Una ola de indignación ha sacudido el mundo del cine español tras conocerse que el director británico Christopher Nolan está rodando escenas de su nueva película La Odisea en la ciudad de Dajla, ubicada en el Sáhara Occidental, territorio ocupado por Marruecos. A través de un manifiesto impulsado por el Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara), más de un centenar de actores, cineastas, músicos y activistas han pedido públicamente que se detenga la producción en esa zona por considerar que vulnera los derechos del pueblo saharaui.

Entre los firmantes se encuentran figuras destacadas del cine español como Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Luis Tosar, Rodrigo Sorogoyen, Icíar Bollaín, Aitana Sánchez-Gijón, Carolina Yuste, Fernando Colomo, Juan Diego Botto, Nathalie Poza, Itziar Ituño y Javier Gutiérrez, entre otros. Todos ellos denuncian que Nolan y su equipo han filmado en Dajla “sin el consentimiento del pueblo saharaui”, y que el único permiso recibido proviene de “la fuerza ocupante: Marruecos”.
El manifiesto subraya que Dajla no es sólo un paisaje cinematográfico, sino “una ciudad ocupada y militarizada cuya población autóctona saharaui está sometida a una brutal represión”. Por ello, los firmantes instan al director de Interstellar y Oppenheimer a “romper su silencio” y reconocer públicamente que no deberían haber rodado en ese territorio.
Dajla, un escaparate turístico
Además, se invita al equipo de La Odisea, incluidos los protagonistas Matt Damon y Zendaya, a asistir a la próxima edición del FiSahara, “alojándose con una familia saharaui, viendo películas en el desierto y presenciando la realidad del pueblo saharaui bajo ocupación”. El objetivo es que puedan conocer de primera mano las consecuencias de filmar en una zona donde los propios saharauis no tienen libertad para contar sus historias.
El texto también denuncia que Marruecos ha convertido Dajla en un escaparate turístico y cultural para maquillar la ocupación, con festivales, conferencias y proyectos de energía renovable que, según los firmantes, buscan “normalizar la represión” y “vender una imagen falsa al mundo exterior”.
El cine, como altavoz
Desde el FiSahara, su directora ejecutiva María Carrión ha declarado que “el cine puede ser un altavoz para denunciar injusticias, pero también puede convertirse en cómplice si no se actúa con responsabilidad”. Por eso, el festival exige que las escenas rodadas en Dajla no se incluyan en el montaje final de la película y que se obtenga el consentimiento explícito del pueblo saharaui para cualquier uso de imágenes del territorio.
Hasta el momento, ni Christopher Nolan ni Universal Pictures han emitido declaraciones oficiales sobre la polémica. El único pronunciamiento ha venido del Ministerio de Cultura de Marruecos, que ha celebrado la elección de Dajla como escenario de rodaje, considerándolo una oportunidad para atraer futuras producciones internacionales.
La responsabilidad ética de las producciones cinematográficas
La controversia ha reabierto el debate sobre el papel del cine en contextos políticos sensibles y sobre la responsabilidad ética de las grandes producciones. Para muchos, el silencio del equipo de La Odisea representa una oportunidad perdida para visibilizar la lucha del pueblo saharaui por su autodeterminación.
Mientras tanto, el manifiesto sigue sumando adhesiones y se ha convertido en una llamada global a la industria cinematográfica para que no ignore las realidades geopolíticas de los lugares donde decide contar sus historias.