El próximo BMW X5 ya ha entrado en la fase final de su desarrollo y se perfila como uno de los lanzamientos más estratégicos de la marca alemana en el segmento de los SUV grandes. La novedad no está solo en el relevo generacional de uno de sus modelos más reconocibles, sino en la amplitud mecánica con la que llegará al mercado: por primera vez, el X5 se ofrecerá con cinco tecnologías de propulsión distintas, incluida una variante cien por cien eléctrica bajo la denominación iX5.

La puesta a punto se está completando en torno a la planta de Spartanburg, en Estados Unidos, donde BMW Group fabricará el modelo. Ese detalle no es menor: la factoría estadounidense lleva años siendo una pieza central en la producción mundial de los SUV de la firma y ahora también será el lugar desde el que saldrá una de las ofensivas tecnológicas más ambiciosas de la casa bávara.
Un X5 para casi todos los escenarios
La futura gama del BMW X5 combinará versiones de gasolina y diésel con tecnología mild hybrid de 48 voltios, alternativas híbridas enchufables y el nuevo BMW iX5 eléctrico. A esa oferta se sumará en 2028 el primer modelo de serie de BMW impulsado por hidrógeno, previsto también sobre esta base. En un momento en el que buena parte del sector concentra su discurso en una sola solución técnica, la marca mantiene su conocida apuesta por la convivencia de varias rutas de electrificación.
Ese enfoque responde también a la posición que ocupa el X5 dentro de la gama. No se trata de un modelo de nicho, sino de uno de los pilares comerciales y de imagen de BMW, especialmente en mercados donde el SUV grande sigue teniendo peso. Convertirlo en escaparate de motores térmicos electrificados, enchufables, eléctricos de batería y, más adelante, de pila de combustible permite a la marca ensayar en un solo producto buena parte de su estrategia industrial para esta segunda mitad de la década.

El iX5 eléctrico estrena una nueva base tecnológica
La versión más relevante a corto plazo es el BMW iX5, que será el primer modelo de serie de la marca en incorporar la sexta generación de la tecnología BMW eDrive. Esta arquitectura introduce baterías con celdas cilíndricas y sistema de 800 voltios, dos elementos que se han convertido en la referencia técnica de la nueva hornada de eléctricos de gama alta.
BMW sitúa además en 141 kWh la capacidad útil de la batería del iX5 60 xDrive, una cifra que la convierte en la mayor instalada hasta ahora por la firma en un turismo totalmente eléctrico. El sistema emplea dos motores, uno por eje, para alimentar la tracción total xDrive. Sobre el papel, la receta deja claro que el objetivo no pasa solo por aumentar autonomía o potencia, sino por colocar al X5 eléctrico en el corazón del mercado premium de gran formato, donde la eficiencia ya no basta por sí sola y el refinamiento dinámico sigue marcando diferencias.
El hidrógeno deja de ser un prototipo lejano
Más allá de la versión eléctrica de batería, el proyecto que más interés despierta por calendario es el futuro BMW iX5 Hydrogen, cuya llegada a producción en serie está prevista para 2028. La marca habla de una tercera generación de su sistema de pila de combustible y de un nuevo esquema de almacenamiento denominado Flat Storage, basado en siete depósitos de alta presión fabricados en compuesto reforzado con fibra de carbono.
La clave de ese planteamiento está en el empaquetado. BMW sostiene que esta disposición permite integrar el sistema sin penalizar el espacio interior y, además, facilita que las versiones de hidrógeno puedan ensamblarse en la misma línea que otras mecánicas. En una industria obsesionada con reducir complejidad y coste industrial, esa compatibilidad productiva es casi tan importante como la propia tecnología energética.

Más electrónica en la conducción
La nueva generación del X5 también incorporará parte del repertorio técnico asociado a la Neue Klasse, empezando por el sistema Heart of Joy. Se trata de una unidad de control central que coordina funciones como la entrega de potencia, el frenado, la dirección y la recuperación de energía. La compañía asegura que trabaja hasta diez veces más rápido que los sistemas anteriores separados, con ajustes en milisegundos.
Traducido al lenguaje del conductor, la promesa pasa por una respuesta más precisa y una transición más suave entre aceleración, retención y frenada, algo especialmente sensible en los modelos electrificados. En el iX5 y en el futuro iX5 Hydrogen, esa gestión también busca mejorar la regeneración energética durante la deceleración, un apartado que influye tanto en el confort como en la eficiencia real de uso.
Asistencia de nivel 2 y enfoque global
En el apartado de ayudas a la conducción, BMW anunció sistemas de asistencia de nivel 2 SAE y nuevas funciones de seguridad activa derivadas igualmente de la Neue Klasse. Entre ellas figura un asistente opcional pensado para autopista y ciudad, dentro de un paquete con el que la marca intenta reforzar la interacción entre conductor y electrónica sin desplazar por completo el control humano.
Antes del arranque industrial, varios periodistas internacionales ya probaron unidades de preproducción como el BMW X5 40 xDrive, el X5 50e xDrive híbrido enchufable y el iX5 60 xDrive. Ese movimiento sugiere que el proyecto está ya en una fase muy avanzada. Para BMW, el reto no consiste únicamente en renovar un superventas: consiste en convertir al X5 en el modelo que mejor explique por dónde quiere moverse la marca en un mercado donde conviven, al mismo tiempo, la combustión electrificada, la batería y el hidrógeno.