David Baute presentó este fin de semana Benigno en el Festival Internacional de Cine de Shanghái, una de las citas de categoría A del calendario cinematográfico. La película, un documental de tono íntimo y observacional, se convirtió además en uno de los escasos títulos españoles presentes en esta edición del certamen.

La premiere mundial marca el arranque del recorrido de Benigno, un largometraje que se aleja de cualquier gesto grandilocuente para mirar de frente a un hombre de 88 años que decidió afrontar sus últimos años en soledad, entre el mar, la montaña y la casa en la que nació. En un momento en el que el documental español sigue ganando peso en festivales internacionales, el nuevo trabajo de Baute se sitúa en esa línea de cine personal que convierte lo cotidiano en materia narrativa.
Un retrato de la vejez sin artificios
La película sigue a Benigno, un anciano que todavía vive en el hogar familiar, acompañado por sus rutinas, sus recuerdos y su tortuga Totó. La pérdida progresiva de visión, la organización de sus pertenencias y la preparación simbólica de su despedida articulan un relato sobre la vejez, la memoria y el miedo a la desaparición, pero también sobre la persistencia de los vínculos con la tierra y con la casa entendida como archivo emocional.
Rodada íntegramente en Super 8 mm, Benigno apuesta por una textura visual que dialoga con el recuerdo y con una cierta idea de fragilidad. No es una decisión menor: en un panorama dominado por la nitidez digital, el uso de este formato analógico refuerza el carácter artesanal de la propuesta y la emparenta con un tipo de cine sensorial que busca más la huella que el impacto inmediato.

Un equipo ligado al cine de autor
En la dirección de fotografía figura Mauro Herce, uno de los nombres más respetados del cine de autor español reciente. Su participación añade peso a una película que también cuenta en el montaje con Raúl Barreras, asociado en los últimos años a trabajos de especial sensibilidad formal. La combinación encaja con un proyecto que se presenta como un ensayo visual sobre el hogar, el paso del tiempo y la despedida.
El propio cineasta explicó que la película nace de una relación antigua y cercana con su protagonista. Esa dimensión biográfica ayuda a entender el tono del filme: no se trata de una aproximación distante, sino de una observación construida desde la intimidad, la escucha y la voluntad de registrar una existencia en retirada sin invadirla. En esa mirada reside buena parte de la singularidad de David Baute.
Después de Mariposas negras
El estreno de Benigno llegó después del notable recorrido de Mariposas negras, la película con la que Baute ganó el Goya, el Gaudí y el Platino 2025 a mejor película de animación. Aquel reconocimiento consolidó su nombre más allá del circuito especializado y confirmó una trayectoria marcada por el interés en las fracturas sociales, los desplazamientos y las historias contadas desde los márgenes.
Antes de ese salto de visibilidad, el director ya había construido una filmografía atenta al cine de no ficción con títulos como Ella(s), Milagros o Éxodo climático. En todos ellos aparece una preocupación constante por el territorio, la memoria y las consecuencias humanas de los cambios sociales y medioambientales, una línea que en Benigno se vuelve todavía más desnuda y doméstica.

Canarias como origen y mirada
El documental fue filmado en Garachico, el pueblo del cineasta, un detalle que no funciona solo como dato geográfico. La elección del espacio refuerza una idea central en la obra: el regreso a los lugares de origen como forma de interrogar el tiempo, la identidad y la pérdida. En el cine español contemporáneo, cada vez más atento a los relatos de periferia y a las narrativas del arraigo, esa perspectiva conecta con una sensibilidad muy presente tanto en festivales como en plataformas y conversaciones culturales más amplias.
Tinglado Film, la productora detrás del proyecto, lleva años vinculada al cine independiente hecho desde Canarias. En su catálogo figuran trabajos que han circulado por festivales internacionales y una apuesta sostenida por historias atravesadas por la realidad social, la memoria colectiva y los márgenes. Benigno se integra con naturalidad en esa línea, como puede verse en la propia web de Tinglado Film.
A la espera de conocer sus próximos destinos en el circuito de festivales y su eventual llegada a salas o plataformas, Benigno irrumpió en Shanghái como una de esas películas pequeñas en escala pero ambiciosas en mirada. En un momento en que la industria mide con frecuencia el valor de un título por su ruido, el nuevo trabajo de David Baute defendió justo lo contrario: la potencia cinematográfica de lo mínimo, de lo frágil y de lo profundamente humano.