La muerte de Fernando Ónega a los 78 años ha dejado al periodismo español sin una de sus figuras más influyentes, respetadas y queridas. Su fallecimiento, ocurrido en Madrid el 3 de marzo de 2026, ha provocado una ola de reacciones en el mundo político, mediático y cultural, que despide a un profesional cuya voz acompañó a varias generaciones y cuya pluma dejó huella en algunos de los momentos más decisivos de la historia reciente de España.

Una vida dedicada al periodismo y a la palabra
Nacido en 1947 en Mosteiro (Lugo), Ónega comenzó a escribir muy joven y pronto se convirtió en una referencia en prensa, radio y televisión. Su carrera superó las cinco décadas y abarcó prácticamente todos los formatos: fue director de informativos en la Cadena SER, dirigió el diario Ya, presentó espacios en Antena 3 y Telecinco, colaboró en TVE y ocupó puestos de responsabilidad en COPE y Onda Cero. Su capacidad para explicar la actualidad con claridad, serenidad y profundidad lo convirtió en un analista imprescindible.
Su voz, inconfundible, formó parte de la vida cotidiana de millones de oyentes. En La Brújula de Onda Cero, sus cartas radiofónicas se convirtieron en un género propio, un espacio donde mezclaba análisis, emoción y una mirada humanista que trascendía la actualidad inmediata.
El cronista de la Transición
Ónega fue, además, un testigo privilegiado y protagonista de la Transición. Entre 1977 y 1978 ejerció como director de Prensa y portavoz de la Presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez. Desde ese puesto redactó algunos de los discursos más recordados del presidente, incluido el célebre “Puedo prometer y prometo”, convertido en una de las frases más icónicas de la política española.
Su papel en aquellos años lo situó como uno de los grandes narradores de la España democrática. Su análisis político, siempre ponderado y riguroso, lo consolidó como una figura de referencia para periodistas, historiadores y ciudadanos.
Un vínculo profundo con León y con sus raíces
Aunque gallego de nacimiento, Ónega mantuvo una relación especialmente estrecha con la provincia de León, a la que dedicó innumerables minutos en sus intervenciones radiofónicas. Fue nombrado Hijo Adoptivo de la Provincia y recibió múltiples distinciones locales, que él mismo definía como parte esencial de su “geografía sentimental”.
Su conexión con Galicia tampoco se diluyó: siempre reivindicó su identidad gallega y su vínculo con la tierra donde comenzó a escribir siendo apenas un adolescente.
Reconocimientos y legado
A lo largo de su carrera recibió numerosos premios, entre ellos varios Premios Ondas, y en 2025 fue nombrado miembro de honor de la Real Academia Europea de Doctores, uno de sus últimos reconocimientos públicos.
Además de su labor periodística, fue autor de varios libros, entre ellos Puedo prometer y prometo, Juan Carlos I y Qué nos ha pasado, España, obras que combinan memoria personal y análisis político.
Un adiós que conmueve al país
La capilla ardiente se instalará en la Casa de Galicia en Madrid, donde familiares, compañeros de profesión, representantes institucionales y ciudadanos podrán despedirse de él.
Las reacciones no se han hecho esperar: periodistas, políticos y figuras públicas han destacado su elegancia profesional, su capacidad para narrar la historia sin estridencias y su compromiso con un periodismo que buscaba comprender antes que juzgar.
Un vacío difícil de llenar
Fernando Ónega deja un legado inmenso: una forma de contar, una ética del oficio y una mirada que ayudó a entender España durante más de medio siglo. Su muerte marca el final de una etapa del periodismo español, pero su voz —en sus textos, en sus discursos, en sus cartas radiofónicas— seguirá acompañando a quienes buscan en la palabra un refugio y una brújula.