La inteligencia artificial gana espacio en la conversación sanitaria, pero los pacientes marcan una línea clara: la tecnología puede ayudar, aunque no sustituir el criterio de un profesional. Esa es la principal lectura del nuevo informe Connected Health Consumer, presentado por Salesforce a partir de una encuesta realizada a más de 3.200 pacientes en ocho países.

Según los datos difundidos este miércoles, el 61% de los encuestados afirmó sentirse cómodo con el uso de IA agéntica en contextos sanitarios. Además, el 64% dijo que estaría dispuesto a compartir su historial médico completo con un agente de IA si eso acelera el diagnóstico. La disposición existe, pero no es ciega: llega acompañada de condiciones muy concretas sobre control, seguridad y responsabilidad.
El dato más contundente del estudio apunta a la necesidad de intervención humana. El 90% de los pacientes consideró imprescindible que cualquier sistema de IA médica permita escalar con facilidad a un profesional sanitario, mientras que el 91% defendió que cada persona debe poder rechazar recomendaciones clínicas generadas por máquinas. En otras palabras, la automatización se acepta como apoyo, no como autoridad final.
La burocracia sigue siendo el verdadero cuello de botella
Más que en la consulta, el margen de mejora aparece en la parte menos visible del sistema. El informe sitúa los mayores problemas en la gestión administrativa: el 58% de los pacientes retrasa o evita recibir atención por las dificultades para conseguir una cita; el 66% se quedó sin medicación mientras esperaba la renovación de una receta; y casi la mitad abandona una llamada tras diez minutos de espera para contactar con un centro sanitario.
Ese mapa de fricciones ayuda a entender por qué la IA despierta interés. Para muchos usuarios, su valor no está en reemplazar la relación con el médico, sino en reducir tiempos muertos, simplificar trámites y ordenar procesos que hoy siguen siendo lentos. En un sistema tensionado por la demanda, la promesa tecnológica resulta más convincente cuando se aplica a tareas como la gestión de citas, la atención básica al paciente o la tramitación de solicitudes repetitivas.
La doctora Sophia Saleem, responsable de salud de Salesforce, resumió esa idea al señalar que los pacientes no quieren que la IA sustituya a sus médicos, sino a las esperas y a las fricciones del sistema, siempre de forma segura. Su mensaje encaja con una tendencia más amplia en el sector: la tecnología se valora cuando libera tiempo clínico y mejora la experiencia del paciente, no cuando introduce una capa extra de incertidumbre.
La confianza cambia según quién ofrece la herramienta
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio tiene que ver con el entorno en el que opera la IA. Los pacientes dijeron confiar tres veces más en un agente de IA integrado en el portal seguro de su proveedor sanitario que en plataformas públicas de uso general. La conclusión es relevante en pleno debate sobre la adopción de herramientas abiertas en contextos sensibles: no basta con que el sistema funcione, también importa quién lo respalda y bajo qué reglas maneja los datos.
Esa preferencia refuerza la idea de que la sanidad no se parece a otros sectores donde la automatización puede avanzar con menos resistencias. Aquí entran en juego el historial clínico, la privacidad, la trazabilidad de las decisiones y la capacidad de explicar por qué una máquina sugiere una determinada acción. La confianza, en este terreno, no depende solo de la utilidad, sino de la gobernanza.
Un debate que va más allá de la innovación
El informe llega en un momento en que las grandes tecnológicas aceleran su presencia en salud con soluciones orientadas a automatizar procesos y organizar información clínica. Salesforce, conocida por su negocio de software empresarial y CRM, insiste en que el futuro pasa por sistemas conectados a datos seguros, con supervisión profesional y capacidad de auditoría. La compañía ya ha reforzado esa línea con desarrollos específicos para el ámbito sanitario.
Amit Khanna, directivo de Agentforce Health en Salesforce, defendió que una IA construida sobre una base de datos unificada y gobernada genera más confianza porque permite entender cómo se llegó a una recomendación, qué fuentes la sostienen y cómo se conecta cada decisión con el proceso asistencial del paciente. Esa exigencia de transparencia se ha convertido en uno de los grandes criterios para medir la madurez real de la IA aplicada a la salud.
En el fondo, el estudio retrata una posición menos polarizada de lo que suele sugerir el debate público. Los pacientes no rechazan la IA; de hecho, muestran una apertura considerable a utilizarla. Lo que piden es algo más básico y más difícil a la vez: que la innovación no rompa el vínculo de confianza sobre el que se sostiene cualquier acto médico. En la sanidad de 2026, la cuestión ya no es si la inteligencia artificial entra en el sistema, sino bajo qué control lo hace.