocional y empieza a parecer una opción real.
Ese clima se notó también en la reacción de la afición, que pasó de la tensión propia de un cruce decisivo a una euforia contenida pero visible en cuanto se confirmó el pase. La escena se repitió entre cánticos, abrazos y móviles en alto, con una celebración espontánea que volvió a colocar a la selección en el centro de la conversación pública.

La combinación de deporte y música en RTVE y en el entorno del Benidorm Fest dibujó además una imagen muy reconocible de la cultura popular española actual: grandes eventos capaces de mezclar entretenimiento, identidad colectiva y seguimiento masivo. En una noche de julio, Colón funcionó como termómetro de ese entusiasmo compartido.
Con las semifinales ya en el horizonte, la selección afrontará su próximo partido con una expectativa mucho más alta y con una afición activada en todo el país. Si algo dejó la noche del viernes fue precisamente eso: la sensación de que España no solo sigue en el Mundial 2026, sino que ha recuperado la capacidad de reunir a miles de personas alrededor de una misma pantalla.







