La Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio, en el norte de Madrid, se convirtió en el epicentro emocional de la familia real española durante la misa funeral por Irene de Grecia, celebrada al cumplirse cuarenta días de su fallecimiento. La ceremonia, conocida en la tradición ortodoxa como parastas, reunió a familiares y amigos cercanos en un acto solemne que cerró el periodo de luto y rindió homenaje a la hermana menor de la reina Sofía.

La reina Sofía, arropada por sus hijas
La reina emérita llegó al templo visiblemente emocionada, vestida de riguroso luto y acompañada por sus dos hijas, las infantas Elena y Cristina, que no se separaron de ella en ningún momento. La pérdida de Irene —su compañera inseparable durante décadas— ha marcado profundamente a doña Sofía, que ha mantenido un perfil discreto desde el fallecimiento de su hermana el pasado 15 de enero.
La misa, oficiada según el rito ortodoxo, estuvo cargada de simbolismo espiritual: cuarenta días después de la muerte, la tradición marca un último adiós que acompaña al alma en su tránsito hacia el descanso eterno.

Victoria Federica, la única nieta presente
Entre los nietos de la reina emérita, sólo Victoria Federica acudió al funeral. Llegó junto a su madre, la infanta Elena, y se convirtió en una de las figuras más observadas de la jornada. Vestida con un total look negro —traje sastre de líneas depuradas, cinturón ancho con hebilla dorada, broche clásico en la solapa y zapatos de salón con detalle joya—, la joven mostró una imagen de sobriedad y respeto que fue ampliamente destacada.
Su presencia reforzó la imagen de continuidad generacional en un acto marcado por la intimidad y el recogimiento. También evidenció la estrecha relación que mantiene con su abuela, a quien acompañó discretamente durante la ceremonia.

Una despedida rodeada de allegados
Aunque los Reyes Felipe VI y Letizia no pudieron asistir por compromisos oficiales —él en Huelva, conmemorando el centenario del vuelo del Plus Ultra, y ella en Huesca, en un acto de la Fundación Princesa de Girona—, la catedral reunió a numerosas figuras vinculadas a la familia real. Entre ellas, Alexia de Grecia, Simeón de Bulgaria, María Zurita, Beltrán Gómez-Acebo, Paloma O’Shea, Antonio Resines y varios miembros históricos de la Casa Real.
La ceremonia fue sobria, emotiva y profundamente respetuosa con la tradición griega que Irene mantuvo durante toda su vida. La reina Sofía, que lució una cadena con un reloj regalado por su hermana —un detalle cargado de simbolismo—, recibió el cariño de los asistentes en un ambiente de recogimiento absoluto.

Un acto que cierra el duelo y refuerza la imagen de unidad
La misa no sólo sirvió para despedir a Irene de Grecia, sino también para mostrar la cohesión de la familia en torno a la reina emérita. La presencia conjunta de Elena, Cristina y Victoria Federica —tres generaciones unidas en el luto— proyectó una imagen de apoyo sólido en un momento especialmente delicado para doña Sofía.
La jornada concluyó con un ambiente de serenidad y respeto, en el que la figura de Irene fue recordada como la de una mujer discreta, culta y profundamente unida a su familia. Su legado, silencioso pero firme, quedó reflejado en la emoción contenida de quienes la despidieron.








