Comida de Año Nuevo Chino en Biáng Biáng Bar: sabor, tradición y energía en pleno Chueca

Si hay algo que me gusta cuando salgo a comer es sentir que no solo estoy probando un plato, sino entrando en una historia. Eso es exactamente lo que me ocurrió la semana pasada en Biáng Biáng Bar, ese pequeño templo del noodle en pleno Chueca al que siempre apetece volver. Fui a mediodía, casi […]

Si hay algo que me gusta cuando salgo a comer es sentir que no solo estoy probando un plato, sino entrando en una historia. Eso es exactamente lo que me ocurrió la semana pasada en Biáng Biáng Bar, ese pequeño templo del noodle en pleno Chueca al que siempre apetece volver. Fui a mediodía, casi por casualidad —aunque en realidad llevaba tiempo queriendo probar su propuesta especial por el Año Nuevo Chino— y salí con esa sonrisa que solo dejan las comidas memorables.

Con la llegada del Año del Caballo de Fuego, asociado a la energía y los nuevos comienzos, el restaurante ha diseñado dos platos especiales disponibles por tiempo limitado. Ya sabéis que me encanta cuando la cocina tiene intención, cuando detrás de cada receta hay algo más que técnica. Aquí no se trata solo de comer, sino de celebrar desde la mesa.

Biáng Biáng Bar

Nada más sentarme, supe que había elegido bien. Empecé con el rollito de primavera casero relleno de pato confitado, jamón ibérico y bambú. Crujiente por fuera, delicadamente dorado, y con un interior que juega al contraste sin complejos: la melosidad del pato, la intensidad del jamón y ese punto vegetal del bambú que equilibra el conjunto. Es uno de esos bocados que te obligan a cerrar los ojos un segundo. Delicioso se queda corto.

Para acompañar, pedí también la coliflor frita con mayo picante. Y aquí hago un inciso: qué maravilla cuando un ingrediente humilde se convierte en protagonista. Crujiente, sabrosa, con ese punto ligeramente especiado que te invita a repetir. Es adictiva. De esas raciones que empiezas compartiendo y terminas defendiendo con los palillos.

Biáng Biáng Bar

Como plato principal, no podía dejar pasar los noodles anchos caseros con costilla de black angus, huevo revuelto con tomate, patata, zanahoria, cilantro y ajo. Solo con escribirlo vuelvo a tener hambre. Los tallarines, gruesos y elásticos, absorben todo el sabor del conjunto. La costilla, tierna y jugosa, es pura contundencia bien entendida. El huevo con tomate aporta ese punto casero y reconfortante que lo une todo. Es un plato potente, sabroso, pero perfectamente equilibrado. De verdad, estaba DELICIOSO.

Lo que me gusta de Biáng Biáng Bar es que no intenta agradar a todo el mundo con concesiones fáciles. Su cocina es directa, expresiva y con carácter. Óscar, su fundador —nacido en Qingdao y criado entre los fogones familiares— abrió el local en 2019 con la intención de dar a conocer la cocina regional de Xi’an y esos tallarines biáng biáng que son casi un emblema cultural. Y se nota que hay verdad en lo que hacen.

Biáng Biáng Bar

El ambiente acompaña también a esa comida de mediodía que se alarga más de lo previsto. Informal, animado, con ese punto desenfadado que invita a compartir platos y conversación sin mirar el reloj. Se respira celebración, pero también autenticidad. No es un decorado exótico, es un proyecto con raíces y recorrido.

Yo solo puedo decir que fue una de esas comidas que recuerdas durante días. Buen servicio, platos con significado y esa sensación de haber redescubierto un sitio que hace las cosas con intención. Y cuando la cocina tiene intención, se nota.