Carlos Alcaraz llegaba como favorito indiscutible a la final del Trofeo Conde de Godó, arropado por una grada entregada y con la confianza que otorgan sus dos títulos anteriores en Barcelona. Sin embargo, lo que prometía ser una fiesta para el tenis español acabó convirtiéndose en un duro revés. El murciano, visiblemente mermado por molestias físicas, fue superado de principio a fin por un sólido Holger Rune, que se llevó el título con un contundente 6-7(4)/2-6.
El inicio del partido no hacía presagiar el desenlace. Alcaraz arrancó con firmeza, dominando con el servicio y presionando a Rune al resto. Con dos juegos en blanco en sus primeros saques, parecía tener el control del ritmo y la iniciativa. Incluso llegó a inquietar al danés en el quinto juego, cuando estuvo cerca de romperle el servicio. Pero todo cambió a partir de ese momento.

Rune se mantuvo firme, aguantó el empuje inicial de Alcaraz y fue creciendo en confianza. Con un juego sólido y sin fisuras, logró igualar el set y llevarlo hasta un tie break en el que fue más certero y agresivo. Alcaraz, por su parte, empezaba a mostrar señales de incomodidad, especialmente al ejecutar el revés, un gesto que más tarde se confirmaría como sintomático de una lesión incipiente.
La segunda manga comenzó con la esperanza de una remontada. El español volvió a ganar su primer juego en blanco y dispuso de dos bolas de rotura para adelantarse, pero no logró materializarlas. Ese momento marcó un punto de inflexión. Poco después, pidió asistencia médica y se retiró al vestuario acompañado del doctor Ángel Ruiz-Cotorro, dejando en vilo al público barcelonés.
Aunque regresó con un gesto positivo hacia su equipo técnico, lo cierto es que ya no era el mismo en la pista. Su movilidad se vio claramente reducida y su tenis perdió la chispa habitual. Rune no desaprovechó la oportunidad y, con un juego inteligente y sin arriesgar más de la cuenta, rompió el servicio de Alcaraz y se lanzó directo hacia la victoria.

El último tramo del encuentro fue un monólogo del danés, mientras Alcaraz apenas podía ofrecer resistencia. Visiblemente dolorido, el murciano siguió peleando por orgullo, pero se vio superado por un rival que supo jugar sus cartas con maestría. El broche final llegó con una celebración eufórica de Rune, que se lanzó a la piscina del Real Club de Tenis de Barcelona junto a los recogepelotas, en una escena ya tradicional del torneo.
La derrota, aunque dolorosa, no empaña la gran semana de tenis de Alcaraz, que demostró entrega y coraje incluso en condiciones adversas. Habrá que esperar a conocer el alcance exacto de sus molestias, pero su actitud sobre la pista, a pesar de las dificultades, volvió a dejar claro por qué es una de las grandes esperanzas del tenis mundial.