La reina Letizia eligió un uniforme de trabajo perfecto para una jornada con acento industrial y artesanal: su visita a las instalaciones de Pedro García en Elda (Alicante), con motivo del centenario de la firma, pedía comodidad real, imagen institucional y, si había margen, un gesto simbólico hacia el calzado español. Y eso fue exactamente lo que construyó con un estilismo que se movió en la liga de la elegancia práctica: piezas fáciles de llevar, tonos serenos y un resultado pulido que funcionó tanto en los saludos oficiales como recorriendo talleres, hormas, pieles y cadenas de montaje.

En lugar de apostar por un traje sastre o un vestido formal —opciones habituales en su agenda—, la Reina se decantó por una combinación de aire “smart casual” muy consciente, ideal para una visita de fábrica: un jersey oscuro (en clave azul marino) que rebajaba la solemnidad sin restar presencia, y una falda midi de cuadros, de estética clásica, que conectaba con esa idea de tradición actualizada que tanto se asocia a las casas centenarias. El juego cromático, lejos de buscar titulares estridentes, reforzaba el mensaje de fondo: una marca con cien años de historia se celebra mejor desde la sobriedad, dejando que la protagonista sea la artesanía.

El guiño más directo —y el más coherente— estuvo en los pies. Letizia apostó por botas negras de la propia firma, una elección lógica tratándose de una visita a una casa de calzado y, a la vez, una forma discreta de “poner en práctica” el motivo del acto. Más allá del simbolismo, el calzado encajaba con el recorrido: tacón razonable, silueta estilizada y un punto de contundencia que equilibraba la feminidad de la falda. Un estilismo pensado para andar, detenerse, escuchar explicaciones y moverse con soltura por distintos espacios sin perder aplomo.

En el terreno beauty, mantuvo su línea habitual de naturalidad controlada: maquillaje favorecedor, luminoso y sin excesos, y un peinado cómodo que no compite con el conjunto. El toque de brillo lo puso la joyería: un collar de eslabones dorados (de estética contemporánea), una pieza poco habitual en su joyero habitual pero que aportó fuerza y actualidad al estilismo, recordando a diseños de alta joyería contemporánea. Lo acompañó con pendientes de aro dorados a juego y su inseparable anillo de la firma Coreterno, un clásico recurrente en sus looks cotidianos y oficiales, que aportó una nota personal y coherente con su estilo depurado. Ese equilibrio —ni demasiado ejecutivo, ni demasiado de invitada— fue clave para que el conjunto funcionara como lo que era: imagen institucional con sensibilidad de contexto.

En una visita que celebraba cien años de oficio, producción local y proyección internacional, el estilismo de la reina Letizia no buscó ser un golpe de efecto, sino un acompañamiento inteligente. Y precisamente por eso resultó tan acertado: porque entendió el escenario, respetó el protagonismo de la firma y, aun así, dejó claro algo que la Reina maneja como pocas figuras públicas en España: la moda también puede ser lenguaje, incluso cuando habla en voz baja.