Los Goya 2026 consagran a ‘Los domingos’ en una gala histórica que devuelve el pulso político, emocional y artístico al cine español

Barcelona volvió a convertirse en capital del cine español veintiséis años después. El Auditori del Centre de Convencions Internacionals, en el Fòrum, acogió una 40ª edición de los Premios Goya que no sólo celebró un año excepcional para la industria, sino que también devolvió a la gala un tono de emoción, reivindicación y espectáculo que […]

Barcelona volvió a convertirse en capital del cine español veintiséis años después. El Auditori del Centre de Convencions Internacionals, en el Fòrum, acogió una 40ª edición de los Premios Goya que no sólo celebró un año excepcional para la industria, sino que también devolvió a la gala un tono de emoción, reivindicación y espectáculo que hacía tiempo no se veía. Desde primera hora de la tarde, la ciudad vibraba con la llegada de intérpretes, directores, técnicos y músicos que, entre flashes y saludos, anticipaban una noche grande.

Alauda Ruiz de Azúa. © GTRES

La alfombra roja, que comenzó a llenarse en torno a las siete y media, marcó el primer pulso de la gala: moda española en todas sus vertientes, desde la sobriedad clásica hasta la experimentación más atrevida. Entre los nombres más fotografiados, Susan Sarandon —Goya Internacional— acaparó la atención con una elegancia contenida que contrastaba con la energía juvenil de las nuevas generaciones del cine español. La expectación era palpable: dos películas llegaban como favoritas absolutas, Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, con trece nominaciones, y Sirât, de Oliver Laxe, con once. Ambas representaban dos sensibilidades distintas, pero igualmente potentes, del cine contemporáneo.

Rigoberta Bandini y Luis Tosar presentaron la gala. © GTRES

Cuando el reloj marcó las diez, Luis Tosar y Rigoberta Bandini aparecieron en escena para inaugurar una gala que combinó humor, música y un ritmo ágil. La pareja funcionó con naturalidad: él, sólido y cercano; ella, irónica, luminosa y con una presencia musical que impregnó toda la ceremonia. La gala avanzó entre actuaciones —Bad Gyal, Belén Aguilera, Dani Fernández, La Casa Azul, Ana Mena, Ángeles Toledano— y discursos que, sin perder la emoción, no esquivaron la actualidad internacional ni la reivindicación de la paz, un clásico en los Goya que este año resonó con especial fuerza.

Miriam Garlo se llevó el Goya a Mejor Actriz Revelación. © GTRES

A medida que se abrían los sobres, el duelo anunciado se confirmó. Los domingos se impuso en las categorías más codiciadas: Mejor Película, Mejor Dirección para Ruiz de Azúa, Mejor Guion Original, Mejor Actriz Protagonista para Patricia López Arnaiz y Mejor Actriz de Reparto para Nagore Aranburu. La película, centrada en una joven de 17 años que decide ingresar en un convento, se convirtió en el gran relato emocional de la noche.

«Flores para Antonio», de Alba Flores y Sílvia Pérez Cruz para Flores para Antonio ganó el Goya a la Mejor Canción Original. © GTRES

Sirât, por su parte, cumplió las expectativas en el terreno técnico y artístico: Mejor Música Original, Mejor Montaje y otros reconocimientos que consolidaron a Oliver Laxe como uno de los cineastas más singulares del panorama europeo. Su cine, contemplativo y radical, encontró en Barcelona un público entregado.

Jose Ramón Soroiz con el Goya al Mejor Actor Protagonista. © GTRES

José Ramon Soroiz se llevó el Goya a Mejor Actor Protagonista por Maspalomas, mientras que Álvaro Cervantes conquistó el de Mejor Actor de Reparto por Sorda, en uno de los discursos más aplaudidos de la noche. La categoría de revelación dejó momentos de emoción pura: Antonio “Toni” Fernández Gabarre recogió el Goya a Mejor Actor Revelación por Ciudad sin sueño, y Miriam Garlo hizo lo propio en el apartado femenino por Sorda, combinando palabra y lengua de signos en un gesto que conmovió a la sala.

Susan Sarandon recibió el Goya Internacional. © GTRES

El homenaje más sentido fue para Gonzalo Suárez, Goya de Honor 2026. Su discurso, mezcla de lucidez, ironía y memoria, recordó la importancia de seguir defendiendo un cine libre, inquieto y profundamente literario. La ovación fue unánime. También lo fue la que recibió Susan Sarandon, cuyo compromiso social y trayectoria internacional fueron reconocidos con el Goya Internacional.

Maria de Medeiro con Gonzalo Suárez, que recibió el Goya de Honor. © GTRES

La gala avanzó sin tropiezos, con un público entregado y una industria que celebraba no sólo a sus ganadores, sino también la diversidad de miradas que han marcado el último año: desde el intimismo de Los domingos hasta la experimentación de Sirât, pasando por la solidez narrativa de La cena, la sensibilidad de Sorda o la ambición visual de Maspalomas. Barcelona, que no acogía los Goya desde finales de los noventa, se convirtió por una noche en un mapa vivo del cine español: plural, arriesgado, emocional y en plena madurez creativa.

Ana Mena durante su actuación en Los Goya. © GTRES

Cuando el último Goya fue entregado y las luces comenzaron a apagarse, quedó la sensación de que esta edición había capturado algo más que un palmarés: había retratado un momento de transición, de impulso y de confianza en una industria que, pese a las dificultades, sigue creciendo, explorando y sorprendiendo. Una noche que, como las mejores películas, dejó imágenes que perdurarán.