Emilio Moro impulsa su negocio del vino con más enoturismo y una inversión de 40 millones hasta 2029

Bodegas Emilio Moro cerró 2025 con un crecimiento del 2% y consolidó una hoja de ruta en la que el negocio del vino convive cada vez más con el peso del enoturismo. La compañía, con base en Pesquera de Duero, registró además 15.197 visitantes a lo largo del ejercicio, una cifra que refuerza su posición […]

Bodegas Emilio Moro cerró 2025 con un crecimiento del 2% y consolidó una hoja de ruta en la que el negocio del vino convive cada vez más con el peso del enoturismo. La compañía, con base en Pesquera de Duero, registró además 15.197 visitantes a lo largo del ejercicio, una cifra que refuerza su posición como uno de los nombres más reconocibles del turismo del vino en España.

Bodegas Emilio Moro impulsa su modelo de negocio en Ribera del Duero con una gran inversión y el tirón del enoturismo. EMILIOMORO

El avance llegó en un contexto especialmente delicado para el sector vitivinícola, marcado por la incertidumbre internacional y por un consumo más contenido en varios mercados. En ese escenario, Emilio Moro sostuvo su evolución apoyada en su actividad en Ribera del Duero y en el refuerzo de su proyecto en El Bierzo, dos territorios que concentran hoy buena parte de su estrategia.

Ribera del Duero y El Bierzo, los dos ejes del crecimiento

La bodega mantiene en Ribera del Duero su gran centro de gravedad, tanto por producción como por imagen de marca. Allí se asienta una historia familiar que arranca a finales del siglo XIX y que ha terminado por convertirse en una de las etiquetas más influyentes de la denominación. Ese arraigo explica también que la futura remodelación de sus instalaciones tenga una lectura que va más allá de lo puramente arquitectónico.

En paralelo, El Bierzo gana peso como segunda gran apuesta de la casa. El proyecto, iniciado en 2016, ha ido creciendo alrededor de sus godellos y se ha ampliado en los últimos años con nuevas referencias, entre ellas Bestizo, el primer vino de mencía de la firma. Para la bodega, la comarca leonesa no funciona ya como un laboratorio complementario, sino como una pieza estable de desarrollo presente y futuro.

Más visitantes y una bodega pensada para la experiencia

El dato de 15.197 visitantes confirma una tendencia que se ha consolidado en los últimos años: el vino ya no se consume solo, también se visita, se interpreta y se comparte. En un mercado en el que las bodegas buscan diversificar ingresos y construir comunidad, Bodegas Emilio Moro ha reforzado su perfil como destino experiencial desde su propuesta de visitas, club de socios y contenidos culturales en su web oficial, Emilio Moro.

La gran palanca de esa nueva etapa será la remodelación integral de la bodega en Ribera del Duero. El proyecto, con una inversión estimada de 40 millones de euros hasta 2029, transformará el espacio en un entorno más abierto al visitante, con nuevas fórmulas de inmersión en la cultura del vino y una mirada más amplia sobre sostenibilidad, desarrollo rural y conexión con el territorio.

La operación encaja con una tendencia cada vez más visible en el turismo premium: el viajero busca experiencias ligadas al origen, con relato, paisaje y acceso a oficios tradicionales reinterpretados desde códigos contemporáneos. En ese contexto, el universo del vino se ha convertido en una de las categorías con mayor capacidad de atracción para un público que combina escapadas gastronómicas, interés cultural y consumo de lujo discreto.

Expansión internacional y alianzas fuera de la copa

En el exterior, Bodegas Emilio Moro mantuvo su presencia en mercados estratégicos como México, Estados Unidos y Suiza, al tiempo que siguió explorando Asia como área de crecimiento. La internacionalización continúa siendo una de las claves del negocio en un momento en que las bodegas españolas buscan protegerse de la volatilidad del consumo interno y ganar valor de marca fuera de Europa.

A esa estrategia se suma su papel como distribuidor exclusivo en España de casas internacionales como Boris Champy, Joseph Perrier, Borgogno y Casanova di Neri. El movimiento amplía su ecosistema y la acerca a un modelo más transversal, en el que la bodega no solo vende sus vinos, sino que también actúa como prescriptora de otras firmas europeas con peso en sus respectivas regiones.

La construcción de marca también ha pasado por colaboraciones con otros territorios creativos. En los últimos años, la bodega ha tejido alianzas con el diseñador Pablo Erroz, el grupo Viva Suecia y citas culturales como el Festival de Málaga, una forma de situar el vino en conversaciones que van más allá de la mesa y de acercarlo a audiencias menos tradicionales.

Un club, una plataforma cultural y el relevo generacional

Dentro de esa estrategia de relación directa con el consumidor, la firma impulsa El Lagar de Emilio Moro, su club de socios, y desarrolla A Un Vino de Distancia como plataforma audiovisual y cultural. La idea de fondo es clara: convertir la bodega en una marca con conversación propia, capaz de conectar con el lector, el viajero y el aficionado al vino desde códigos más amplios que el producto.

Todo ese movimiento coincide con un momento de transición ordenada dentro de la familia. La tercera y la cuarta generación comparten hoy la dirección del proyecto y sitúan el futuro en una combinación de legado, innovación y sostenibilidad. En una industria en la que el origen sigue siendo esencial, Emilio Moro busca crecer sin romper el hilo que la une a Pesquera de Duero y a la identidad vitivinícola de Castilla y León.