El Deportivo Alavés ha puesto rumbo a una nueva etapa con la incorporación de Quique Sánchez Flores como entrenador del primer equipo, un movimiento estratégico que llega en un momento decisivo para el club. Tras la salida de Eduardo “Chacho” Coudet —quien dejó el banquillo para cerrar su fichaje por River Plate— la entidad babazorra ha apostado por un técnico de amplia trayectoria y reconocido prestigio en el fútbol español. El acuerdo, firmado hasta 2028, demuestra que el club no solo busca una reacción inmediata en la lucha por la permanencia, sino también un proyecto de continuidad y estabilidad.

Un relevo inesperado que acelera la toma de decisiones
La marcha de Coudet, que había renovado tras lograr la permanencia la temporada anterior, dejó al Alavés en un momento delicado de la temporada. El técnico argentino abonó alrededor de un millón de euros para desvincularse y marcharse a River Plate, lo que obligó al club a reaccionar con rapidez. La dirección deportiva eligió a Sánchez Flores por su experiencia, su capacidad para gestionar vestuarios complejos y su historial en equipos que compiten bajo presión.
La presentación: humildad, ambición y un mensaje directo
En su presentación oficial, Sánchez Flores dejó claro que llega con convicción y confianza en el potencial del equipo. “No vengo a un equipo roto”, afirmó, subrayando que ve un vestuario “con alma, bien montado y con buenos futbolistas”. Su discurso combinó humildad —agradeció el respeto del club por sus tiempos y la valoración de su trayectoria— con una visión clara: rescatar lo mejor del Alavés actual y añadir su propio sello.
El técnico madrileño destacó también la importancia de su cuerpo técnico, al que definió como “experimentado” y “capaz”, y que le ha acompañado en sus mayores éxitos. Su objetivo inmediato es generar rendimiento desde el primer día, consciente de que cada partido será “trascendental” en la lucha por la permanencia.
Un entrenador con recorrido y una idea clara
La trayectoria de Quique Sánchez Flores habla por sí sola: ha dirigido a clubes como Valencia, Atlético de Madrid, Getafe, Espanyol o Sevilla, además de experiencias internacionales en la Premier League y en Oriente Medio. Su perfil combina rigor táctico, capacidad de adaptación y un estilo de gestión que suele aportar orden y competitividad a los equipos que dirige.
En su llegada a Vitoria, dejó claro que quiere contar con todos los jugadores, incluido Mariano Díaz, con quien coincidió en el Sevilla y que lleva meses sin jugar. Tendrá una conversación con él para evaluar su situación, pero advirtió que no habrá excepciones: exigirá compromiso y rendimiento a toda la plantilla.
El reto inmediato: permanencia y estabilidad
El Alavés afronta una liga muy ajustada, donde dos victorias pueden cambiar el panorama tanto como dos derrotas. Sánchez Flores insistió en que el equipo tiene herramientas suficientes para lograr el objetivo y que el camino pasa por la ilusión, el optimismo y la precisión competitiva. Dirigió su primera sesión el mismo día de su presentación, consciente de que no hay tiempo que perder.
Un proyecto que mira más allá del corto plazo
El contrato hasta 2028 es una declaración de intenciones: el club quiere construir un proyecto sólido, con un entrenador que aporte estabilidad y visión a medio plazo. La llegada de Sánchez Flores no solo responde a la urgencia clasificatoria, sino a la voluntad de consolidar un modelo competitivo que permita al Alavés asentarse en Primera División.