Alpine ya tiene en los concesionarios españoles la versión más exigente de su nuevo coche eléctrico. El A390 GTS, cuyos pedidos se abrieron el pasado 2 de junio, aterriza como la interpretación más deportiva del nuevo fastback de cinco plazas de la marca francesa y como una pieza clave en una etapa en la que Alpine intenta trasladar su identidad, hasta ahora muy vinculada al A110, al universo de la electrificación.

Con el A390, Alpine entra en un terreno mucho más amplio que el del coupé ligero y biplaza: un coche de carrocería más versátil, planteamiento familiar y aspiración premium. En esa estrategia, el GTS se reserva el papel de tope de gama, con más potencia, una batería orientada al rendimiento y un equipamiento cerrado que busca situarlo en la franja alta del mercado de eléctricos deportivos.
Un Alpine eléctrico con cifras de gran turismo
Sobre el papel, el dato que primero llama la atención está en su sistema de propulsión. El Alpine A390 GTS combina tres motores eléctricos —uno en el eje delantero y dos en el trasero— para entregar 470 CV y 824 Nm de par. Esa configuración le permite acelerar de 0 a 100 km/h en 3,9 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 220 km/h, registros que lo colocan claramente en el territorio de los eléctricos de altas prestaciones.

Más interesante que la cifra bruta es cómo pretende gestionarla. Alpine ha recurrido a una evolución de su sistema Alpine Active Torque Vectoring, que distribuye de forma independiente el par entre las ruedas traseras cada 20 milisegundos. En un coche eléctrico pesado por definición, ese ajuste resulta central: no se trata solo de acelerar mucho en línea recta, sino de conseguir que el coche gire, apoye y cambie de trayectoria con una respuesta más cercana a la tradición dinámica de la casa de Dieppe.
La base técnica acompaña ese planteamiento. El A390 GTS utiliza una plataforma rediseñada específicamente para este modelo, suma frenos con discos de 365 mm y pinzas de seis pistones, y recurre a amortiguadores hidráulicos con topes para afinar el control de la carrocería. En el discurso industrial actual, donde abundan los SUV eléctricos muy rápidos pero poco comunicativos, Alpine intenta diferenciarse por tacto y puesta a punto, no solo por prestaciones.
La batería, otro argumento de posicionamiento
El otro gran elemento del A390 GTS es su batería de 89 kWh, descrita por la marca como una unidad de alta densidad con química enfocada al rendimiento. Ese matiz no es accesorio: en los deportivos eléctricos, el desafío no consiste únicamente en ofrecer mucha potencia durante unos segundos, sino en sostenerla cuando el ritmo se eleva o la carretera se complica, por ejemplo en un puerto de montaña o en una conducción continuada con fuertes demandas de energía.

Esa batería se integra además en un relato industrial muy francés. Alpine fabrica el coche en Dieppe, su histórica planta, mientras que los motores salen de Cléon y el ensamblaje de la batería se realiza en Douai con celdas de Verkor. En un momento en el que la procedencia de la tecnología eléctrica se ha convertido en parte del valor de marca, la firma propiedad de Automobiles Alpine refuerza así una idea de producto europeo y fuertemente localizado en Francia.
De coche nicho a marca con volumen
La llegada del A390 también explica hacia dónde quiere crecer Alpine. Fundada en 1955 por Jean Rédélé, la marca construyó su prestigio alrededor de deportivos compactos y ligeros, una filosofía que recuperó con el regreso del A110. Pero la electrificación obliga a abrir el foco. El A390 es el segundo modelo eléctrico de la firma tras el A290 y se sitúa antes de la futura reinterpretación eléctrica del A110, de la que la marca ya ha adelantado su dirección estratégica.
Ese cambio no sólo persigue atraer al aficionado tradicional. Alpine admite que el A390 también apunta a nuevos compradores y a un uso profesional, algo coherente con su formato de cinco plazas y mayor practicidad. En otras palabras, la marca intenta dejar de ser exclusivamente un fabricante de coches pasionales de bajo volumen para convertirse en una firma de deportivos eléctricos con más recorrido comercial dentro del perímetro de Renault Group.

Equipamiento cerrado y guiños al lujo tecnológico
En esta versión GTS, el equipamiento forma parte del posicionamiento. El modelo incorpora de serie llantas Snowflake de 21 pulgadas, neumáticos específicos Michelin Pilot Sport 4S, asientos deportivos Sabelt en cuero Nappa bicolor con reglajes eléctricos, masaje y calefacción, además de un revestimiento interior en Alcantara. Son elementos que sitúan al coche en una conversación más próxima al lujo contemporáneo que al ascetismo habitual del deportivo clásico.
También hay espacio para la capa digital. El A390 GTS suma funciones de asistencia a la conducción agrupadas en un Driving Pack, aparcamiento manos libres, tecnologías de telemetría y un sistema de sonido firmado por Devialet. En paralelo, el coche se inserta en el ecosistema energético de Renault Group, con servicios de recarga doméstica asociados a Plug Inn y soluciones de carga bidireccional V2G en Francia.
La jugada de Alpine llega en un momento delicado para el coche eléctrico de aspiración deportiva. El mercado ya ha demostrado que la aceleración fulgurante, por sí sola, no basta para construir una identidad. Con el A390 GTS, la firma francesa intenta responder a esa duda con una mezcla de diseño fastback, sofisticación técnica y un discurso muy centrado en la experiencia al volante, una promesa especialmente sensible cuando se invoca la herencia del A390 como heredero emocional del A110.