El Sundance Institute ya ha desvelado los nombres del Native Lab 2026, una de las iniciativas más relevantes de su programa dedicado a creadores indígenas. La edición de este año se celebra del 6 al 11 de abril en Santa Fe, Nuevo México, y reunirá a cuatro cineastas seleccionados y dos artistas residentes centrados en el desarrollo de proyectos para cine y televisión.

Desde hace años, este laboratorio se ha consolidado como un espacio específico para autores de origen indígena que trabajan relatos atravesados por la identidad, la memoria, el territorio y la soberanía cultural. No es un detalle menor: en un momento en que la industria audiovisual presume de diversidad, programas como este siguen siendo decisivos para que esas voces no solo entren en el sistema, sino que lo hagan con herramientas, acompañamiento y autonomía creativa.
Quiénes son los nuevos fellows
Entre los seleccionados figuran Taylor Foreman-Niko, creador samoano afincado en Los Ángeles, que llega con The Long Fang, una historia de terror familiar con raíces culturales; Miles T. RedCorn, de herencia osage y caddo, que presenta Once Upon a Time in Indian Country, ambientada en la industria del juego tribal en los años noventa; y Sabrina Saleha, cineasta navajo y guionista de la serie Dark Winds de AMC, seleccionada con Grief Camp, un proyecto que mezcla duelo, adolescencia y elementos sobrenaturales.
La cuarta participante es la canadiense Ashley Qilavaq-Savard, artista inuk de Iqaluit, elegida en colaboración con la Indigenous Screen Office. Su proyecto, Carrying, aborda la maternidad, la pérdida y el vínculo con la tierra desde una mirada íntima. Junto a ellos asistirán como artistas residentes Sayun Simung, de origen tayal, y Taylour Chang, kanaka maoli, en una fórmula que permite observar el laboratorio también como un espacio de tránsito y comunidad entre distintas generaciones creativas.
Un laboratorio con peso real en la industria
El programa estará acompañado este año por asesores como Patrick Brice, Bernardo Britto, Alex Lazarowich y Graham Foy, bajo la supervisión de Adam Piron, director del programa indígena del instituto. En palabras del propio Piron, el eje del laboratorio sigue siendo el desarrollo de historias “en comunidad” y desde una mirada indígena, una declaración que resume bien la filosofía de un espacio que busca proteger la singularidad de estas narrativas frente a las inercias del mercado.
La importancia del Native Lab también se entiende por su recorrido. Aunque artistas indígenas participaron ya en los primeros laboratorios de Sundance en 1981, el programa específico se formalizó a mediados de los noventa. Desde entonces ha acompañado a cineastas que hoy forman parte de la conversación internacional, como Sterlin Harjo, Taika Waititi, Sydney Freeland, Sky Hopinka, Shaandiin Tome o Erica Tremblay. Más que una cantera, el laboratorio se ha convertido en una red de continuidad para relatos históricamente infrarepresentados.
Ficción de género, memoria y política
La selección de 2026 deja ver además una tendencia clara: las historias indígenas contemporáneas ya no se presentan en un único registro. Hay terror, drama íntimo, crítica política, realismo y fantasía. Ese cruce de géneros conecta con una evolución visible en festivales, plataformas y televisión, donde cada vez tienen más espacio relatos que no explican lo indígena al espectador externo, sino que parten de una voz propia y de códigos internos.
En ese contexto, la elección de perfiles como Saleha —vinculada a una serie tan relevante como Dark Winds— o RedCorn, interesado en episodios poco explorados de la historia nativa reciente, confirma que Sundance sigue apostando por proyectos con proyección más allá del circuito de desarrollo. Santa Fe, además, no es un enclave neutral: el laboratorio se celebra en territorio profundamente ligado a comunidades originarias, algo que refuerza el sentido cultural del encuentro y su dimensión simbólica dentro del audiovisual norteamericano.