Los looks de los invitados en la boda de María Eugenia González‑Serna y Juan Molina Ponce: elegancia andaluza en la primera gran boda del año

La boda de María Eugenia González‑Serna y Juan Molina Ponce se convirtió en un auténtico desfile de estilo en Sevilla. La ceremonia en la parroquia de Santa Cruz y la posterior celebración en Hacienda La Soledad reunieron a buena parte de la jet set andaluza, que apostó por looks invernales, tejidos nobles y una paleta […]

La boda de María Eugenia González‑Serna y Juan Molina Ponce se convirtió en un auténtico desfile de estilo en Sevilla. La ceremonia en la parroquia de Santa Cruz y la posterior celebración en Hacienda La Soledad reunieron a buena parte de la jet set andaluza, que apostó por looks invernales, tejidos nobles y una paleta cromática vibrante que marcó tendencia. A continuación, un repaso detallado de los estilismos más comentados.

Lourdes Montes durante la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce en Sevilla. © GTRES

En ‘total look’ amatista de Lourdes Montes

Uno de los estilismos que más atención acaparó fue el de Lourdes Montes. La diseñadora volvió a demostrar por qué es considerada una de las mujeres más elegantes del panorama social andaluz, apostando por un look invernal impecable que combinaba color, estructura y sofisticación con una naturalidad que solo ella sabe transmitir.

Lourdes eligió un conjunto de dos piezas en tono amatista, una gama cromática entre el lila y el púrpura que favorece especialmente en bodas de invierno y que la prensa especializada destacó de inmediato. El estilismo estaba formado por un top largo de crepé de seda, de corte recto y depurado, que caía con elegancia hasta la cadera, y un pantalón palazzo a juego, con la raya marcada y una caída impecable que estiliza la figura y aporta movimiento. Esta elección, alejada del clásico vestido de invitada, reforzó su imagen de mujer moderna, segura y con un criterio estético propio.

La pieza clave del look fue, sin duda, el abrigo largo en lila intenso que Lourdes llevó sobre los hombros. De corte masculino y líneas limpias, aportaba estructura y presencia, además de un contraste cromático muy potente con el amatista del conjunto. Ese juego de tonos dentro de la misma familia creó un efecto color block elegante y contemporáneo, perfecto para una boda celebrada en pleno invierno y en un enclave tan solemne como la parroquia de Santa Cruz.

Lourdes Montes durante la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce en Sevilla. © GTRES

Uno de los detalles más comentados fue la estola de pelo sintético multicolor que Lourdes añadió al estilismo. Con matices en amatista, morado profundo y un toque de burdeos, la pieza aportaba textura, volumen y un guiño festivo que elevaba el conjunto sin restarle sobriedad. La estola, colocada de manera relajada sobre un hombro, introducía un punto de teatralidad muy bien medido, acorde con la estética andaluza de las grandes celebraciones.

En cuanto a los accesorios, Lourdes optó por la discreción inteligente: un bolso de mano gris, perfectamente integrado en la paleta cromática del look, y botines negros, una elección práctica y elegante para las bajas temperaturas del día. Los pendientes largos, delicados y luminosos, aportaban un toque final sin competir con la fuerza del conjunto.

El beauty look acompañó con acierto la propuesta. Lourdes lució la melena suelta con ondas suaves, un peinado natural que aportaba frescura y movimiento, y un maquillaje sutil, centrado en una piel luminosa y una mirada ligeramente marcada. El resultado era equilibrado, favorecedor y fiel a su estilo personal.

En conjunto, el look de Lourdes Montes fue una auténtica lección de estilo invernal: elegante, coherente, arriesgado en la medida justa y absolutamente acorde con el tono de la boda. Su apuesta por el color, la mezcla de texturas y la reinterpretación del protocolo la consolidaron, una vez más, como una de las invitadas más destacadas del enlace y como un referente indiscutible en las bodas del sur.

Lourdes Montes y Francisco Rivera durante la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce en Sevilla. © GTRES

Fran Rivera: elegancia clásica

Fran Rivera apostó por la elegancia clásica del chaqué, un acierto absoluto para una boda de mañana tan solemne como la celebrada en la parroquia de Santa Cruz. El torero lució un chaqué tradicional en tonos grises, con levita larga perfectamente entallada, chaleco a juego y corbata en tono sobrio, un conjunto que encajaba con el protocolo y con el aire distinguido del enlace. El look, impecablemente coordinado, reforzaba su estilo discreto y atemporal, dejando el protagonismo cromático a Lourdes Montes y a su hija Tana Rivera.

A su llegada al templo, Fran proyectaba la imagen de invitado impecable: zapatos de cordones pulidos, camisa blanca de cuello rígido y un porte clásico que encajaba a la perfección con la estética de la boda. Su presencia, junto a la de su familia, fue una de las más fotografiadas de la jornada, consolidando su papel como uno de los referentes de estilo masculino en los grandes eventos sociales del sur.

Cayetana Rivera durante la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce en Sevilla. © GTRES

Tana Rivera: sofisticación bicolor y sello de diseñador

Tana Rivera apostó por un estilismo de Nicolás Montenegro que resume a la perfección la nueva elegancia andaluza: sobria, rica en tejidos y con un punto teatral muy medido. Su look giraba en torno a una gama de marrones profundos, una elección invernal que realza su piel y encaja con la estética solemne de una boda de enero en el casco histórico de Sevilla.

La parte superior del conjunto estaba confeccionada en terciopelo oscuro, con un diseño de líneas envolventes y mangas tipo capa que aportaban movimiento y presencia. Ese terciopelo, denso y luminoso, actuaba como eje del look y marcaba el tono sofisticado del conjunto. Desde la cintura, el estilismo se abría hacia una falda vaporosa en tejido ligero, en un tono topo más suave, que equilibraba el peso visual del terciopelo y aportaba fluidez a cada paso. Como complemento clave, Tana llevaba una capa de terciopelo a juego, que reforzaba la armonía cromática y añadía un aire casi ceremonial. La prenda funcionaba como alternativa elegante al abrigo tradicional y completaba el conjunto con un gesto de dramatismo discreto.

Los accesorios seguían la misma línea de sofisticación contenida. Tana optó por un bolso artesanal en tono chocolate, de textura trenzada, que introducía un contraste táctil sin romper la paleta. En los pies, unas sandalias negras de plataforma aportaban altura y un toque contemporáneo. Las joyas doradas, especialmente los pendientes de diseño retro, iluminaban el rostro sin competir con el vestido. El beauty look acompañaba con precisión: coleta baja pulida, raya central y un maquillaje natural en tonos tierra que reforzaba la armonía del conjunto. El resultado era un look coherente, elegante y muy personal, que consolidó a Tana como una de las invitadas más destacadas del enlace.

Juan Molina y su madre durante su boda con María Eugenia González-Serna. © GTRES

El look de la madrina: azul real, volumen y una estola negra

La madrina llegó a la parroquia de Santa Cruz con un estilismo que combinaba tradición, presencia y un punto de teatralidad muy propio de las grandes bodas sevillanas. Su vestido azul real, de un tono vibrante y luminoso, destacaba desde el primer momento por el tejido brocado con motivos florales, que aportaba textura y profundidad sin necesidad de adornos adicionales. El diseño, de falda amplia con tablas marcadas, tenía ese volumen solemne que funciona tan bien en ceremonias de mañana, mientras que el cuerpo con cuello camisero alzado introducía un guiño contemporáneo que actualizaba la silueta clásica.

Para protegerse del frío y elevar aún más el conjunto, la madrina añadió una estola de pelo negro, envolvente y suave, que creaba un contraste elegante entre la riqueza del brocado azul y la densidad del pelo. Ese juego de texturas —brillo contenido frente a acabado mate— aportaba sofisticación y reforzaba la presencia del look en un entorno tan monumental como la entrada del templo.

El conjunto se completaba con pendientes discretos, un bolso coordinado y un porte impecable que hacía que el vestido luciera en todo su esplendor. El resultado era un estilismo rotundo, ceremonial y perfectamente alineado con el papel protagonista de la madrina en una de las bodas más comentadas del año.

Magdalena Lirola durante la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce en Sevilla. © GTRES

Magdalena Lirola, madre de la novia, abrigo oriental en fucsia

La madre de la novia, Magdalena Lirola, llegó a la parroquia de Santa Cruz con uno de los estilismos más potentes y personales de la boda. Su elección fue un abrigo en tono magenta intenso, una pieza larga y estructurada que destacaba por los bordados dorados que recorrían el delantero, los puños y los hombros. El contraste entre el color vibrante y la ornamentación metálica aportaba un aire solemne, casi ceremonial, que encajaba a la perfección con la magnitud del enlace.

Bajo el abrigo, llevaba un vestido negro de línea sencilla, que actuaba como base neutra para que el abrigo bordado asumiera todo el protagonismo visual. La combinación de ambos tonos —magenta y negro— reforzaba la elegancia del conjunto y aportaba profundidad al look.

Como complemento principal, Magdalena Lirola optó por un tocado negro con velo, una pieza de inspiración clásica que enmarcaba el rostro y añadía un toque de sofisticación. El tocado, ligeramente ladeado, equilibraba la fuerza del abrigo y aportaba altura y presencia. Completó el estilismo con zapatos negros de tacón y un bolso coordinado, manteniendo la coherencia cromática. El resultado fue un look rotundo, elegante y con carácter propio, que combinaba tradición, color y un punto aristocrático muy acorde con el escenario monumental de la boda.

Magdalena González-Serna y su madre Magdalena Lirola durante la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce en Sevilla. © GTRES

Magdalena González Serna: gris y malva

La hermana de la novia apostó por un look elegante y muy actual, construido a partir de una paleta suave y un juego de texturas que funcionaba especialmente bien en un evento de día. Llevaba un vestido gris claro, de corte fluido y manga larga, que se adaptaba con naturalidad a su silueta y dejaba ver su embarazo con una delicadeza impecable. El tejido, con caída suave, aportaba movimiento y una presencia discreta pero muy cuidada.

Sobre el vestido, sumó un abrigo en tono malva, de textura rica y ligeramente satinada, que elevaba el conjunto y aportaba profundidad cromática. La combinación del gris con el malva creaba un contraste suave, elegante y muy fotogénico. Completó el look con unas sandalias negras de tacón fino, que estilizan sin restar ligereza, y un clutch estampado en tonos morados y blancos, que añadía un punto de interés visual sin romper la armonía general.

En cuanto a los accesorios, optó por pendientes largos y dorados, que iluminaban el rostro y aportaban un toque sofisticado. El resultado era un estilismo equilibrado, femenino y perfectamente adecuado para una boda de invierno en Sevilla.

Un desfile que inaugura la temporada nupcial

La boda de María Eugenia González‑Serna y Juan Molina Ponce no solo fue un acontecimiento social, sino también una pasarela real que marcó el inicio de la temporada de bodas 2026. Los medios coinciden: hubo elegancia, riesgo controlado, tradición y mucha personalidad.