Pocas veces un destino reúne tantos elementos de asombro como Socotra, el remoto archipiélago yemení situado entre el mar Arábigo y el golfo de Adén. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su biodiversidad única, este territorio aislado durante millones de años se ha convertido en uno de los lugares más singulares del planeta y, al mismo tiempo, en un enclave frágil cuya conservación es prioritaria.

Un archipiélago detenido en el tiempo
Socotra está formado por cuatro islas principales —Socotra, Abd al Kuri, Samhah y Darsah— y varios islotes rocosos que se extienden a lo largo de unos 250 kilómetros en pleno océano Índico. Su ubicación, a unos 350 kilómetros de la costa de Yemen y frente al Cuerno de África, ha favorecido un aislamiento geológico que explica su extraordinaria riqueza natural.
Con una población aproximada de 60.000 habitantes, los socotríes mantienen una identidad cultural propia y un idioma ancestral, el socotrí, que no se habla en ningún otro lugar del mundo.
Un laboratorio natural único
La Unesco reconoce Socotra como uno de los ecosistemas más excepcionales del planeta. Las cifras hablan por sí solas: el 37% de sus 825 especies de plantas son endémicas; el 90% de los reptiles y 95% de los caracoles terrestres sólo existen aquí; alberga 192 especies de aves, muchas de ellas migratorias y algunas amenazadas. Y sus aguas cuentan con 253 especies de corales, 730 de peces costeros y 300 de crustáceos.
Entre su flora más icónica destaca el árbol de sangre de dragón (Dracaena cinnabari), una especie milenaria con forma de paraguas que parece salida de un mundo fantástico.
Paisajes que parecen de otro planeta
El visitante que llega a Socotra descubre un mosaico de escenarios irrepetibles: mesetas áridas coronadas por árboles de sangre de dragón; montañas escarpadas como los montes Haghier, que alcanzan los 1.500 metros de altitud; playas vírgenes de arena blanca bañadas por aguas turquesas, cañones y wadis donde crecen plantas imposibles y dunas móviles que cambian de forma con el viento monzónico.
Este contraste de ecosistemas convierte a la isla en un destino ideal para viajeros que buscan naturaleza pura, trekking, observación de fauna o simplemente desconexión absoluta.
Un destino remoto, complejo y que necesita protección
A pesar de su atractivo, Socotra no es un destino de fácil acceso. La inestabilidad política de Yemen y los recientes conflictos en el continente han afectado a la conectividad aérea, provocando incluso que cientos de turistas quedaran varados en la isla tras la suspensión de vuelos en diciembre de 2025.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español desaconseja viajar a Yemen en cualquier circunstancia, incluida Socotra, debido a la situación del país y a las limitaciones de asistencia consular.
El aumento del turismo, el cambio climático y la presión humana amenazan la delicada biodiversidad de Socotra. La Unesco y diversas organizaciones internacionales trabajan para preservar este ecosistema único, considerado uno de los más vulnerables del planeta.
Un destino para soñar
Socotra es, ante todo, un recordatorio de la capacidad de la naturaleza para crear mundos extraordinarios cuando el tiempo y el aislamiento actúan en silencio. Para los amantes de los viajes, representa un sueño: un lugar donde la vida ha evolucionado a su propio ritmo y donde cada rincón revela una historia que no se repite en ningún otro punto del planeta.
Un paraíso remoto, frágil y fascinante que, incluso desde la distancia, invita a imaginar.