La película Las Islas —titulada simplemente Islas en su estreno comercial— llega a los cines como una de las propuestas españolas más singulares de la temporada. Dirigida por Marina Seresesky, rodada íntegramente en Tenerife y protagonizada por Ana Belén y Manu Vega, la cinta se adentra en un territorio emocional áspero y luminoso a la vez: el encuentro entre dos vidas rotas que, sin buscarlo, se convierten en el último refugio la una de la otra.

Un hotel decadente como escenario de dos naufragios humanos
La historia se desarrolla en el Hotel Paradise, un antiguo complejo turístico venido a menos, fotografiado con una mezcla de melancolía y extrañeza. Allí llega Amparo Lamar, interpretada por Ana Belén, una actriz que fue niña prodigio en los años setenta y que ahora, a los 74 años, arrastra una carrera extinguida, deudas emocionales y una soledad que la empuja a tomar una decisión extrema: quitarse la vida en el mismo lugar donde rodó una de sus películas olvidadas.
En ese mismo espacio aparece Toni, el personaje de Manu Vega: un joven de veinte años, atormentado, lleno de fantasmas y con una determinación igualmente fatal. El choque entre ambos —primero brusco, luego inevitable— abre una grieta por la que se cuela la posibilidad de un vínculo inesperado.

El regreso de Ana Belén al cine diez años después
Las Islas supone el regreso de Ana Belén a la gran pantalla una década después de La reina de España. Su interpretación de Amparo Lamar es uno de los grandes atractivos del filme: una mujer que vive entre la nostalgia del brillo perdido y la crudeza del presente, consciente de que la fama es un territorio que se abandona sin aviso y que rara vez ofrece retorno.
La actriz ha explicado que el guion la atrapó por su mezcla de dureza y ternura, y por la posibilidad de explorar un personaje que “carga con una mochila pesada, pero aún conserva un hilo de vida al que aferrarse”.

Manu Vega, actor y productor, en un papel de intensidad contenida
Para Manu Vega, Las Islas es un proyecto doble: protagonista y productor. El actor ha descrito a Toni como “un personaje con un recorrido impresionante”, un joven que vive en un estado de suspensión emocional y que encuentra en Amparo un espejo inesperado.
Su química con Ana Belén —una dupla “extraña pero muy conectada”, según la crítica— sostiene la película en sus momentos más íntimos y en sus silencios más tensos.
Una historia sobre la soledad en un mundo hiperconectado
Seresesky construye un relato que habla de la soledad contemporánea, del miedo, del paso del tiempo y de la pérdida de identidad. La directora describe la película como “el encuentro de dos volcanes dormidos”, dos personas que han dejado de esperar nada del mundo y que, sin embargo, descubren que aún pueden escucharse, acompañarse y sostenerse.

El hotel, fotografiado con una estética casi fantasmal, funciona como metáfora de ese estado emocional: un lugar suspendido, lleno de ecos, donde el tiempo parece haberse detenido.
Tenerife como territorio emocional y político
Aunque la isla nunca se menciona explícitamente, la película está rodada en localizaciones de Tenerife, y la presencia del mar, del aislamiento y de la inmigración aporta capas adicionales al relato. La cinta incorpora, de manera sutil, la realidad social de las islas y la sensación de frontera física y emocional que atraviesa a sus habitantes.
Las Islas es un drama íntimo con toques de humor negro, pero también un relato sobre la identidad, la memoria y la posibilidad de redención. La crítica la ha descrito como una película “extraña, imperfecta y viva”, con una personalidad que no busca complacer sino acompañar al espectador en un viaje emocional incómodo y bello a la vez.