a alfombra roja de la premiere madrileña de El vestido se convirtió en un ejercicio de estilo inesperado gracias a Belén Rueda, que volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las presencias más magnéticas del cine español. Lejos de los códigos clásicos de gala, la actriz apostó por un look que mezclaba delicadeza satinada y actitud rock, una combinación que, según la prensa especializada, “rompe la alfombra roja y vuelve a colocarla en el centro”.

Un conjunto rosa empolvado que huye del cliché
Rueda eligió un total look en rosa empolvado de inspiración pijamera de The 2nd Skin Co.: una blusa fluida de escote relajado y unos pantalones palazzo satinados con caída amplia. El tejido, con un brillo sutil, aportaba movimiento y una elegancia adulta. El resultado era un rosa sofisticado, luminoso y perfectamente alineado con la estética emocional de la película, que explora vulnerabilidad, memoria y fragilidad.
La biker negra: el golpe maestro
El giro estilístico llegó con la chaqueta biker de cuero negro, bordada con pequeños detalles decorativos. Esta pieza rompía la suavidad del satén y convertía el conjunto en una declaración de fuerza. La prenda funcionaba como una auténtica coraza urbana, capaz de equilibrar en un solo gesto la belleza y la contundencia.
El contraste cuero–seda no sólo funcionaba visualmente: también dialogaba con el tono del filme, un thriller psicológico donde lo delicado convive con lo inquietante.

Calzado plano: comodidad como mensaje
En lugar de recurrir al tacón, Rueda optó por calzado negro plano, una elección que refuerza la tendencia creciente de priorizar la comodidad sin renunciar al estilo. Su elección refuerza una tendencia cada vez más visible en las alfombras rojas: convertir la comodidad en una auténtica declaración de estilo.
Moda al servicio del relato
La elección del look no fue casual. El vestido, dirigida por Jacob Santana, aborda temas como el acoso, la memoria emocional y los fantasmas del pasado, y Belén Rueda decidió vestir un estilismo que dialoga directamente con ese universo. El conjunto en rosa empolvado, suave y casi vulnerable, funciona como una extensión visual de la fragilidad que atraviesa la historia: un color que evoca intimidad, delicadeza y una cierta exposición emocional.
Sobre esa base, la actriz superpone la chaqueta de cuero negra, una pieza de carácter que introduce tensión y contraste. Ese gesto —proteger lo delicado con una capa dura— se convierte en una metáfora clara del relato: la necesidad de blindarse frente a aquello que hiere, de construir una coraza para sobrevivir a lo que no se ve.
El resultado es un look que no solo acompaña la narrativa de la película, sino que la amplifica. Habla de dualidades —fuerza y fragilidad, luz y sombra, vulnerabilidad y resistencia— del mismo modo que lo hace la trama. Un estilismo pensado, con intención, que convierte la alfombra roja en un espacio donde la moda también cuenta la historia.
La película se estrenó el pasado 13 de febrero.