El verano ya se asoma en el calendario y, con él, comienza la cuenta atrás para las vacaciones. Sin embargo, algo está cambiando en el modo en que los españoles planean su descanso estival. Lejos de los tradicionales destinos masificados, este año predomina una nueva mentalidad viajera: la búsqueda de autenticidad, tranquilidad y propuestas menos conocidas. Una tendencia en alza que no solo responde a la necesidad de desconexión, sino también al deseo de explorar el mundo de forma más consciente.
Según un reciente estudio realizado por Skyscanner, el 83% de los viajeros españoles estaría dispuesto a elegir destinos menos populares. Seis de cada diez, además, prefieren evitar los circuitos turísticos convencionales. Esta inclinación por lo diferente va más allá del capricho: se trata de una apuesta por la calma, la originalidad y la posibilidad de conectar con las raíces del lugar visitado.
Las redes sociales, especialmente TikTok, juegan un papel clave en este giro de timón. Muchos viajeros se inspiran en vídeos de creadores que muestran joyas ocultas y paisajes apartados del turismo de masas. Este contenido ha servido para descubrir al público más joven que no hace falta cruzar medio mundo para encontrar rincones memorables.

En cuanto a planificación, los menores de 24 años son los más previsores: más de la mitad ya tenía sus vacaciones reservadas cuando se realizó la encuesta. Por el contrario, los mayores de 65 son los que más tienden a esperar, quizá en busca de mejores oportunidades o decisiones más meditadas. Un dato curioso para quienes aún no han cerrado su escapada: los lunes suelen ser los días más económicos para volar, y la semana del 28 de julio al 3 de agosto es, según Skyscanner, la más barata del verano.
¿Y qué destinos están despuntando en esta ola de turismo alternativo? Algunos nombres podrían sorprender, pero todos tienen en común una atmósfera especial que los hace únicos.
Reggio Calabria, en el sur de Italia, se presenta como una alternativa ideal para quienes buscan el encanto mediterráneo sin multitudes. Con su espectacular paseo marítimo y el museo que alberga los célebres bronces de Riace, es un destino que mezcla historia, mar y autenticidad.
Essaouira, en la costa atlántica de Marruecos, ofrece el equilibrio perfecto entre exotismo y serenidad. Su medina, el ambiente artístico, los mercados locales y la posibilidad de practicar kitesurf la convierten en una opción refrescante frente a las saturadas ciudades imperiales del país.
Burdeos, por su parte, despliega todo el esplendor del sur de Francia sin el bullicio de París. Capital del vino y de una cultura vibrante, Burdeos combina arte, patrimonio y gastronomía en un entorno más relajado y accesible.
Para los amantes del aire libre, Klagenfurt, en Austria, es una perla poco conocida. Junto al lago Wörthersee, uno de los más cálidos de Europa, permite disfrutar de naturaleza alpina sin renunciar al confort de una ciudad de tamaño medio, con encanto histórico y actividades para todos los gustos.
Y si lo que se busca es equilibrio entre lo urbano y lo natural, Luxemburgo es una excelente opción. Este pequeño país ofrece castillos, bosques, ciudades tranquilas y una capital llena de historia sin el frenesí de otras urbes europeas. Es el ejemplo perfecto de que el tamaño no define la riqueza de una experiencia.