Cuando el cielo se pone gris y el viento invita más a refugiarse que a terracear, Madrid no se apaga: se traslada bajo techo. El aperitivo sigue siendo sagrado, solo cambia el escenario. Y ahí es donde los mercados municipales se convierten en el mejor plan posible: calor humano, producto fresco y una barra donde pedir un vermut bien tirado sin mirar el parte meteorológico.
La propuesta es clara: reivindicar el mercado como templo castizo del aperitivo. Entre puestos de toda la vida y cocinas que miran al mundo, el ritual se mantiene intacto. Y si en la copa hay un Zarro de grifo, mejor que mejor. Porque pocas cosas resumen mejor el carácter madrileño que ese punto amargo y especiado que abre el apetito y la conversación.

Mercado de Vallehermoso: tradición que sabe reinventarse
El Mercado de Vallehermoso abrió sus puertas en 1933 y ha vivido varias vidas. Del esplendor de los años dorados al declive provocado por supermercados y crisis, hasta su resurrección reciente gracias a placeros resistentes y jóvenes emprendedores con ideas claras.
Hoy es un punto de encuentro vibrante donde conviven puestos clásicos con propuestas contemporáneas. Aquí el aperitivo se alarga sin prisa, especialmente si te acercas a Miga Cana y pides un vermut Zarro de grifo. Refugiarse del frío entre barras llenas y conversaciones cruzadas es uno de esos placeres que explican Madrid mejor que cualquier guía.
Mercado de San Ildefonso: espíritu street bajo techo
En plena calle Fuencarral, el Mercado de San Ildefonso presume de ser el primer Street Food Market vertical del país. Tres plantas donde conviven cocinas asiáticas, mediterráneas o americanas y una energía que nunca descansa.
Aquí el plan es claro: paseo previo por Malasaña o mañana de compras y parada estratégica en la barra central. El vermut entra solo, acompañado de algo informal para picar. Es el aperitivo urbano, dinámico y sin protocolo, perfecto para cuando el clima obliga a buscar techo pero no a renunciar al ambiente.

Mercado de San Antón: Chueca en estado puro
En el corazón de Chueca, el Mercado de San Antón luce imagen renovada desde 2022, aunque su espíritu resistente viene de antes: ni siquiera en los peores momentos bajó la persiana.
Sus tres plantas mezclan puestos tradicionales, propuestas modernas y espacios para showcookings. Tomar un vermut Zarro en Lata Barra, en el Bodegón o en la Pulpería es empezar con aperitivo y acabar, casi sin darte cuenta, en comida larga. Aquí el mal tiempo se olvida rápido entre tapas y buena compañía.
Mercado de Prosperidad: el icono de barrio que marca tendencia
Construido en 1954 y renovado en 2015, el Mercado de Prosperidad es uno de esos lugares donde el barrio late con fuerza. Sus 32 puestos combinan producto fresco con cocinas del mundo y una agenda de eventos que anima cualquier sábado lluvioso.
En su barra central, el vermut vuelve a ser excusa y punto de encuentro. Aquí el aperitivo tiene algo de rutina feliz: caras conocidas, saludos rápidos y esa sensación de comunidad que solo se consigue en mercados con historia.

Mercado Maravillas: el gigante castizo
Diseñado por Pedro Muguruza —autor también del Palacio de la Prensa—, el Mercado Maravillas es el mercado municipal más grande de Europa en superficie. Veinte mil metros cuadrados dan para mucho: desde carnicerías y fruterías hasta tiendas especializadas.
Su nombre proviene de la antigua fábrica de papeles pintados “Las Maravillas”, y hoy sigue haciendo honor a esa denominación. Entre compra y compra, hacerse con una botella en Próximo a Madrid o pedir un vermut en alguno de sus puestos es casi obligatorio. Aquí el aperitivo tiene dimensión épica.
Mercado de la Cebada: historia y arte en cada esquina
Pocos mercados tan reconocibles como el Mercado de la Cebada. Nacido en 1875, reconstruido en 1958 y renovado en 2013, su fachada se ha convertido en lienzo gracias al artista Carlos Rincón y al colectivo Boamistura.
En sus dos plantas conviven puestos de alimentación y negocios especializados que mantienen viva la esencia del barrio. El plan de domingo es sencillo: hacer la compra semanal y terminar en la barra central con un vermut Zarro, celebrando que, llueva o no, el aperitivo en Madrid siempre encuentra su sitio.

Como resume Carlos Muñecas, CEO de Zarro, “el vermut está asociado a momentos de pausa y conexión con la gente que nos rodea, tan necesarios en nuestro día a día. Tomarlo en un mercado con la gente que te importa es una de las mejores formas de hacerlo porque, además, te acerca a la esencia auténtica de Madrid, la misma que embotellamos en Zarro desde 1968”.
Y quizá esa sea la clave: cuando el tiempo no acompaña, el mercado protege. Bajo su techo, el aperitivo sigue siendo ese pequeño ritual que nos recuerda que el mejor plan no depende del sol, sino de la compañía… y de un vermut bien servido.