Tallin se rinde al vastlakukkel: el bollo más esperado del invierno estonio

Durante las semanas previas a la Cuaresma, el invierno en Estonia huele a cardamomo, mantequilla y nata recién montada. Es la temporada del vastlakukkel, el bollo más emblemático del Carnaval estonio, una tradición centenaria que convierte panaderías, cafeterías y hogares en pequeños templos del dulce. Este esponjoso bollo aromatizado con cardamomo, coronado con un generoso […]

Durante las semanas previas a la Cuaresma, el invierno en Estonia huele a cardamomo, mantequilla y nata recién montada. Es la temporada del vastlakukkel, el bollo más emblemático del Carnaval estonio, una tradición centenaria que convierte panaderías, cafeterías y hogares en pequeños templos del dulce.

Este esponjoso bollo aromatizado con cardamomo, coronado con un generoso relleno de nata montada o crema, no es solo un postre: es un ritual colectivo que marca el calendario gastronómico del país. Y en su capital, Tallin, la devoción alcanza otro nivel.

Tallinn Bun Fest: una ruta dulce por la capital

Para celebrar esta pasión compartida, la ciudad organiza el Tallinn Bun Fest, un festival invernal que fusiona las costumbres del Carnaval con la vibrante cultura culinaria local. Desde mediados de enero hasta el martes de Carnaval —que este año se celebra el 17 de febrero—, locales y viajeros pueden embarcarse en una auténtica ruta del vastlakukkel.

Más de 40 cafeterías y panaderías participan en el festival, dando lugar a hasta 120 versiones distintas de este icónico bollo. Las propuestas van desde la receta más clásica —masa suave, nata montada y un delicado toque especiado— hasta creaciones sorprendentes con nueces, caramelo, pistacho o mermeladas artesanas. Tampoco faltan opciones veganas, reflejo de la sensibilidad contemporánea que dialoga con la tradición.

El resultado es una experiencia gastronómica que equilibra memoria e innovación, y que invita a descubrir Tallin a través de su repostería.

Del café histórico al museo al aire libre

Durante estas semanas, el vastlakukkel se convierte en protagonista en cada rincón de la ciudad. Lugares emblemáticos como el histórico Café Maiasmokk, la reconocida pastelería Levier o la cafetería del museo Fotografiska se suman a la celebración, ofreciendo sus versiones particulares del bollo.

Pero el festival va más allá del placer dulce. El Museo al Aire Libre de Tallin, que recrea un pueblo rural de los siglos XVIII al XX, completa la experiencia con actividades especiales y juegos tradicionales durante el martes de Carnaval. Es una oportunidad perfecta para entender el contexto cultural de esta tradición mientras se disfruta del postre más esperado del invierno.

Y, como manda la costumbre, no pueden faltar los paseos en trineo. Según la tradición popular, quien consiga deslizarse más lejos tendrá un año próspero. Un deseo que, entre bollos esponjosos y paisajes nevados, parece aún más fácil de creer.

En Tallin, el vastlakukkel no es solo un dulce de temporada: es una invitación a celebrar el invierno con sabor, historia y creatividad.