La reina emérita Sofía reapareció en Las Palmas de Gran Canaria con un look de luto impecable y lleno de significado para recibir el Premio Gorila, un reconocimiento que Loro Parque Fundación concede a personalidades comprometidas con la conservación de la biodiversidad. Su presencia, aplazada semanas atrás por el fallecimiento de su hermana, la princesa Irene de Grecia, se convirtió en un acto cargado de emoción, simbolismo y elegancia sobria.

La emérita, que también ha sido investida doctora honoris causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria durante esta visita, volvió a demostrar que su estilo es un lenguaje propio: discreto, coherente y profundamente respetuoso con el contexto.
Un total look negro que transforma el luto en elegancia
Para esta reaparición institucional, la reina Sofía eligió un conjunto íntegramente negro, fiel al protocolo de duelo que mantiene desde la muerte de su hermana. Sin embargo, lejos de resultar austero, el estilismo estaba lleno de matices.
La pieza central era un abrigo tipo vestido de corte midi, firmado por Escada, confeccionado en un tejido estructurado y enriquecido con incrustaciones lineales de pequeñas lentejuelas que aportaban destellos sutiles al caminar. Ese brillo controlado convertía la prenda en un auténtico “abrigo joya”, capaz de elevar el luto a una categoría estética de elegancia eterna.

Bajo él, la emérita llevaba una blusa negra lisa y un pantalón recto de pinzas, dos básicos que reforzaban la silueta clásica que ha definido su estilo durante décadas. El conjunto transmitía sobriedad, pero también una serenidad solemne acorde con el momento personal que atraviesa. Como calzado, unos salones negros de tacón medio, cómodos y discretos, completaban la base del look.
El bolso vintage de Carolina Herrera: tradición y memoria
Como accesorio principal, la reina Sofía escogió un bolso vintage de Carolina Herrera, una pieza de líneas clásicas que encaja a la perfección con su gusto por los complementos atemporales. El bolso aportaba un toque de artesanía y tradición, reforzando la coherencia del conjunto sin restarle protagonismo al abrigo.

Perlas dobles y joyas con historia
En cuanto a las joyas, la emérita volvió a recurrir a uno de sus sellos más reconocibles: el collar de perlas dobles, una pieza que ilumina el rostro y aporta equilibrio a cualquier estilismo oscuro. Las perlas, asociadas históricamente a la realeza europea, son un recurso habitual en su joyero y una elección que transmite continuidad, serenidad y elegancia clásica. Acompañaban al collar una pulsera discreta y varios anillos finos, todos ellos en la línea minimalista que suele preferir para actos institucionales.
Entre todos los detalles del look, también destacó el broche de la abeja, una pieza histórica de su colección personal que la reina Sofía luce desde los años setenta. El broche, elaborado con diamantes en las alas, perlas en el cuerpo y esmeraldas en los ojos, destaca por su delicadeza y por el simbolismo que encierra.

La elección no fue casual: la emérita ya lo había llevado en uno de los últimos actos públicos a los que asistió junto a su hermana Irene. Su presencia en esta reaparición institucional funciona como un homenaje silencioso, un gesto íntimo que mantiene viva su memoria en un momento especialmente significativo. Pero no fue el único. Doña Sofía lució también un colgante poco convencional. Se trataba de un reloj de bolsillo clásico suspendido de una cadena de oro, que llevaba como si fuera un collar. La pieza tiene un fuerte valor sentimental. En su reverso está grabada una dedicatoria en inglés con un mensaje de amor y agradecimiento fechado en 2002, un obsequio de su hermana, la princesa Irene de Grecia, con quien mantenía una relación muy estrecha.
Más allá de su estética sobria y elegante, la elección de esta joya en actos recientes se interpreta como un gesto íntimo de recuerdo y vínculo familiar, demostrando que, en ocasiones, las piezas más discretas son también las que encierran mayor significado emocional.

Un look que acompaña un mensaje
El Premio Gorila, entregado en el acuario Poema del Mar, reconoce la labor de la reina Sofía en la sensibilización social, la conservación de especies amenazadas y la defensa de ecosistemas vulnerables. Su look, sobrio y cargado de simbolismo, acompañaba ese mensaje sin estridencias: elegancia contenida, respeto por el entorno y un guiño emocional a su historia personal.
En un escenario dominado por la luz azul del tanque oceánico y rodeada de investigadores, conservacionistas y representantes institucionales, la emérita volvió a demostrar que su presencia sigue siendo un referente de coherencia y compromiso.
Su reaparición, marcada por el luto pero también por la serenidad, dejó una imagen poderosa: la de una reina que, incluso en los momentos más difíciles, mantiene intacta su capacidad para comunicar a través de la elegancia.