El segundo programa de la nueva temporada de Lo de Évole ofreció uno de los testimonios más íntimos y esperados: el de Ana Villa, exmujer de Antonio Flores y madre de Alba Flores. En un encuentro cargado de memoria y emoción, Villa habló con Jordi Évole sobre el impacto que ha tenido en su vida —y en la de toda la familia— el proceso de creación de Flores para Antonio, el documental dirigido por su hija.

El episodio arranca en el Rastro de Madrid, donde Alba Flores recorre con Évole los lugares que marcaron su infancia. Allí se produce el reencuentro con Ana Villa, que aparece por primera vez en el programa para aportar una mirada discreta pero decisiva. Lejos de los focos durante décadas, Villa reconoce que este viaje al pasado ha removido heridas profundas: “Ha sido muy duro para Lolita, para Rosario y para mí”, confiesa, aludiendo al peso emocional que ha supuesto revivir la figura de Antonio Flores desde lo íntimo.
En la conversación, Villa explica cómo, pese a haberse separado de Antonio antes de su muerte, mantuvieron una relación cercana y familiar: viajaban juntos con Alba, compartían rutinas y seguían intentando recomponer su historia. “Yo estaba enamorada de él. Yo quería haber seguido con él”, recuerda, dejando entrever la complejidad afectiva que marcó su vínculo.
Su papel en el legado de Antonio Flores
El programa también subraya el papel fundamental que Ana Villa ha tenido en la preservación del legado artístico de Antonio Flores. Alba lo expresa con claridad: su madre no sólo la cuidó a ella, sino que cuidó cada canción, cada recuerdo, cada fragmento de la memoria del artista. Ese reconocimiento, tantas veces invisible, adquiere en Lo de Évole una dimensión pública y necesaria.
La intervención de Ana Villa se convierte así en uno de los momentos más reveladores del episodio: un testimonio honesto, sin artificios, que ilumina la historia emocional de una de las familias más icónicas de la cultura española.